martes, 2 de agosto de 2011

¿QUÉ DEMOCRACIA REAL?





A lo largo de mi vida he conocido a muchas personas que valoraban como tibieza en el grado de "rebeldía" o "radicalidad" el hecho de considerar la democracia como un sistema válido y deseable. Me temo que también yo, en algunos momentos de mis ya lejanas adolescencia y primera juventud, juzgué así las cosas. Con el transcurso de los años, uno va perdiendo en pasión y ganando en desencanto pero, indudablemente, piensa más y mejor. Sospecho que, en muchos casos, aquellos que reniegan de la democracia (al menos desde determinado polo ideológico, ese con el que yo me haya podido tratar; al otro ni me acerco por motivos higiénicos) no están rechazando sensu stricto tal sistema de organización política en su aspecto teórico, sino su puesta en práctica efectiva tal como la conocemos y hemos conocido. Esto es: no "la" democracia, sino "las" democracias. La primera constituiría el ideal; las segundas, su concreción particular en esta o aquella nación, en ese o el otro momento histórico. ¿Cuál de ambas sería la democracia "real"? Si dijéramos que la primera, quizás estaríamos haciendo alarde de platonismo, y no quisiera uno incurrir en semejante desatino. En consecuencia, no sé hasta qué punto estoy de acuerdo con ese lema que reclama "democracia real". Porque bien se podría responder: no, oiga, precisamente la democracia real es la que tenemos (o padecemos), es decir, la que se da en la realidad, nuestra democracia de facto; lo que usted reivindica no es sino una democracia que mejore y supere esa realidad. O sea, no la democracia "real", sino una democracia "de verdad". Porque una democracia de verdad, en contra de lo que puedan pensar algunos (incluido uno de mis "yos" del pasado, como ya dije) es, sin duda, y como ya expresara Churchill, el menos malo de los sistemas posibles. Otro personaje que nos resulta mucho más cercano que el anteriormente mentado, Popper, lo explica con mayor elegancia y precisión en su teoría de la "sociedad abierta": ningún sistema político puede estar a salvo de errores, por el simple e ineludible motivo de que el ser humano no lo está, pero la democracia (la de verdad, queremos decir) es el único de los sistemas políticos que incluye de manera estructural mecanismos autorregulativos y autocorrectivos que permiten identificar y corregir sus propios errores. Ello jamás va a suponer una vía para alcanzar una imposible perfección, pero sí posibilitará una mejora de carácter asintótico. Personalmente, entiendo que eso es lo que hay que defender: no la democracia real sino una democracia de verdad, en la que los "representantes" del pueblo, elegidos por éste, de verdad le representen, en la que la voluntad popular sea tenida en cuenta de verdad, en la que de verdad se abogue por el interés común sin que los intereses particulares queden sojuzgados siempre y cuando no entren en inevitable conflicto con aquél (cosa que no necesariamente ha de suceder tan a menudo como algunos quieren hacernos creer), en la que de verdad sean respetadas la pluralidad y las minorías, y en la que, sobre todo, el ciudadano asuma el papel que de verdad le corresponde, esto es, el de soberano, eludiendo la abulia y el conformismo, la dejación de responsabilidades, el escaso interés por informarse y formarse políticamente, la falta de reflexión y de sentido crítico,... Pues no conseguiremos tener los gobernantes que de verdad necesitamos mientras no nos convirtamos en los gobernados que de verdad debiéramos ser.

12 comentarios:

David Puche dijo...

Bien, pero... todo lo que dices al final, es decir, cómo deberían ser las cosas, ¿no es exactamente lo que piden los que piden "democracia real"? ¿Dónde está la diferencia? ¿No son estos movimientos (que, en mi opinión, de "radicales" no tienen nada) parte de esa "autorregulación interna" de toda democracia desencantada? Yo no he visto que propongan "alternativas" a la democracia...

Agustín Sanz Andreu dijo...

Sí, es exactamente lo mismo.

No hay ninguna diferencia. En el artículo no hago una crítica de los contenidos de dichas reivindicaciones, con las que estoy en su mayor parte, y matizaciones aparte, de acuerdo. Lo que cuestiono es lo apropiado del lema utilizado, lo cual hilo con una exposición a mi modo personal de esas reivindicaciones, como bien has detectado. Quizás lo primero no sea sino poco más que un recurso literario para llegar a lo segundo.

Sí, esos movimientos responden en cierta medida a la idiosincrasia de la democracia (obviamente, no serían posibles en una dictadura), pero a la vez el mismo hecho de su existencia también delata las insuficiencias de nuestra democracia "real".

Claro que no proponen alternativas a la democracia, si precisamente hacen bandera de ese concepto.

(No sé qué pasa, David, que estoy teniendo un dejà vu XD. Muchas gracias por incluir aquí tu comentario.)

Javier Moreno Vilaplana dijo...

Me parece una precisión más que acertada. Carecería de sentido si no hubiera confusión, pero mi experiencia dentro del movimiento tanto en Elda-Petrer como en Alicante es que la hay. Vi desde el principio que la "democracia real" no paraba de ser vituperada en el vacío, sin que hubiera una concepción madura de la misma. Por otro lado, la auténtica voluntad de diálogo y consenso no la vi por ningún lado. Los puntos mínimos (los realmente integradores y plurales) fueron lanzados a la basura a las primeras de cambios. Quienes los propusieron fueron llamados sabotadores.

A lo mejor es que soy muy pesimista al respecto, y lo soy porque, como dices: "el ciudadano asuma el papel que de verdad le corresponde, esto es, el de soberano, eludiendo la abulia y el conformismo, la dejación de responsabilidades, el escaso interés por informarse y formarse políticamente, la falta de reflexión y de sentido crítico". Considero que de todo esto falta, como diría mi padre, una arroba.

Agustín Sanz Andreu dijo...

Te diré que alguien que, como yo, confía tan escasamente en el ser humano, no puede evitar ver el movimiento "15-M/DRY/como lo queramos llamar" con bastante escepticismo. Sin embargo, por otra parte, tampoco he podido evitar cierta sensación esperanzadora por los recientes acontecimientos. En esa permanente contradicción vivo... snif.

Javier Moreno Vilaplana dijo...

Pues así lo vivo yo también. Voy entusiasmado a manifestaciones y algunas asambleas, pero a menudo me horrorizo por lo que veo, oigo y siento (gregarismo del peor dicho sea de paso).

Isidro Pérez Abella dijo...

Cuando la gente usa la palabra real no lo hace en el sentido de real opuesto a lo ficticio o inexistente sino a lo real como "verdad", como "auténtico"; cosas del lenguaje. Y así lo entiende todo el mundo.
Yo me apunté al grupo de mi barrio y recibo cumplida cuenta de actas, movilizaciones, actividades, conferencias, y demás asuntos. No acudo a las asambleas ni, tengo que decirlo, colaboro activamente en nada , salvo en algún comentario o desacuerdo que manifiesto ante algunos correos que me vienen ya comentados.Porque el más activo y comprometido personaje informativo y es un individuo que gusta de mandar cosas (a veces de gran interés ) pero las comenta. Y escribe cosas tales como la última que he recibido y que paso a exponer:"Las consecuencias del proceso de Gentrificiación se dejan ver en un espacio público mercantilizado, vacío de vida social y comunitaria, tomado por la policía como única solución a los problemas sociales del barrio, y más concretamente, a la expulsión de los vecinos pobres, para sustituirlos por vecinos ricos...eso si, como muchos de esos nuevos vecinos de clase media-alta son gays, la zona ha sido etiquetada de "bohemia" y progre....aunque hayan eliminado todo elemento subersibo y contrario a la lógica mercantil...."

A mi no me gusta decirle a la gente que aprenda a escribir antes de a difundir, (yo mismo, muchas veces y por precipitación o lapsus cometo errores sintácticos y ortográficos) pero esta persona y otras como ella, demuestran no haber entendido lo más básico.
Este individuo, en los primeros conflictos de Barcelona, instó a no confundir resistencia con pasividad, ignorando el sagrado principio de "violencia nunca" y empañando los esfuerzos de muchos compañeros por explicar e informar a la gente de cosas importantes. Sin mencionar los bulos que le cuelan y que él lanza sin comprobar para luego tener que desdecirse.
Mucha gente se ha borrado ya de las listas.

Agustín Sanz Andreu dijo...

Estoy empezando a plantearme que en este artículo he plantado un árbol que no permite ver el bosque. Claro que soy consciente del significado que se le da a la palabra "real" en este caso. Y ni reprocho su uso ni pretendo corregir a nadie. ¿De verdad no se ve que esa oposición real/de verdad, que tan sólo ocupa seis líneas del texto, no es más que una excusa para desarrollar lo que sí es el tema principal del artículo, que es muy otro (o más bien otros) y ocupa las veinticinco líneas restantes?

Si alguien hubiera escrito ese texto auténticamente con la intención que parece que se me está achacando, yo le hubiera realizado otra crítica: en un eslogan reivindicativo se ha de buscar, como uno de sus principales objetivos, la inmediatez y el impacto, lo cual se logra en parte gracias al aspecto estético del lenguaje, y en parte recurriendo a términos que tengan las resonancias adecuadas para el receptor. El eslogan "democracia real ya" cumple perfectamente esos criterios, mientras que uno que fuera "democracia de verdad ya" los ignoraría en buena medida y, sin duda, sería inmediatamente lanzado a la papelera de las ideas infames por cualquier publicista. Un eslogan como ese no es el lugar para defender a ultranza la corrección lingüística ni la fidelidad al auténtico sentido de las palabras, y habría que ser tremendamente pedante (que no es que yo no lo sea, pero no hasta ese extremo) y entender muy poco de lo más básico (como expresas perfectamente tú mismo) para no ver tal cosa.

En una segunda versión de esta respuesta, mucho más breve, podría haber dicho simplemente, adoptando las célebres palabras de Ortega: no es eso, no es eso...

Isidro Pérez Abella dijo...

Claro que sí, Agustín, hombre de Dios, a poco que se te conozca (se te lea), se sabe perfectamente que acostumbras a usar "excusas" como inicio para desarrollar reflexiones propias, que hilas con gran habilidad y un muy buen uso del lenguaje.
Lo que pasa es que algunos superficiales (como yo) usamos a nuestra vez el grano de tus exposiciones para soltar alguna observación que venga a cuenta más o menos, sin más ánimo que el de compartir la propia vivencia del asunto.
Comprendo que pueda resultar frustrante. No es eso, o al menos...no es sólo eso. Lo sabemos.

No obstante ¿no crees que si nos convirtiéramos en los gobernados que debiéramos ser no necesitaríamos gobernantes?

Agustín Sanz Andreu dijo...

Vale, Isidro.

J.V dijo...

Reafirmo lo que dice, Javier Moreno:"Los puntos mínimos (los realmente integradores y plurales) fueron lanzados a la basura a las primeras de cambios. Quienes los propusieron fueron llamados sabotadores"
Puntos muy interesantes y pueden cambiar el sistema, no tienen cabida en sus super asambleas de asambleas, para establecer si se hace una asamblea, pierden el tiempo, ya que no tienen ni nada mejor que hacer, ni ideas rotundas que proponer. Indignados; pero con iphone.

Agustín Sanz Andreu dijo...

Bienvenido al blog y gracias por comentar. Esperamos seguir viéndote por aquí.

J.V dijo...

Gracias Agustín, en cantado de poder participar.

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