jueves, 25 de abril de 2013

EN DEFENSA DEL OBISPO REIG



La conjura de los necios no cesa. A lo largo de la historia de la humanidad, en cada ocasión en que algún individuo, haciendo alarde de una especial clarividencia, ha elevado su mirada sobre la del común de los mortales para apreciar aspectos del mundo que a los demás nos resultan vetados, afloran las reacciones en contra del más variado cariz, desde la burla a la persecución. Sin embargo, han sido esos sabios tenidos por locos quienes han impulsado la Historia, beneficiando al resto de los mortales incluso a pesar de éstos.
    La última víctima de este indignante fenómeno la encontramos en Juan Antonio Reig Plà, obispo de Alcalá. No es la primera vez que nuestro protagonista nos admira con su sobresaliente lucidez; recordemos su acertado análisis de esa tara que es la homosexualidad: "Piensan desde niños que tienen atracción hacia personas de su mismo sexo y, a veces, para comprobarlo se corrompen y se prostituyen o van a clubes de hombres nocturnos. Os aseguro que encuentran el infierno". Así que alejaos de los clubes de "hombres nocturnos", niños, que donde esté un hombre diurno como Dios manda... No haremos suposiciones acerca del procedimiento seguido por monseñor para estar tan seguro de lo que en tales clubes uno se puede encontrar, por guardar discreción sobre su metodología de trabajo de campo.

Pero en esta ocasión el obispo se ha superado, pues él ha sido el primero en descubrir una perfectamente orquestada conspiración a nivel mundial para la reducción de la población humana, de la que es herramienta principal la ignominiosa práctica del aborto. Extraordinariamente capacitado para detectar ciertas señales que la esquiva realidad nos envía pero a las que la mayoría de nosotros somos ciegos, Reig nos ha desvelado la existencia de este contubernio protagonizado por partidos políticos, sindicatos, universidades, ONG's, el Parlamento Europeo y la mismísima ONU, todos los cuales erigen, en palabras del propio obispo, "un gran aparato" (ejem, ahórrense el chiste fácil, por favor) para la defensa de la criminal práctica con un único objetivo: que no lleguen al mundo más niñitos y así haya menos entre los que repartir el pastel (o las chuches, que sería un símil más apropiado en este caso).
    Hoy os reís de él, mañana os daréis cuenta de que le debéis una disculpa y el más fervosoro agradecimiento. Por lo tanto, le animamos a que no ceje en su lucha por mostrar la verdad ante quienes hacen oídos sordos y no permita que su ánimo resulte erosionado por las pullas de sus opositores. Máxime teniendo en cuenta que, aun cuando muchas de éstas procederán de un escepticismo basado en el prejuicio y la ignorancia (tan atrevida ella), en otros y no pocos casos vienen precisamente de quienes respaldan la conspiración denunciada, los cuales fomentan de ese modo una campaña de desprestigio de quien acertadamente y a buen seguro de manera tan inesperada para ellos les ha señalado con el dedo.

No obstante, hemos de hacer notar que en la ecuación formulada por el obispo se encuentra ausente un elemento esencial. Y es ni más ni menos que quien encabeza esa guerra contra el aumento de la población es (agárrense los machos)... ¡la Iglesia Católica, Apostólica y Romana! Aunque no podía ser de otra manera, en tanto que esta institución, desde su nacimiento, se ha encontrado tras la urdimbre de buena parte de las tramas que han conmocionado la marcha de nuestro mundo (en otra ocasión hablaré, no es ahora el momento, sobre mi hipótesis acerca del asesinato de Kennedy, porque esas fotografías aéreas del desierto de Arizona donde se aprecia claramente lo que sería un campo de entrenamiento de tiro por el que deambulan unas monjas con el emblema de la CIA en sus hábitos dan mucho que pensar). Y se preguntarán ustedes en qué nos basamos para afirmar tal cosa. ¡Ah, ingenuos! ¿Qué mejor estrategia para frenar el crecimiento demográfico que la imposición del celibato a todos los miembros de la institución, los cuales suman millones desde la creación de esta norma? Piénselo el lector: cuántos óvulos desperdiciados entre los muros de los conventos, cuántos espermatozoides arrojados por el sumidero de una vicaría envueltos en un kleenex. Por no hablar de esas prácticas sodomitas reproductivamente infructuosas que, como sabemos, han constituido asignatura obligatoria (y posiblemente evaluable; cuánto te queda por aprender, Wert) en numerosos colegios católicos.
    Quizás ahora comprendan por qué nos posicionamos a favor de nuestro bienamado obispo, manifestación que a todas luces les sorprendería al comienzo de la lectura de estas líneas dado nuestro conocido afán anticlerical: porque él es uno de los nuestros, queridos amigos. Y si se encuentra dentro de la Iglesia no es sino como un temerario quintacolumnista que tarde o temprano hallará las necesarias pruebas incriminatorias (algún documento oculto en un recóndito archivo del Vaticano tiene que haber, no me jodas). Palabrita del Niño Jesús.

A Reig le hacen palmas las orejas, como se suele decir, por su alegría tras desenmascarar la nefanda conspiración.



























Y esta es una foto que también aparece cuando introduces las palabras "reig pla" en Google (compruébalo tú mismo si no me crees, hombre de poca fe). El porqué es para nosotros un misterio, pero hemos optado por incluirla aquí como un documento de indiscutible interés.

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