lunes, 2 de junio de 2014

GOLDACRE: "MALA CIENCIA"





Ben Goldacre
Mala ciencia
(Bad Science)
Traducción de Albino Santos Mosquera
Año de publicación: 2008
Edición: Paidós Ibérica, 2011

Nos encontramos ante una obra cuya lectura bien podríamos recomendar a todo el mundo, ya que más allá del interés en el plano teórico que cada cual pueda sentir al respecto de las cuestiones en ella tratadas, suscita también un interés práctico acerca de un asunto, el de la salud y las terapias médicas (o pseudomédicas, como veremos), que, sin duda, incumbe a cualquier individuo.
Su autor, Ben Goldacre, médico especializado en epidemiología y divulgador científico, mantiene desde hace más de una década una columna en el diario británico The Guardian con el mismo título del libro que nos ocupa, la cual supone el antecedente de éste. A través de la misma ha desarrollado la tarea de combatir contra la actividad pseudocientífica en el área de la salud (localizable principalmente, aunque no siempre ni necesariamente, en el mundo de las conocidas como “terapias alternativas”). Al hilo de semejante “activismo” y por extensión, Goldacre realiza una valiosa labor en lo que se refiere a prevenir al público no especializado contra las pseudociencias y el pensamiento irracional en general, al mismo tiempo (inevitable una cosa sin la otra) que de divulgación del método científico.
Como hemos dicho, Mala ciencia (el libro) recoge el espíritu y las intenciones de la actividad periodística que anteriormente venía llevando a cabo Goldacre, e igualmente compendia buena parte de los temas y casos particulares ya previamente tratados por su autor. Ya en su introducción se deja bien patente el objetivo principal del libro: contribuir a solventar esa ignorancia científica que convierte a buena parte de la ciudadanía en susceptible de incurrir en lo irracional y, en consecuencia, en posible víctima de engaños de todo pelaje, problema que tantos han detectado y denunciado (ya desde, por ejemplo, Carl Sagan en su El mundo y sus demonios, por hacer referencia a un auténtico clásico dentro de la categoría bibliográfica en la que también podríamos inscribir la obra de Goldacre). Sólo sabiendo qué es científico podremos precavernos ante lo que no lo es, del mismo modo que, mutatis mutandis, saber qué no es científico se constituye en una excelente vía de aproximación al entendimiento de lo que es la auténtica ciencia (o un modo de “enseñar buena ciencia examinando la mala”, en palabras del propio autor).
Así, a lo largo de los diversos capítulos se van recorriendo numerosos ejemplos de pseudomedicina o medicina no basada en la evidencia, todos ellos con mayor o menor impacto social (puesto que son éstos contra los que es necesario alertar): los productos desintoxicantes (cap. 1), la conocida como “gimnasia cerebral” (cap. 2), los productos cosméticos “milagrosos” (cap. 3), la homeopatía en cuanto “contramodelo perfecto para enseñar lo que es la medicina basada en la evidencia empírica” (cap. 4), el nutricionismo (caps. 6 a 10), el abuso de la medicalización (cap. 8), las alarmas sanitarias injustificadas cuyo paradigma encontraríamos en el bulo sobre la vacuna triple vírica (caps. 15 y 16),...
Contra todo lo anterior arremete Goldacre (en ocasiones situando en su punto de mira a nombres propios como los de algunos nutricionistas de gran éxito mediático) delatando la ausencia de evidencia empírica, los defectos metodológicos en la experimentación y otros errores en que incurren los promotores y partidarios de semejantes fenómenos. De manera paralela y cumpliendo con esa intención de “enseñar buena ciencia” desde el cuestionamiento de lo que no se puede considerar tal, se ofrece una buena cantidad de información acerca de la metodología científica y de los requisitos y características de una medicina empírica, que sirve para mostrarnos qué hemos de exigirle a una afirmación, teoría o terapia para ser considerada científicamente aceptable (es decir, con un grado de veracidad suficiente). Estos apuntes son abundantes y salpican todo el libro, en ocasiones de manera un tanto asistemática, lo cual resulta por otra parte comprensible en tanto que se presentan siempre con ocasión de cada uno de los fenómenos pseudocientíficos criticados. Así, encontramos lecciones que van desde la exposición más básica y general del método experimental y de su importancia y valor (en el primer capítulo) hasta la clarificación de nociones como las de grupo de control, doble ciego, efecto placebo (al que se dedica un capítulo en exclusiva, el quinto, dada su relevancia para explicar el “funcionamiento” de las terapias alternativas), aleatorización de la muestra, metaanálisis y revisión sistemática,... o la importancia de la publicación de las investigaciones con su correspondiente revisión por pares y la posibilidad de su replicabilidad. Esto es, todos aquellos elementos que se constituyen en garantía de la validez y fiabilidad de los conocimientos que nos aporta la ciencia y que sin embargo, como el autor muestra, se encuentran ausentes en el mundo de las terapias alternativas, lo cual justifica que se pueda aplicar a éstas el calificativo de “mala ciencia”. Frente a ello, se delatan los rasgos comunes de las distintas pseudociencias, como la ausencia de confirmación experimental, el uso espurio del lenguaje científico o su rechazo endogámico y agresivo ante cualquier cuestionamiento y crítica de sus métodos y tesis (elemento que, por tan alejado de una auténtica actitud indagadora de la verdad, ya debería ser suficiente por sí mismo para levantar sospechas).
Por otra parte, se dedican dos capítulos a tratar de modo más específico esas cuestiones metodológicas y epistemológicas, centrados respectivamente en los sesgos cognitivos más habituales y en la mala comprensión de los resultados estadísticos, dos factores que pueden convertir incluso al más avisado en proclive a la aceptación de ideas irracionales.
Buena parte del texto, en su segunda parte, se dedica al problema del tratamiento recibido por la ciencia en los medios de comunicación (de manera específica en el cap. 12, y al hilo de otros temas en los caps. 14 y 16, prestándose también una especial atención a la cuestión en el epílogo), al que el autor otorga, por lo tanto, una especial importancia. La razón es que en la mayor parte de los casos son los medios la única vía de comunicación entre el mundo científico académico y el gran público (el cual, comprensiblemente, no lee papers). De tal modo que en ellos recae la responsabilidad de que el ciudadano de a pie posea una buena o mala comprensión de la ciencia, así como de su consecuente grado de aceptación de supuestos descubrimientos científicos falaces. El autor denuncia largo y tendido lo defectuoso del reflejo de la ciencia en los medios, identificando causas de este hecho que van desde la ignorancia sobre el tema de sus responsables hasta el caso de su utilización como plataforma publicitaria, pasando por la necesidad de presentar historias atractivas y espectaculares que no se encuentran en el discreto proceder de la auténtica ciencia (“la ciencia misma funciona mal como noticia”).
Difícilmente se nos ocurren pegas que poner a esta obra: de lectura extremadamente amena y accesible para el gran público a quien va dirigida (Goldacre resulta un buen divulgador científico, cualidad que no es tan fácil de poseer), recorriendo un buen número de temas y con un autor que demuestra un dominio sobrado de lo tratado y presenta suficientes argumentos como para resultar convincente. A este respecto, no podemos dejar de mencionar la salvaguarda que encontramos ante uno de los “argumentos” habituales de los defensores de las medicinas alternativas ante sus críticos: esa simplista y conspiranoica acusación de que se encuentran “a sueldo” de la industria farmacéutica, pues Goldacre no salva de la quema ni siquiera a ésta, a la que dedica no sólo un capítulo específico de este libro sino también su libro posterior, Bad Pharma (2012). En definitiva, cumple muy bien su objetivo declarado de proveer al lector de herramientas para ejercer un pensamiento crítico ante lo pseudocientífico. Sin duda, merece ocupar su lugar en la biblioteca escéptica junto a otros títulos emblemáticos como los de Shermer, Gardner, Park, Randi, el ya mentado Sagan o tantos otros que han hecho causa de la lucha contra la irracionalidad y la pseudociencia.
Haciendo el esfuerzo de encontrarle algún defecto, quizás podríamos referirnos a esa cierta falta de sistematicidad a la que ya aludimos en algún momento de nuestro comentario. Nos referimos al hecho de que se vayan intercalando en una exposición en paralelo elementos diversos como la narración de casos, las explicaciones sobre la metodología científica, el papel de los medios de comunicación o los rasgos generales de la pseudociencia (lo que incluso lleva a incurrir, en ocasiones, en ciertas reiteraciones). No obstante, apreciamos al mismo tiempo que otro tipo de estructura y desarrollo no hubieran sido acordes con las intenciones del libro, convirtiéndolo en un “manual” de lectura menos atractiva para el lego. Por lo tanto, quizás no se trate tanto de un auténtico defecto como de una dificultad añadida para quien ha de realizar una reseña sobre el libro, que se ve obligado a ordenar toda esa información presentada de manera dispersa a lo largo del texto, pero, obviamente, el autor debe tener en mente al lector, no al redactor de reseñas.
Página web de Ben Goldacre: www.badscience.net

jueves, 22 de mayo de 2014

ONFRAY Y LE ROY: “NIETZSCHE”







Michel Onfray y Maximilien Le Roy.
Nietzsche
(Nietzsche: Se Créer Liberté).
Traducción de Elena Martínez.
Año de publicación: 2011.
Edición: Sexto Piso, Madrid, 2012.



En su momento ya dedicamos una entrada al hermanamiento entre cómic y filosofía, a propósito de unos cuantos productos editoriales que coincidían en la pretensión de hacer accesible nuestra disciplina al público a través de un género, el de la historia gráfica, popular por definición. La misma intención poseen los autores de la obra que aquí reseñamos: “sacar la filosofía del gueto” (en palabras de Michel Onfray, uno de esos autores).
 
Michel Onfray... versión cómic, por supuesto

Nos encontramos con un volumen que tiene como protagonista al pensador Friedrich Nietzsche. Su guionista es el ya mencionado Onfray, uno de los filósofos más destacados de la actualidad y nietzscheano a ultranza (siempre teniendo en cuenta que ser nietzscheano, como el mismo Onfray y tantos otros han repetido a menudo, no consiste en pensar como Nietzsche sino en pensar a partir de Nietzsche). El germen de esta obra se encuentra en su libro La inocencia del devenir (Gedisa, 2009), biografía del alemán en forma de guión cinematográfico que finalmente alcanzaría su plasmación en imágenes, si no en una pantalla, sí en ese “cine de los pobres” (el dibujante Maximilien Le Roy dixit) que es la novela gráfica (siempre tebeo, para los españoles que somos de cierta generación). Hemos de puntualizar que no hemos leído el susodicho libro, por lo que no podremos realizar una comparación entre el mismo y su adaptación al cómic que sin duda enriquecería esta reseña, ni volveremos a hacer referencia a él a partir de ahora.

Maximilien Le Roy... ese señor con pinta de haber hecho un cómic sobre Nietzsche

Otra advertencia que procede realizar es que, aunque aficionados al género, ni somos especialistas en el mismo ni mucho menos nos sentimos capacitados para ejercer de críticos, por lo que prescindiremos de la alusión a aspectos (gráficos, semióticos,...) a los que sin duda también sería interesante atender.

Dicho todo lo anterior, ¿qué nos encontramos en Nietzsche? No debemos acudir a este libro, desde luego, buscando una exposición divulgativa de su filosofía, aunque quizás alguien pueda pensar en un primer momento que consiste en “ese tipo” de obra. Se trata, como ya hemos dicho, de un relato biográfico, en el que por supuesto encontramos retazos del pensamiento de su protagonista, que se desarrolla en una sucesión de retratos de determinados momentos significativos de la vida de Nietzsche; algo así como los hitos de su existencia. Así, se va saltando de una a otra de esas estampas (no ocupando muchas de ellas más de una, dos o tres páginas) en orden cronológico, siempre con el respectivo encabezamiento que sitúa en fecha y lugar.

A modo de prólogo, arranca de manera algo tópica y previsible con las imágenes del Nietzsche enajenado y convaleciente de sus últimos años (tomadas, obviamente, de las famosas fotografías que todos conocemos). Pasa después a recorrer distintos momentos de su infancia que nos aproximan a su entorno familiar y a los acontecimientos vitales que marcarían tanto su personalidad como (¿acaso no es lo mismo?) su filosofía: escuchando a su padre tocar el piano ya en la cuna, primer contacto con  algo que después sería tan importante para él como la música; la muerte de su hermano Joseph, la atracción por los antiguos ya en su época escolar en Pforta,... Más tarde, el descubrimiento de Schopenhauer, la relación con Wagner, su nombramiento como precoz profesor en la Universidad de Basilea, su retiro en diversos puntos de Europa, con su tiempo austeramente repartido entre el estudio y la escritura y los paseos por los bosques...

Desfilan, por supuesto, los personajes fundamentales en su trayectoria vital: su hermana Elizabeth, Peter Gast, Cosima Wagner, Paul Rée, Lou Andreas-Salomé,... o el mismísimo Zaratustra, en forma de una visión que asalta al protagonista mientras camina entre las montañas de Sils-Maria. Salpicando aquí y allá, algunos retazos de su filosofía: la muerte de Dios, la voluntad de poder, el eterno retorno... Aunque, como ya dijimos, en ningún momento en forma de una exposición con pretensiones de la más mínima profundización ni aclaración de tipo didáctico. Y, finalmente, por supuesto, su decadencia, con el famoso episodio del caballo como un momento en que los autores se recrean especialmente o su enclaustramiento primero al cuidado de su madre y después de su hermana. El libro dedica no sólo las últimas páginas sino también un epílogo en texto a aclarar el hecho de que fue Elizabeth, la hermana, quien, manipulando el legado del filósofo, generó el malentendido tanto tiempo mantenido de Nietzsche como un pensador afín al nazismo o precursor de éste.

La lectura de este volumen nos ha dejado una duda, y es la referida a qué, cómo y cuánto entendería alguien que no posea un conocimiento previo de los personajes, hechos e ideas que en él aparecen, pues muchos de los episodios narrados pueden resultar, desde esa situación, sumamente crípticos. Si ello es o no un defecto dependería fundamentalmente de cuáles eran las intenciones de los autores. Si nos ceñimos al resultado, es claro que éste no es en absoluto un texto apropiado para una primera (y casi nos atreveríamos a decir que ni siquiera una “segunda”) aproximación a Nietzsche. Pero como cada lector hace su propia lectura, al que suscribe, que sí disponía de las claves interpretativas apropiadas, le ha gustado. Veredicto final, entonces: muy recomendable para quien ya esté familiarizado tanto con el pensamiento de Nietzsche como con sus avatares vitales. Para quien no se encuentre en ese caso, pues... no sé.


"¡Yo no creería sino en un dios que supiese bailar!"


martes, 4 de febrero de 2014

FANTASÍAS

 

"La filosofía parece ocuparse sólo de la verdad, pero quizá no diga más que fantasías, y la literatura parece ocuparse sólo de fantasías, pero quizá diga la verdad."

                                                                                          (Antonio Tabucchi en Sostiene Pereira)




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