miércoles, 16 de enero de 2013

HEMEROTECA POR LA FILOSOFÍA (3): JUAN NAVARRO, "EDUCAR SIN ÉTICA NI ESTÉTICA"



"Educar sin ética ni estética"
Juan Navarro de San Pío
Publicado en "Información" el 16 de enero de 2013




El proyecto de la LOMCE (Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa) ha presentado ya dos borradores, sin consenso social ni político. La futura ley se fundamenta en valores mercantilistas y competitivos: crear una escuela a la medida de las necesidades del mercado. El espíritu de la LOMCE coincide con el planteamiento de la Constitución Europea, donde la educación forma parte de los llamados "Servicios Económicos de Interés General" (SEIG), estableciendo un modelo de gestión supeditado a las "normas sobre competencia" (artículo III-166.2). Este enfoque mercantilista y utilitarista abandona el ideal de una educación integral, fundada en una serie de competencias, como la social y ciudadana, la cultural y artística, la de aprender a aprender o la de autonomía e iniciativa personal. La LOMCE contempla, además, suprimir materias como ética, y devaluar otras asignaturas ya consolidadas del Curriculum de Secundaria y Bachillerato: Historia de la Filosofía, Educación Plástica, Historia o Tecnología.

Si el objetivo educativo se reduce a comprender "lo que hay", sin cuestionar las injusticias y las distintas alternativas de pensamiento y acción, aprender no sería más que adquirir procedimientos y técnicas para sobrevivir en el medio social. ¿Hacemos todo lo posible para evitar que de la escuela salgan "trabajadores sumisos, consumidores expectantes y ciudadanos pasivos" (Giroux)? Este enfoque "instrumental y acumulativo" concibe al alumno como una "vasija vacía" que hubiese que rellenar con contenidos rentables y alejados de la realidad social. Si marginamos la creatividad y el razonamiento crítico en la escuela, el horizonte del mundo se estrecha.

El primer borrador de la LOMCE contemplaba la supresión de Ética, materia común de 4º ESO. Ya no se trataba, como se planteó inicialmente, de talar los contenidos inspirados en la "perversa" ciudadanía para reemplazarlos por otros más afines ideológicamente, simplemente se arrancaba el árbol entero. Ahora, con el segundo borrador, se mantiene dicha supresión y se disfraza la actual Alternativa a la Religión de Valores culturales y sociales (Primaria) y Valores éticos (Secundaria). Además, la Historia de la Filosofía deja de ser una materia común en 2º de Bachillerato.

Dice el ministro de Educación que debe haber "una zona de intersección" entre la religión y la materia alternativa de valores éticos y culturales. Esta extraña e inefable confluencia entre razón y fe recuerda a la pretensión cartesiana de unir alma y cuerpo a través de la glándula pineal. La ética no puede ser una "asignatura espejo" (tal y como la ha denominado Wert). No puede limitarse a ser un mero reflejo para los que no optan por la religión católica. Una ética racional y laica es la base de un pensamiento crítico y universalista que da sentido a una sociedad tolerante y plural, porque enseña a convivir a ciudadanos de diferentes creencias, sin discriminar la religión, la orientación sexual o sus ideas políticas. No discrimina, integra. No tiene ningún sentido impartir una ética exclusivamente para ateos, musulmanes o judíos, que segrega así a la ciudadanía en dos categorías: católicos y no católicos, los que priorizan las creencias y los que anteponen las ideas. Las primeras no se pueden enseñar, las segundas sí. Toda la ciudadanía tiene derecho a reflexionar, crítica y racionalmente, sobre el mundo en el que vive, como se hace en las clases de ética. La estrategia segregadora no hace más que sembrar conflictos futuros en la sociedad pues el alumnado percibe desde muy temprano una separación educativa por motivos exclusivos de fe. Al inicio de la educación infantil, con 3 años, los niños ya empiezan a separarse debido a las diferentes creencias de sus familias. ¿Es razonable y comprensible que la primera y única elección académica sea ésta?

Por tanto, la elección entre religión y ética ("Valores éticos") responde a una falsa disyuntiva -de naturaleza puramente ideológica, como ha reconocido Wert- que desvirtúa el sentido de la filosofía moral. No podemos equiparar una moral particular y tradicional, como es la religión católica, con la ética, universal y crítica. ¿Cómo es posible, además, que la religión en bachillerato tenga el mismo valor académico que la Historia de la Filosofía?

Hoy en día la ética ha quedado disuelta en la legalidad. Más que de vacío legal habría que hablar de vacío ético. La crisis actual ha puesto de manifiesto que la legalidad no siempre es sinónimo de legitimidad. La razón ética reclama su autonomía porque no se identifica con el orden legal ni político. Sin ética, dejaríamos de valorar en la escuela el mundo que nos rodea: la paz, la justicia, los derechos humanos, etcétera. También, en ocasiones, pasaríamos por alto el entorno más próximo. Por ejemplo, hace unos meses el máximo responsable del Consejo General de Ciudadanía Exterior declaró: "Las leyes son como las mujeres, están para violarlas". La ética es algo más que una mera percepción subjetiva donde uno busca refugio o confesión. Aspira a ser un saber dialogado y razonado que oriente la acción ciudadana.

La ética y la filosofía no tienen servidumbres políticas ni religiosas. En una época de crisis en que la ciudadanía se distancia de la política, al percibir que el poder económico le ha arrebatado su soberanía, el lugar educativo de la ética y la filosofía -y en general de aquellas materias que aportan creatividad y reflexión- resulta esencial para la sociedad civil. La historia de la filosofía es también la historia de las sucesivas crisis que la humanidad ha ido atravesando y superando: crisis política (Platón), crisis religiosa (Descartes), crisis económica (Marx), crisis cultural (Nietzsche), etcétera.

Países como Finlandia, Canadá, Nueva Zelanda y Japón, que obtienen la mejor puntuación en el informe PISA, consideran que la Filosofía desempeña un papel clave en el sistema educativo. Enseñar a pensar y a dudar; valorar la libertad y la responsabilidad, la igualdad y la solidaridad: todas ellas son tareas ineludibles en el mundo que vivimos. También de la ciudadanía futura que salga de las escuelas.

Juan Navarro en profesor de Filosofía en el IES Navarro Santafé de Villena (Alicante, España) y miembro del colectivo Ciudad Filosofía.

 

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