lunes, 19 de septiembre de 2011

JO, FILÓSOFOS EN LA TELE





Servidor ve la tele más bien poco o más bien nada. Y conste que no lo digo por afán de aparentar distinción, que a mí lo de aparentar... en fin... y lo de la distinción... ya ni te cuento. La verdad es que se trata de un electrodoméstico que me sobra, y si no fuera por la parienta y el vástago o viceversa, creo que su lugar en mi casa estaría ocupado por una pecera, objeto de visionado mucho más fascinante, dónde va a parar. Pero hete aquí que el otro día, viendo algo o zapeando o vaya usted a saber qué, me entero de que en la segunda cadena de la televisión nacional española (eso que ahora, en un alarde de imaginación, llaman La 2), estrenan un programa que de raro, raro, raro casi parece imposible: una serie documental acerca de pensadores españoles actuales, o sea, vivos pa que puedan hablar y contar sus cosas de sí mismos por sí mismos.

Buscando información sobre el tal programa, la verdad es que poca cosa he encontrado (algo que era de esperar, por otra parte), aparte de lo expuesto en la misma página web de RTVE. Lo copio tal cual y eso que me ahorro en desgaste de teclado:

"Desde el 18 de septiembre, cada domingo a las 23.00 horas, los espectadores tienen una cita única en La 2: un retrato en primera persona de algunos de los principales filósofos, ensayistas y pensadores del panorama español contemporáneo. José Antonio Marina abre Pienso, luego existo, al que seguirán (desde el domingo 25) Fernando Savater, Emilio Lledó, Eduard Punset, Victoria Camps, Javier Sádaba, Rafael Argullol, Amelia Valcárcel, Celia Amorós, Antonio Escohotado, Jesús Mosterín, Eugenio Trías, Manuel Cruz y Xavier Rubert de Ventós. Cuentan su recorrido vital y sobre todo sus ideas y su visión del mundo."

Como se puede apreciar, filósofos a tutiplén. Raro, como decía. Obviamente, tal cosa sólo es factible en la susodicha cadena, que se caracteriza por su vocación de servicio público. En otras palabras: que confecciona su programación pensando en que no la va a ver nadie. 

Así que ahí me tienes el pasado domingo plantado ante la caja imbécil, que lo de tonta ya se quedó corto hace tiempo, esperando que aparezca el señor Marina en el programa inaugural de la serie, el cual, por cierto, desveló que su pasión oculta es la danza y hasta cantó un tango. Ahí es ná, con lo estirado que parecía (hombre, que ya sé que tampoco es como si se hubiera arrancado con una de los Sex Pistols, pero es que eso ya nos hubiera hecho dudar de nuestro sentido de la realidad o, en su defecto, del correcto funcionamiento de Matrix). El invento resultó en una sucesión de planos fijos recogiendo las parrafadas del protagonista hablando de sí mismo y de sus ideas, con el intercalado de algunos de sus allegados dorando la píldora. Al cabo, media horita, que también es lo justo y necesario para no cansar teniendo en cuenta que el programa no resulta precisamente el colmo del dinamismo. Que vale, que no es que esperáramos el show de los Muppets, desde luego, pero aún así pensamos que se podía haber realizado una cosita algo más ágil. De todas maneras, tampoco es cuestión de quejarse, tal como está el patio. Así que seguiremos viéndolo, que no deja de ser una buena manera de rematar la noche del domingo, esa fatídica víspera del comienzo de la semana laboral. Y espero con ansia la entrega dedicada a mi personalmente admirado y objetivamente admirable Jesús Mosterín.

Jo, filósofos en la tele...¡ni que estuviéramos en la Francia, tú!


"Y todo a media luz, que es un brujo el amor, a media luz los besos, a media luz los dos..."


domingo, 4 de septiembre de 2011

GRITO HACIA ROMA





Grito hacia Roma
por Federico García Lorca

Manzanas levemente heridas
por los finos espadines de plata,
nubes rasgadas por una mano de coral
que lleva en el dorso una almendra de fuego,
peces de arsénico como tiburones,
tiburones como gotas de llanto para cegar una multitud,
rosas que hieren
y agujas instaladas en los caños de la sangre,
mundos enemigos y amores cubiertos de gusanos
caerán sobre ti. Caerán sobre la gran cúpula
que untan de aceite las lenguas militares
donde un hombre se orina en una deslumbrante paloma
y escupe carbón machacado
rodeado de miles de campanillas.
Porque ya no hay quien reparta el pan ni el vino,
ni quien cultive hierbas en la boca del muerto,
ni quien abra los linos del reposo,
ni quien llore por las heridas de los elefantes.
No hay más que un millón de herreros
forjando cadenas para los niños que han de venir.
No hay más que un millón de carpinteros
que hacen ataúdes sin cruz.
No hay más que un gentío de lamentos
que se abren las ropas en espera de la bala.
El hombre que desprecia la paloma debía hablar,
debía gritar desnudo entre las columnas,
y ponerse una inyección para adquirir la lepra
y llorar un llanto tan terrible
que disolviera sus anillos y sus teléfonos de diamante.
Pero el hombre vestido de blanco
ignora el misterio de la espiga,
ignora el gemido de la parturienta,
ignora que Cristo puede dar agua todavía,
ignora que la moneda quema el beso de prodigio
y da la sangre del cordero al pico idiota del faisán.
Los maestros enseñan a los niños
una luz maravillosa que viene del monte;
pero lo que llega es una reunión de cloacas
donde gritan las oscuras ninfas del cólera.
Los maestros señalan con devoción las enormes cúpulas sahumadas;
pero debajo de las estatuas no hay amor,
no hay amor bajo los ojos de cristal definitivo.
El amor está en las carnes desgarradas por la sed,
en la choza diminuta que lucha con la inundación;
el amor está en los fosos donde luchan las sierpes del hambre,
en el triste mar que mece los cadáveres de las gaviotas
y en el oscurísimo beso punzante debajo de las almohadas.
Pero el viejo de las manos traslucidas
dirá: amor, amor, amor,
aclamado por millones de moribundos;
dirá: amor, amor, amor,
entre el tisú estremecido de ternura;
dirá: paz, paz, paz,
entre el tirite de cuchillos y melones de dinamita;
dirá: amor, amor, amor,
hasta que se le pongan de plata los labios.
Mientras tanto, mientras tanto, ¡ay!, mientras tanto,
los negros que sacan las escupideras,
los muchachos que tiemblan bajo el terror pálido de los directores,
las mujeres ahogadas en aceites minerales,
la muchedumbre de martillo, de violín o de nube,
ha de gritar aunque le estrellen los sesos en el muro,
ha de gritar frente a las cúpulas,
ha de gritar loca de fuego,
ha de gritar loca de nieve,
ha de gritar con la cabeza llena de excremento,
ha de gritar como todas las noches juntas,
ha de gritar con voz tan desgarrada
hasta que las ciudades tiemblen como niñas
y rompan las prisiones del aceite y la música,
porque queremos el pan nuestro de cada día,
flor de aliso y perenne ternura desgranada,
porque queremos que se cumpla la voluntad de la Tierra
que da sus frutos para todos.



sábado, 3 de septiembre de 2011

EL BOXEADOR IMBATIBLE (UNA ALEGORÍA EPISTEMOLÓGICA)


Supongamos que tenemos a dos boxeadores (Kid Martillo y Kid Pitillo) afirmando "yo soy el mejor". Pitillo se ha enfrentado a una gran cantidad de contrincantes a lo largo de su carrera y nunca ha sido derrotado. Podría haberse dado el caso de que sí, pues se han producido ocasiones de sobra para ello, pero el hecho es que nunca ha vivido semejante circunstancia. Por otro lado, dado que está dispuesto a seguir aceptando todos los retos que se le presenten en el futuro, de ninguna manera podemos desechar la posibilidad de que pueda llegar a ser vencido en algún momento. Por su parte, Martillo jamás ha combatido con nadie y, aún más, tenemos de alguna manera la garantía de que jamás va a hacerlo. En consecuencia, también de él se puede decir con rigor que nunca hasta la actualidad ha sufrido una derrota. Y, a diferencia de Pitillo, podemos incluso asegurar sin temor a equivocarnos que no la va a sufrir jamás (por lo tanto, con toda justicia podemos decir que Martillo es imbatible; Pitillo, sin embargo, es imbatido). Ahora preguntémonos: ¿a cuál de ambos deberíamos conceder mayor credibilidad en esa su afirmación de "soy el mejor"?

Vayamos más allá. Supongamos que Martillo posee una cierta cantidad de seguidores que aseguran que, en efecto, él es el mejor púgil. Y para respaldar su aseveración se apoyan en el hecho de que, como decíamos, jamás ha sido derrotado. Es más, exigen que su afirmación sea aceptada mientras Martillo no caiga en el ring, y exigen también que sea quien se muestre escéptico ante tal afirmación, solicitando algún tipo de evidencia de su verdad, quien haya de demostrar que no es cierta, de tal manera que mientras no lo consiga se tendrá que aceptar la superioridad de su ídolo sobre Pitillo. Ahora preguntémonos...

Y NUESTRAS MÁS RECIENTES OCURRENCIAS...



ESTE BLOG ESTÁ DEDICADO A QUIENES NUNCA "MIRAN POR LA VENTANA" (PORQUE ABANDONEN SU CONFORMISMO Y SU DESIDIA)