martes, 26 de junio de 2012

"DÍAS DE NIETZSCHE EN TURÍN"








Como ya hemos hecho en ocasiones anteriores, te proponemos una sesión de cine, así que repantígate en tu sillón favorito y coge el cubo de palomitas y el refresco supersize (aunque, personalmente, prefiero unos taquitos de jamón y una cerveza... supersize también, eso sí).

En cartel tenemos una bastante desconocida película sobre don Federico que nos puede ayudar a completar nuestro repertorio de biopics filosóficos (con la trilogía de Rossellini indiscutiblemente a la cabeza del género). Se trata de la producción brasileña Días de Nietzsche en Turín (Júlio Bressane, 2001).

Siempre resulta cuanto menos curioso ver plasmado en imágenes cinematográficas a un personaje histórico. Cuando, además, tal personaje es como el que protagoniza esta película, no resulta menos estimulante comprobar cómo se ha superado el reto de generar hora y media de metraje en base a unas "aventuras" que transcurren en el terreno del pensamiento.
      La película, como su título revela claramente, relata el periodo de estancia de Nietzsche (otoño e invierno de 1888), en la ciudad italiana de Turín. Sus problemas de salud impelieron al filósofo a desplazarse frecuentemente a lo largo de Europa en busca de climas benignos para su estado. Así, residió temporalmente en lugares como Sils Maria o Niza y también, como ya hemos dicho, en Turín. Ésta fue además la ciudad en que transcurriría su último periodo de actividad, pues sería allí donde sufriría la crisis que le sumiría sin vuelta atrás en un estado de enajenación mental que le obligaría a retirarse de la vida pública e intelectual durante la década que aún restaría hasta su muerte. Pero la época de Turín fue también la de la máxima madurez de su pensamiento y la de mayor fecundidad en su producción literaria; un momento aparentemente muy satisfactorio en la vida del filósofo, según se trasluce en su correspondencia.
      La película, por lo tanto, retrata esos meses de la vida de Nietzsche, al que vemos pasear por Turín, relacionarse con sus vecinos, leer y escribir (resulta emocionante contemplar a Nietzsche "en acción", al menos desde cierto punto de vista fetichista) y, también, en el último tramo de la película, sumirse en la locura (muy curiosas a la par que sobrecogedoras esas imágenes de cierre en que se dota de efectos de movimiento a una serie de fotografías del pensador ya convaleciente). Pero sobre todo le vemos o, mejor, le escuchamos pensar. Porque la película, carente de diálogos, se construye alrededor del recitado de textos del filósofo. Ello, junto con un recorrido visual por Turín y una soberbia selección musical (Bizet, Wagner,... y también algunas composiciones del propio Nietzsche) dan lugar a una obra concebida para ser paladeada de modo pausado y reflexivo (desde luego, ni te acerques a ella si eres de esas personas incapaces de disfrutar de la lentitud en el cine).

Ni mucho menos se trata de una película magistral, pero sí lo suficientemente interesante como para que merezca la pena dedicarle una parte de nuestro escaso tiempo vital (cosa que, sabemos perfectamente, no se puede decir de muchas otras de nuestras ocupaciones). Además, bien puede servirnos para ayudarnos a olvidar la pésima El día que Nietzsche lloró (Pinchas Perry, 2007).

Bueno, pues no digo más. No olvides silenciar tu teléfono, que esto empieza ya:





sábado, 23 de junio de 2012

LOS VEINTE ELEMENTOS DE UN "FRAUDE PARANORMAL" SEGÚN NUESTRO MAGO FAVORITO (BUENO, UNO DE ELLOS, PORQUE PENN & TELLER NO LE ANDAN A LA ZAGA. O QUÉ DECIR DE NUESTRO PATRIO Y ENTRAÑABLE TAMARIZ, O DE... SÍ, BUENO, YA LO SÉ, COMO TÍTULO DE UNA ENTRADA YA ESTÁ BIEN... VALE, VALE, YA LO DEJO)



En nuestra anterior entrada comentamos Fraudes paranormales, de James Randi. Como ya dijimos allí, en él se enumeran veinte puntos que el autor propone como aplicables a la mayoría de los que Randi llama "fraudes paranormales", esto es, casos en que se pretende hacer pasar por real uno de esos denominados fenómenos paranormales. Sabemos que vas a leer el libro, porque, como devoto admirador de nuestra página que eres, sigues fielmente todas nuestras recomendaciones, pero hasta que llegue ese momento hemos querido adelantarte esta parte de su contenido, la cual consideramos con suficientes entidad y valor por sí misma como para poder ser leída de manera independiente al resto de la obra. Advertimos de que vamos a alterar mínimamente el texto para que adquiera mayor sentido una vez extraído de su contexto; no se va a tratar de ninguna modificación especialmente sustancial, pero consideramos que procede hacerlo constar. Ahí va:

1. Se afirma que el sujeto no busca dinero o fama, por lo que no existe motivo alguno para engañar a nadie. Ejemplo: las hermanas Fox, cuya broma inocente de hacer crujir los huesos de los dedos de los pies condujo a la creación de la más excéntrica de las religiones, conocida como espiritismo, ciertamente no tuvieron otro motivo, pero lo que comenzaron creció y se les escapó de las manos en un abrir y cerrar de ojos.

2. Se dice que el sujeto (un niño, un campesino o una dulce anciana) es incapaz de dominar las técnicas requeridas; la falta de sofisticación no permite el engaño. Ejemplo: los parapsicólogos rusos están confundidos con la señora Kulagina, una campesina que utiliza trucos comunes de prestidigitador.

3. Se dice que el sujeto no pasó las pruebas concebidas para determinar si poseía la necesaria habilidad. Ejemplo: en Francia, recientemente, Jean-Pierre Girard fue sometido a una prueba de fuerza por su mentor, Charles Crussard, para ver si podía doblar físicamente las barras que parecía poder doblar con la mente. Crussard dijo que Girard no fue capaz de hacerlo, por más que lo intentara con todas sus fuerzas. Girard tenía la ventaja de que trataba con personas simples que pensaban que el hecho de que sus sujetos no pasaran una prueba probaba que eran sinceros. No resulta difícil fracasar en el intento de doblar una barra de metal.

4. Los defectos descubiertos en la historia o en la acción tienden a probar que el fenómeno es real, ya que un hábil embaucador no cometería esos errores básicos. Ejemplo: cuando Jeane Dixon, la supuesta profeta, predice un acontecimiento que no se produce, es aclamada de todos modos por haber sido lo suficientemente sincera como para llevar a cabo el intento.

5. Si un fenómeno es coherente con otros previamente señalados, es un hecho que se menciona como prueba contundente de que es genuino. Ejemplo: cuando apareció el ilusionista Uri Geller con sus trucos para doblar metales, varios parapsicólogos se negaron a aceptarlo porque "no existían precedentes en la literatura". La consecuencia es obvia: si ejemplos anteriores hubiesen sido efectivamente señalados, hubiesen aceptado a Geller tal como lo hicieron otras personas.

6. Se afirma que los críticos ofrecen escasas o insuficientes razones para dudar de los acontecimientos paranormales señalados, por lo que no son tomados en serio. Desafortunadamente, esto a veces es verdad. Ejemplo: algunos científicos actuales manifestaron su escepticismo observando que Geller podría haber doblado o quebrado metales utilizando productos químicos, magnetos o rayos láser. Estas afirmaciones son absurdas para cualquiera que conozca las condiciones en las cuales tuvieron lugar los "milagros". De esta manera, esos críticos, con todas sus buenas intenciones, perjudicaron su propia causa.

7. Prominentes personalidades prestaron su apoyo a los fenómenos para-normales. Estas personalidades no pueden ser atacadas debido al prestigio y a los antecedentes académicos que tienen. Ejemplo: físicos en el campo del láser, figuras políticas, astronautas y escritores que hacen declaraciones acerca de cuestiones paranormales aparentan tener una experiencia en esas cuestiones que en realidad no tienen.

8. De forma similar, supuestos expertos son llamados para verificar los hechos. Ejemplo: el metalúrgico Wilbur Franklin, de la Universidad de Kent, fue llamado para juzgar la validez de las pruebas paranormales de Geller, y fue citado muchas veces. No tan citado fue su cambio de opinión cuando echó una segunda mirada y descubrió que se había equivocado. Franklin era un "creyente" desde el principio.


9. Los resultados críticos de los expertos son minimizados o ignorados. Ejemplo: los prestidigitadores, cuya experiencia los habilita para juzgar la validez de los acontecimientos paranormales, son totalmente ignorados, excepto aquellos que manifiestan su buena disposición hacia las nociones irracionales.

10. Aquellos que alegan acontecimientos paranormales se muestran equívocos y evasivos, permitiendo que los investigadores den por sentado los hechos y agreguen detalles en su apoyo. Ejemplo: en el caso del reciente "viaje astral" que el psíquico Ingo Swann efectuó al planeta Júpiter, éste no fue muy censurado por las contradicciones encontradas en su historia, lo que permitió que los científicos Russell Targ y Harold Puthoff, que respaldaron y patrocinaron la aventura, seleccionaran aquellos aspectos de este supuesto acontecimiento considerados por ellos como convincentes. Dicho sea de paso, Swann declaró recientemente que se había "pasado de largo" del planeta Júpiter y había aterrizado en otro sistema solar, obligando así a que Targ, Puthoff y el investigador de ovnis y astrónomo J. Alien Hynek tuvieran que revisar su explicación acerca de este "milagro".

11. Las versiones o los detalles conflictivos de un acontecimiento paranormal son ignorados. Ejemplo: al describir una nave llamada Sandra que se "desvaneció" en el Triángulo de las Bermudas, un autor describe a la embarcación como de más de 100 metros de eslora sobre un océano tranquilo bajo el "cielo estrellado". Los registros demuestran que el Sandra tenía 56 metros de eslora y que se hundió en un mar barrido por vientos de más de 100 kilómetros por hora, sólo algo inferiores a la fuerza de un huracán. Las diferencias en los datos son obvias.

12. La capacidad de un sujeto para llevar a cabo determinados trucos es menospreciada o ignorada. Ejemplo: Jean-Pierre Girard y Uri Geller son magos reconocidos cuya capacidad no es cuestionada, pero dicha habilidad es minimizada por los creyentes de nuestros días.

13. Cualquier control que parezca científico es utilizado para brindar autenticidad, ya sea que resulte aplicable o no. Ejemplo: en el Stanford Research Institute (SRI) colocaron a unos psíquicos en una jaula de Faraday, un aparato metálico que selecciona las ondas de radio. Los métodos usados para llevar a cabo los trucos de ninguna manera se vieron inhibidos, pero el experimento resultó un éxito, al menos por lo que se deduce de algunas publicaciones de temas paranormales.

14. Se dice que el sujeto no puede producir los fenómenos a solicitud o conforme a una base regular, ya que su capacidad es efímera y esporádica. Ejemplo: Ted Serios, que produjo psicofotografías para el doctor Jule Eisenbud hace algunos años, se topó con cientos y cientos de fracasos a lo largo de períodos de varias horas, un día después de otro, antes de obtener un resultado positivo.

15. Se dice que las condiciones que hacen posible un engaño son también aquellas que permiten que se produzca un milagro, y los milagros constituyen la explicación más probable. Ejemplo: el profesor John Hasted del Birkbeck College, en Londres, nos cuenta que sus "niños psíquicos" llevan a cabo sus mejores maravillas cuando se encierran en sus propias habitaciones, en su casa, sin ser vistos. En realidad, la observación de las cosas que hacen revela que son hechas con medios totalmente normales.

16. A menos que los críticos puedan explicar todos los detalles señalados, el resto es considerado como una base irreductible para la convalidación. Ejemplo: aunque se demostró que la "profeta" Jeane Dixon se había equivocado respecto a sus principales predicciones y había censurado los hechos incómodos de los libros que la mencionaban, cuando acierta una de sus predicciones -algo poco frecuente- es aclamada como vidente.

17. Se nos dice que los sujetos no se desenvuelven bien cuando se encuentran cerca de personas con "vibraciones negativas". Ejemplo: en la parapsicología moderna, los experimentadores insisten en que sólo las personas con una actitud bien dispuesta (y que por lo tanto creen en lo paranormal) pueden estar presentes. Los sujetos también insisten en lo mismo. Geller se ha negado a actuar cuando yo estoy presente.

18. Se dice que cuando se pagan con dinero los servicios de un psíquico o cuando los poderes de un psíquico son utilizados para ganar dinero, dichos poderes fracasan. Por otra parte -ya que a los parapsicólogos les gustan ambas opciones- las recompensas de dinero, según ellos, tienden a alentar los buenos resultados. Ejemplo: el doctor J.B. Rhine (nota de tu bloguero favorito: Rhine fue uno de los pioneros de la parapsicología), anteriormente asociado a la Universidad de Duke, declaró que el sistema de recompensas tenía un gran mérito. Luego se nos dice de nuevo que los psíquicos pierden la carrera... y así sucesivamente (otra nota del mismo de antes: la verdad es que no acabamos de entender el sentido de estas palabras, lo que quizás sea un problema achacable a la traducción, pero hemos preferido dejarlo tal cual).

19. Se afirma que demasiados controles sobre un experimento provocan resultados negativos. Ejemplo: los profesores John Hasted y John Taylor, de Inglaterra, hacen referencia a muchos casos en los que no sucedió nada por el hecho de haber observado la experiencia demasiado cerca. Cuando se eliminaron los controles, aparecieron los maravillosos eventos.

20. Cualquier truco detectado por los investigadores puede atribuirse al deseo del sujeto de complacer, por lo que existe un impulso a hacer trampas. Ejemplo: actualmente, Geller, Girard y muchas otras "estrellas psíquicas" han sido totalmente desenmascarados, pero los creyentes lo perdonan todo.


RANDI: "FRAUDES PARANORMALES"








James Randi.
Fraudes paranormales
(Flim-Flam!).
Traducción de Alejandro G. Tiscornia.
Año de publicación: 1982.
Edición: Tikal, Girona, 1994.



El libro consiste básicamente en un recorrido por diversos casos en los que, tras pretendidos fenómenos paranormales, se ha detectado fraude. La mayoría de los casos recogidos han sido objeto de investigación personal por parte del propio autor e incluso muchos de ellos con su intervención directa en el desvelamiento de los susodichos fraudes; por ello, este libro también sirve para darnos a conocer la actividad y trayectoria de Randi en estas lides.
    A lo largo de todo el libro, el célebre ilusionista y escéptico atacará sin compasión y con un permanente tono sarcástico a los defensores de las creencias irracionales expuestas, denunciando personajes, grupos o medios de comunicación con nombre propio (algunos de ellos con gran predicamento, como Uri Geller, von Däniken o la Cienciología) sin ningún tipo de contención. Se entiende perfectamente que Randi resulte "poco apreciado" (por expresarlo suavemente) en los círculos de lo paranormal, pues la actitud de cuestionamiento hacia este tipo de asuntos siempre provoca una gran hostilidad. El mismo firmante de esta reseña ha tenido oportunidad de comprobarlo en más de una ocasión. Y ello no es de extrañar, pues si los sujetos proclives a este género de creencia poseyesen las capacidades crítica y antidogmática necesarias para aceptar de buen grado un debate racional, lo más probable es que, sencillamente, ni siquiera sostuviesen tales creencias (o, como se dice en una afortunada frase de la serie televisiva House: "si pudieras razonar con la gente religiosa, no habría gente religiosa", extendiendo en este caso lo referido a la religión a cualquier tipo de creencia irracional).
    La motivación última de Randi (y, diríamos nosotros, de todos aquellos preocupados por perseguir y denunciar este tipo de patrañas) queda de manifiesto en un clarificador fragmento (capítulo 12) en que el autor expresa una justificación de la labor crítica contra los fraudes paranormales como respuesta al hecho de que en ocasiones semejante empeño resulte incomprendido y banalizado. Por la importancia que consideramos que posee esta cuestión, transcribiremos completo el fragmento referido:
"En 1977, durante la reunión anual de la CSICOP, surgió una pregunta en la conferencia de prensa. Un periodista quería saber qué daño podía causar la creencia en los fenómenos paranormales. ¿No era acaso una búsqueda inocua e inútil? Nuestra respuesta fue que dichas irracionalidades hacían que las víctimas perdieran su buen juicio, su dinero y, a veces, su salud y sus vidas. En respuesta a este comentario, el Washington Star sacó a relucir su mejor estilo editorial para tratar a la CSICOP como a un grupo de ancianas que sermoneaba con demasiada frecuencia. El diario señalaba:
No hay nada más gracioso que la aplicación errónea de una disciplina rigurosa a tareas desproporcionadamente triviales. Es exagerar las cosas hasta el límite. Equivale a matar un mosquito con una maza. A ametrallar mariposas... la línea entre lo que tiene sentido y lo que no lo tiene no es, pensamos, tan rígida como esos vigilantes de la ciencia creen, ni tampoco son tan amenazadores los peligros de un engaño popular masivo. ¿Dónde está su sentido del humor?
No sé quién escribió eso, pero debe saber que encolerizó a más de un miembro de la CSICOP. Ese escritor nunca vio los rostros enloquecidos de padres cuyos hijos eran atrapados en algún culto estúpido que prometía milagros. Nunca tuvo que enfrentarse con un hombre que había perdido sus ahorros para poder eliminar un hechizo maligno. Nunca sujetó durante una sesión a oscuras la mano de una mujer que esperaba que su ser querido regresara tal como había prometido un estafador que alimentaba su creencia en lo irracional. ¿No hay nada más gracioso? Díganselo a los académicos que perdieron su credibilidad al aceptar el disparate de la telepatía que surgió del Stanford Research Institute. '¿Ametrallar mariposas?' Explíqueselo a aquellos que desperdiciaron tiempo y dinero en tratar de flotar en el aire porque un gurú les dijo que podían hacerlo. '¿Los peligros del engaño popular masivo no son tan amenazadores?' Señor, vaya a excavar la tumba de alguno de los 950 cadáveres que hay en Guayana y grítele a la cara que el Reverendo Jim Jones no era peligroso. ¿Qué sucedió con su 'sentido del humor'? Eso merece una respuesta. Nuestro colectivo sentido del humor se apagó por el pesar, la frustración y la ira de haber predicado en el desierto. Aparentemente, el Star quiere que el desierto siga careciendo de fuerzas racionales. Espero que gocen de la diversión."
Al hilo de la narración de los numerosos casos y sucesos particulares que recoge, el autor desarrolla simultáneamente diversos aspectos generales relativos al tema. Por ejemplo, las estratagemas a las que recurren los impostores aquí denunciados para convencer al incauto de sus supuestos poderes. Buen conocedor de la materia como ilusionista profesional que es, Randi desvela muchos de esos trucos, algunos de ellos tremendamente burdos, empleados para simular ciertos efectos que se pretende hacer pasar por reales. Así, averiguamos, por ejemplo, de qué manera se consiguen en las sesiones espiritistas el golpeteo y el movimiento de la mesa que supuestamente manifiestan la presencia del espíritu de un difunto, o cómo manipular una vara de zahorí, o cómo podemos conseguir la ilusión de que estamos extrayéndole a alguien un tumor sin más recursos que nuestras manos desnudas. Utilísimo todo ello para animar cualquier fiesta, como podemos apreciar.
    Otra cuestión a la que Randi dedica gran atención es la de los mecanismos y procedimientos necesarios para poner a prueba este tipo de fenómenos en condiciones aceptables desde el punto de vista científico, con abundantes y detalladas descripciones de las situaciones experimentales diseñadas por él mismo con ese propósito. La razón de la importancia que da a este asunto es evidente: si los fraudes sobre lo paranormal prosperan es precisamente porque suelen producirse en condiciones que no permiten una contrastación empírica apropiada. En las raras ocasiones en que un sujeto se ha prestado a exhibir sus "poderes paranormales" en una situación controlada (tal como el propio Randi ha exigido en numerosas ocasiones) o, sencillamente, cuando alguien se molesta en analizar de manera objetiva las pruebas aportadas por los diversos investigadores en estos temas, lo único que hasta el momento ha quedado siempre de manifiesto es la absoluta falsedad de todo ello.
    Otro de los aspectos que Randi comenta profusamente es el de los recursos argumentativos habitualmente utilizados por los defensores de lo paranormal para justificar o excusar los resultados negativos que, como hemos dicho, parecen producirse inevitablemente en condiciones experimentales rigurosas, permitiéndonos comprobar lo burdas y ridículas que pueden llegar a ser tales explicaciones (lo que Randi denomina aquí "racionalización" de los fracasos y que, en términos de teoría argumentativa, llamaríamos "hipótesis auxiliares ad hoc"). Una de las justificaciones más recurridas y sin embargo menos aceptables ha sido siempre que la mera presencia de un observador escéptico altera los resultados e impide el éxito del experimento, que viene a ser lo mismo que decir que sólo funciona para quien previamente tiene fe en que va a funcionar; lo cual, más que una defensa, resulta una autoinvalidación por parte de los defensores de lo paranormal, aunque éstos, desde su particular lógica, no parezcan darse cuenta de ello. Como perfecta muestra de la desfachatez de estos individuos y como paradigmático ejemplo del hecho de que una de las claves del poder de convicción de semejantes personajes reside en la ingenuidad científica de sus víctimas, nos ha llamado la atención el descubrir que en los últimos tiempos se ha venido esgrimiendo una explicación realmente curiosa de ese supuesto fenómeno de la "interferencia del observador con disposición negativa", la cual se basa en una tergiversación del principio de incertidumbre de Heisenberg, obviando descaradamente que éste se formuló para ser aplicado exclusivamente a la realidad subatómica (capítulo 11).

Aunque ya hemos hablado de las líneas generales del texto, vamos a detallar las cuestiones que se tratan a lo largo del libro para hacernos una idea lo más completa posible de su contenido.

Tras un prefacio en que el autor reivindica la necesidad de publicaciones con la temática e intenciones de la presente y una introducción firmada por Isaac Asimov (otro escéptico reconocido) en la que éste defiende la necesidad de una cultura científica adecuada y presenta la figura de Randi como azote de la pseudociencia y el irracionalismo, los contenidos de los sucesivos capítulos son los siguientes:

Capítulo 1. Abracadabra

En este capítulo, aún no centrado en el análisis con detalle de casos particulares, como sí ocurrirá en el resto del libro, se trata una serie de cuestiones que adquieren un carácter introductorio. Así, por ejemplo, se presenta la temática del libro y sus intenciones.
   Tambien se denuncia la proliferación de lo "paranormal" y, sobre todo y como fenómeno más preocupante, su aceptación entre ciertos científicos, los cuales se someten al engaño. A lo largo del libro (se verá especialmente en el capítulo 11) se presentan numerosos casos en que se dado tal situación.
    Se narran la creación y se exponen los objetivos del CSICOP (Committee for Skeptical Inquiry), del que Randi es cofundador. 
    A continuación Randi expone que su pretensión no es demostrar la inexistencia de fenómenos paranormales, sino simplemente la existencia de fraudes tras aquellos de esos pretendidos fenómenos que se han presentado hasta el momento, realizando un explícito y consideramos que muy razonable rechazo de la asunción de la carga de la prueba.
    Se narra la fundación y vicisitudes del "premio Randi" (con más detalle en el capítulo 5).
    Se presentan algunos casos especialmente sangrantes, como el uso de "psíquicos" en tribunales de EEEUU.
   Tras detenerse en la aplicación pseudocientífica de la fotografía Kirlian como pretendido medio para retratar el aura humana, expone muy brevemente una diversidad de casos de fraude paranormal, en una especie de adelanto de los análisis más detallados que compondrán a partir de ese momento el grueso del texto.

Capítulo 2. Hadas en el jardín

Se expone un caso clásico de "fraude paranormal" a modo de paradigma, identificándose en él una serie de rasgos típicos que podrán encontrarse también en los restantes casos narrados en el libro.
    El caso en cuestión es el de las "hadas de Cottingley", en el cual dos niñas,  en la primera década del siglo XX, hicieron pasar por reales una fotos trucadas en las que aparecían ellas mismas supuestamente acompañadas de hadas y duendes. Quien ejerció de crédulo en este caso fue nada menos que Arthur Conan Doyle, uno de los más relevantes personajes de entre los que Randi se ha encargado de desmitificar. Narra el caso y las supuestas pruebas que lo respaldaban tal como fueron presentadas por sus defensores, para a continuación desmontar dichas pruebas.
    Tras ello, se enumera una serie de hasta veinte elementos que Randi presenta como comunes a los casos de "fraude paranormal", ilustrándolos tanto con el caso de las hadas como con otros ejemplos secundarios. Un listado muy interesante y clarificador (al cual, por cierto, hemos decidido dedicar una entrada propia en nuestro blog, la cual puedes encontrar aquí).

Capítulo 3. Un mar de confusiones

Sobre el "misterio" del Triángulo de las Bermudas, especialmente tal como es presentado a través de las investigaciones de Charles Berlitz. Randi refuta las supuestas evidencias presentadas por aquél y deslegitima la fiabilidad y rigor científicos del personaje.

Capítulo 4. ¡Vuela, joven aviador!

Dedicado monotemáticamente a lo celeste como objeto de creencias irracionales. Así, el primer tema tratado es el de la astrología, mostrando su falta de fundamento científico. Al hilo de lo anterior, el autor nos habla sobre la creencia en lo paranormal y su empleo por parte del nazismo.
    Otro caso llamativo es el de los supuestos viajes astrales de Swann y Sherman (1978) visitando otros planetas, promovidos por algunos científicos del momento.
    A continuación se nos habla sobre el llamado "misterio de Sirio", expuesto por Robert Temple en un libro del mismo título de 1976. Según esta tesis, la cultura de la tribu africana de los Dogon incluye un conocimiento sobre datos astronómicos relativos a la estrella Sirio B que supuestamente sólo serían explicables suponiendo que tales conocimientos les hubieran sido transmitidos por seres extraterrestres. Randi aporta argumentos que rebaten esa tesis.
    Y la última y más extensa sección de este capítulo se dedica a la ufología, desmontando algunos de los casos más emblemáticos aportados por esta pseudociencia (como el caso Mantell, la abducción del matrimonio Hill, que recordamos por haber sido tratado también por Sagan en su Cosmos, o unas infantiles fotografías de platillos volantes sobre el Capitolio de Washington). Se expone el modo en que habitualmente son manipulados datos e informes oficiales de la Fuerza Aérea estadounidense (especialmente el llamado Proyecto Libro Azul) con la intención de legitimar la identificación de los OVNIS con naves estraterrestres, cuando en realidad tales datos desmienten explícitamente tal teoría; con ello se demuestra lo peregrinas y nulamente rigurosas que son las investigaciones de los especialistas en este fenómeno. Randi pone en evidencia el trabajo de algunos ufólogos prestigiosos o el pábulo que un medio como la NBC ofrece a este tipo de especulaciones.

Capítulo 5. El gurú que levita: una cuestión de ligereza

Sobre el movimiento promovido por Maharishi Mahesh Yogi, con numerosos seguidores, y los fenómenos que exhibe y defiende, como la meditación trascendental (tan traída por el movimiento New Age), de la que se muestra la ausencia de realidad de sus pretendidos efectos psicológicos, fisiológicos e incluso sociales, o el fenómeno de la levitación, ampliamente promocionado pero nunca fehacientemente acreditado más allá de ciertas fotografías cuyo trucaje desvela Randi.

Capítulo 6. Las carrozas de papel en llamas

Sobre Erich von Däniken, uno de los más emblemáticos autores sobre ufología. Randi muestra la ausencia de base de sus teorías presentando explicaciones racionales de los fenómenos que Däniken expone como evidencia de su principal tesis: la visita de extraterrestres en el pasado remoto de la humanidad, acontecimiento del que podríamos encontrar huellas en la mitología, la historia y los restos arqueológicos. De esta manera, quedan desmantelados algunos de los fantasiosos "misterios" de Däniken: la talla del sarcófago de Palenque mostrando lo que Däniken interpreta como el tripulante de una nave espacial, las pistas de Nazca, las estatuas de la Isla de Pascua, la Gran Pirámide de Guiza (con una digresión sobre otros investigadores de este tema, como Smyth, que inauguró en el XIX las especulaciones irracionales al respecto del monumento egipcio, o Charles T. Russell, al que habitualmente se atribuye erróneamente, y así lo hace aquí el mismo Randi, la fundación de la secta Testigos de Jehová), las Cuevas de Oro de Ecuador, las Piedras de Iea peuanas...
     La conclusión de Randi sobre el muy admirado en ciertos círculos Däniken no puede resultar más despiadada:
"(...) existe un importante y evidente defecto en todos los escritos de von Däniken que debería ponerse en claro: es simplemente incapaz de admitir o concebir el hecho de que el hombre antiguo fuera capaz de tener visiones elevadas y la capacidad técnica y artística para crear la fortaleza de Sacsahuamán, la Gran Pirámide de Egipto y otras maravillas, sin la asistencia de seres del espacio exterior. Pero en ningún momento nos incita a observar el milagro de la Catedral de Chartres, el Partenón de Grecia o incluso Stonehenge -esa construcción astronómica tan notable- porque esas maravillas son europeas, construidas por personas que poseen sin ninguna duda la inteligencia y la capacidad para llevar a cabo ese trabajo. No puedo concebir que nuestros hermanos morenos o negros hayan tenido el ingenio de concebir o la pericia para construir las grandes estructuras que efectivamente nos dejaron. En lugar de ello, a fin de satisfacer lo que parecen ser sus prejuicios personales, inventa cierto tipo de intervención divina/extraterrestre/sobrenatural, según él, necesaria para permitir que las razas inferiores colocaran una piedra sobre la otra o pintaran la pared de una cueva."
Capítulo 7. Los Laurel y Hardy de la parapsicología

Sobre las investigaciones de los parapsicólogos Targ y Puthoff (ridiculizados ya desde el título del capítulo), del Stanford Research Institute, que a partir de un artículo inauditamente admitido (1974) por la prestigiosa publicación científica Nature, adquirieron renombre como principales representantes de la investigación sobre lo paranormal.
   Randi muestra la ausencia de rigor en sus investigaciones, falseando resultados, no respetando las necesarias condiciones experimentales, utilizando procedimientos mal diseñados, etc., y la consecuente falta de validez de sus conclusiones. Algunos de los sujetos de esas investigaciones serían el "viajero astral" Ingo Swann (ya mencionado en el cuarto capítulo) o el celebérrimo Uri Geller, con el cual Randi siempre ha mantenido una encarnizada batalla.
    En este capítulo también se trata más ampliamente de Geller más allá de los relacionado con las investigaciones de Targ y Puthoff, narrándose las vicisitudes de las pesquisas llevadas a cabo por el propio autor sobre el personaje con el objetivo de desenmascararle como farsante, y que darían como resultado su obra The magic of Uri Geller (publicada el mismo año que el libro que nos ocupa).

Capítulo 8. La gran farsa de Fliess

Sobre la teoría de los biorritmos: "una numerologia glorificada que, en base a una simple fecha de nacimiento y a una supuesta investigación genera nociones infantiles acerca de ciclos predeterminados que rigen la existencia humana. Se trata de una de las formas más puras y simples de idiotez disfrazada de un supuesto manto de lógica y ciencia".

Capítulo 9. Los fraudes médicos

Sobre la llamada "cirugía psíquica" ejercida en lugares como Brasil y Filipinas (fingidas intervenciones quirúrgicas que se suponen realizadas con las manos desnudas y sin dolor para el paciente). A partir de sus investigaciones personales sobre el terreno, Randi detalla los trucos propios de prestidigitador empleados en este fenómeno, los cuales él mismo ha reproducido en ocasiones.
    Y también sobre Edgar de Coyce, personaje que pretende poseer poderes psíquicos para el diagnóstico y la cura médicos. Randi detalla especialmente las excusas y argumentos con que Coyce y sus seguidores justifican los numerosos fracasos del primero sin que por ello disminuya la fe de los segundos (ejemplo típico de lo que Randi denomina "racionalizaciones" del error, algo repetido en todos los casos de fraude paranormal que son obligados a someterse a prueba en condiciones científicas apropiadas, y que es una de las cuestiones en que se abunda en este libro, como dijimos más arriba).

Capítulo 10. La voluntad de creer

Un caso paradigmático de "mala ciencia": la teoría de Blondlot sobre los inexistentes Rayos N, una muestra de cómo también un científico puede ser víctima de sesgos cognitivos conducentes al autoengaño sobre los resultados de sus investigaciones ("El deseo de encontrar resultados favorables donde no existe ninguno es obviamente la fuente de la mayor parte de las 'pruebas' presentadas por los parapsicólogos. Este fracaso no se limita a aquellos que buscan probar los fenómenos paranormales; existen también ejemplos de dichas ilusiones en los anales de la ciencia ortodoxa. (...) Este ejemplo sirve para mostrar hasta dónde puede llegar incluso un científico consumado en su búsqueda de lo inexistente").
    Al hilo de lo anterior, se expone de qué manera el procedimiento de doble ciego es necesario para evitar interpretaciones erróneas de los resultados experimentales en función de expectativas previas (esa "voluntad de creer" que titula el capítulo). Ello se ilustra con los ejemplos de algunos experimentos llevados a cabo por el propio Randi sobre sujetos con supuestos poderes paranormales (zahorís, magnetoterapia,...).

Capítulo 11. Lejos de las profundidades

El capítulo en general intenta transmitir la idea de que incluso personas que inicialmente podríamos pensar que se encuentran a salvo de las creencias irracionales pueden resultar víctimas de éstas ("La posesión de un 'elevado coeficiente intelectual' tiene muchas veces poco que ver con nuestra capacidad para desenvolvernos como un ser racional. Simplemente significa que algunas pruebas imperfectas indican que uno posee un potencial superior al promedio para pensar correctamente", "Las personas más inteligentes del mundo no son más inteligentes que usted cuando se trata de creer en lo ridículo"). Para demostrarlo, pone el ejemplo de los miembros de la asociación Mensa, en la cual existe una tendencia hacia estas creencias reflejada en algunas de sus publicaciones y actividades.
    Otro ejemplo se encuentra en la existencia de investigaciones parapsicológicas llevadas a cabo por científicos con prestigio en otros campos. Se exponen numerosos ejemplos en los que se muestran estas investigaciones caracterizadas por defectos de procedimiento o falseamiento de resultados, poniéndose de manifiesto que estas características son algo propio de las investigaciones parapsicológicas de manera generalizada.
    Finalmente, el autor refiere esa utilización espuria del principio de Heisenberg como argumento para explicar los fracasos experimentales de lo paranormal a la que ya aludimos más arriba.

Capítulo 12. Ídolos con pies de barro

En este capítulo Randi se ocupa de las creencias de tinte religioso, con alguna breve referencia a telepredicadores y visionarios del fin del mundo, pero centrándose fundamentalmente en ciertos movimientos, como el espiritismo, la Cienciología, o sectas como la que protagonizó el suicidio colectivo de Guayana o la Iglesia para la Unificación del Cristianismo Universal, más conocida como secta Moon.

Capítulo 13. Hágalo o cállese

Tras ofrecer una completa información sobre el llamado "premio Randi" (cómo se inauguró, sus intenciones,... incluido el texto completo del acuerdo contractual que han de suscribir los candidatos, en el cual se detallan las condiciones y exigencias que se les plantean), Randi pasa a narrar los casos de algunos de los que han sido postulantes al susodicho premio (videntes, adivinos y otros poseedores de poderes de percepción extrasensorial de lo más variado, curanderos, médiums, zahoríes,...). Randi nos cuenta su experiencia personal con estos individuos (no todos farsantes, sino también algunos que son sinceros creyentes en sus "poderes"), las pruebas a que fueron sometidos y de qué manera resultaron desenmascarados como fraudes a través de las mismas, sus trucos, y, de nuevo, sus reacciones ante el fracaso, nunca admitido y siempre justificado mediante las más peregrinas racionalizaciones. En definitiva, lo que propone Randi es algo tan razonable como lo que se expresa en el título de este capítulo: si dices poseer habilidades paranormales, simplemente demuéstralo. ¿Acaso eso es demasiado pedir?

El libro se cierra con un apéndice que aporta el toque humorístico final. Randi propone un premio llamado "el Uri" ("en honor a una antigua estrella psíquica", y consistente en una estatuilla formada por una cuchara doblada "de forma paranormal, por supuesto") para aquellos que, en diversas categorías, más han hecho por la defensa y promoción de lo paranormal. La enumeración de los agraciados hasta el momento de la publicación del libro resulta en una especie de lista de la vergüenza en la que son puestos en evidencia diversos medios de comunicación, científicos o instituciones. Hay que decir que este premio de carácter irónico, presentado por primera vez en el texto que es objeto de nuestro comentario, sigue existiendo en la actualidad, aunque bajo el nombre de premio Pigasus. Un galardón indudablemente muy especial, ya que, como aclara Randi, "los sobres cerrados serán leídos por mí, con los ojos vendados, durante la ceremonia oficial. Cualquier afirmación sin base recibirá una explicación y será aprobada de forma parapsicológica. Los resultados serán publicados de inmediato sin ningún tipo de verificación. El premio será notificado a los ganadores de forma telepática. Éstos podrán predecir su victoria".


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