martes, 16 de agosto de 2011

¿POR QUÉ NADIE ME ENTIENDE? (REFLEXIONES DE UN PATÉTICO LLORICA)





Hay ocupaciones que pasan desapercibidas, que no llaman especialmente la atención. Si ante una persona que te acaban de presentar dices que eres fontanero, abogado, camarero o químico, no hay mayor problema (como seas  informático sí, pero ese es otro tema), pero si dices que eres "profesor de filosofía" ya puedes esperar como mínimo un enarcamiento de cejas y, en ocasiones, hasta alguna exclamación (me refiero a cosas como "¡vaya!", no como "¡me cago en tu padre!", que también puede darse el caso pero es menos habitual). Es más o menos como si dijeras que eres cura o prostituta/o (sin pretender equiparar en ningún sentido ambos desempeños, ni ninguno de ellos con el de filósofo). A partir de esta constatación se podrían derivar muchas conclusiones todas las cuales merecerían un comentario. Una de ellas es que se delata que mucha gente tiene una idea bastante equivocada de lo que es la filosofía, lo cual se confirma en aquellos casos en que la réplica es algo como "ah, filosofía, a mí también me interesa mucho. El otro día me compré un libro sobre viajes astrales" (prometo que esto es verídico). Pero es otra cosa en la que me quiero centrar aquí: la gente tiene una idea bastante equivocada también acerca de quién es y cómo es alguien que se dedica a la filosofía. Realmente, en ocasiones te dan ganas de exclamar, emulando a Joseph Merrick, aquello de "yo también soy humano". Bueno, o como Shylock lo de "acaso no sangramos si nos herís", si queremos algo más "alta cultura" ("haute couture"). ¿A qué viene todo esto? Pues, evidentemente, a una de mis inquietudes íntimas que difícilmente puede interesar a nadie que dé en leer esto. Observo con frecuencia que el hecho de que te dediques a la filosofía (sea lo que sea la "filosofía" y sea lo que sea "dedicarse" a ella, que discernir estas cosas ya daría para otro artículo), condiciona sobremanera la mirada de los demás. De muchos modos distintos. Para empezar está el que, sólo con ese dato, ya se da por supuesto que has de ser un pedante, un soberbio, un prepotente y alguien que se cree más listo que los demás (vamos, un auténtico gilipollas). De tal manera que cualquier cosa que digas, y que en boca de otro no hubiera sido objeto de semejante juicio, ya te merece esos calificativos por el mero hecho de partir de uno ("Chaval, otra caña", "Qué pedante"... por ejemplo). Ello se plasma a menudo en el tonillo sarcástico de frases como "claro, como tú eres filósofo...", o al tratarte como "el profesor Agustín" no de una manera neutra sino remarcando determinada intención acusatoria. En los comentarios de este mismo blog hay varias muestras de lo anterior. Acaba sucediendo que uno no se atreve a expresar en voz alta ante familiares, amigos o conocidos ningún parecer o reflexión para no provocar rechazo o simplemente mofa, y termina dialogando tan sólo con sus colegas en una suerte de endogamia intelectual... o recurriendo onanísticamente a crear un blog, por decir algo. Oiga, sí, es cierto, uno es un pedante, un soberbio, un prepotente y alguien que se cree más listo que los demás (vamos, un auténtico gilipollas), pero no porque se dedique a lo que se dedica; uno seguiría siendo un pedante, un soberbio, un prepotente y alguien que se cree más listo que los demás (vamos, un auténtico gilipollas) aunque se dedicase a la cría del mejillón. Uno no puede evitar acabar concluyendo que todo esto no responde sino a una especie de sentimiento de inferioridad ajeno ante "el profesor" o "el filósofo" o ambas cosas en combinación, sentimiento de inferioridad que inmediatamente calificaré como totalmente injustificado, más que nada para que no se me tache de soberbio (o gilipollas). Luego tenemos la cuestión de que hay quien considera que uno debe pensar de una determinada manera o adoptar determinadas actitudes de manera forzosa debido a su ocupación, y de darse lo contrario se te acusa de incoherente o incluso hipócrita. Esto sí que es no entender qué es la filosofía (¿pero la filosofía es algo?). Si algo tiene la filosofía es que no ata a ningún contenido, idea o actitud en particular. ¡Puedes pensar y opinar lo que te salga de los cojones! ¿Está claro? Cuidado, no estoy diciendo en absoluto que todas las ideas sean igualmente válidas, sino que no existe ninguna que el hecho de sostenerla sea incompatible con la actividad filosófica o la filosofía como disciplina. Con la filosofía es compatible hasta negar la filosofía, como hicieran, por ejemplo, Wittgenstein, parcialmente, o Cioran, totalmente. En fin, podría decir muchas cosas más pero he de ponerme a preparar los macarrones, que mi vástago ya ha empezado a dar mordiscos a las patas de la mesa. En torno a la distorsión de lo que han de ser la filosofía y quienes se dedican a ella, otro día hablaremos de quienes se creen capacitados para desarrollar teorías "filosóficas" (determinados foreros, sin ir más lejos, y no miro a nadie) sólo por haber leído un par de libros mal digeridos. O de la huera palabrería (por no decir la suma tontería) de quienes siguen actualmente la tradición de la llamada filosofía continental (no todos, que nadie se me ofenda, pero sí muchos que lo hacen de cierta manera), los cuales son pedantes hasta para mí, que ya lo soy (y gilipollas, recuerdo). Quizás sean ellos, los primeros y los segundos, los auténticos culpables del sentir generalizado que aquí describíamos.


¡LEED, LEED, MALDITOS!





Fieles a la vocación de servicio público que nos caracteriza, aquí te ofrecemos una compilación de sitios web donde podrás encontrar un montonazo de libros que se pueden descargar gratuitamente. Échales un vistazo tú mismo para hacerte una idea, que yo no me voy a detener en darte muchos detalles; estamos de vacaciones, hace mucha de calor y se me empieza a derretir el hielo de la caipiriña, además de que mi cohorte de ninfas me está reclamando insistentemente para retozar en las transparentes y cálidas aguas marinas que tengo frente a mí. Sólo diré que se trata de textos en sus versiones íntegras, que recorren temáticas que me interesan a mí (y que, si estás visitando este blog, deduzco que también te pueden interesar a ti en alguna medida), que entre algunas cosas prescindibles también puedes encontrar muchos títulos fundamentales y que te insto a que NO te descargues ninguno, porque ya sabes que eso está feo y es caca. A ver si tú tienes el tiempo que a mí me falta para explorar a fondo semejante cúmulo de sabiduría, que yo he de volver a mi caipiriña y restantes obligaciones que ya he mencionado más arriba; qué suerte tenéis algunos de poder dedicaros a leer. Ah, y no te lleves a la playa (bueno, mejor no te lo lleves a ningún sitio) el Ser y tiempo de Heidegger; se dice por ahí que la radiación solar ultravioleta puede producir en él efectos atroces; tampoco lo mojes ni le des de comer después de la medianoche.










Aquí un servidor de ustedes inmerso en la ardua labor de la reflexión filosófica canicular.


martes, 2 de agosto de 2011

¿QUÉ DEMOCRACIA REAL?





A lo largo de mi vida he conocido a muchas personas que valoraban como tibieza en el grado de "rebeldía" o "radicalidad" el hecho de considerar la democracia como un sistema válido y deseable. Me temo que también yo, en algunos momentos de mis ya lejanas adolescencia y primera juventud, juzgué así las cosas. Con el transcurso de los años, uno va perdiendo en pasión y ganando en desencanto pero, indudablemente, piensa más y mejor. Sospecho que, en muchos casos, aquellos que reniegan de la democracia (al menos desde determinado polo ideológico, ese con el que yo me haya podido tratar; al otro ni me acerco por motivos higiénicos) no están rechazando sensu stricto tal sistema de organización política en su aspecto teórico, sino su puesta en práctica efectiva tal como la conocemos y hemos conocido. Esto es: no "la" democracia, sino "las" democracias. La primera constituiría el ideal; las segundas, su concreción particular en esta o aquella nación, en ese o el otro momento histórico. ¿Cuál de ambas sería la democracia "real"? Si dijéramos que la primera, quizás estaríamos haciendo alarde de platonismo, y no quisiera uno incurrir en semejante desatino. En consecuencia, no sé hasta qué punto estoy de acuerdo con ese lema que reclama "democracia real". Porque bien se podría responder: no, oiga, precisamente la democracia real es la que tenemos (o padecemos), es decir, la que se da en la realidad, nuestra democracia de facto; lo que usted reivindica no es sino una democracia que mejore y supere esa realidad. O sea, no la democracia "real", sino una democracia "de verdad". Porque una democracia de verdad, en contra de lo que puedan pensar algunos (incluido uno de mis "yos" del pasado, como ya dije) es, sin duda, y como ya expresara Churchill, el menos malo de los sistemas posibles. Otro personaje que nos resulta mucho más cercano que el anteriormente mentado, Popper, lo explica con mayor elegancia y precisión en su teoría de la "sociedad abierta": ningún sistema político puede estar a salvo de errores, por el simple e ineludible motivo de que el ser humano no lo está, pero la democracia (la de verdad, queremos decir) es el único de los sistemas políticos que incluye de manera estructural mecanismos autorregulativos y autocorrectivos que permiten identificar y corregir sus propios errores. Ello jamás va a suponer una vía para alcanzar una imposible perfección, pero sí posibilitará una mejora de carácter asintótico. Personalmente, entiendo que eso es lo que hay que defender: no la democracia real sino una democracia de verdad, en la que los "representantes" del pueblo, elegidos por éste, de verdad le representen, en la que la voluntad popular sea tenida en cuenta de verdad, en la que de verdad se abogue por el interés común sin que los intereses particulares queden sojuzgados siempre y cuando no entren en inevitable conflicto con aquél (cosa que no necesariamente ha de suceder tan a menudo como algunos quieren hacernos creer), en la que de verdad sean respetadas la pluralidad y las minorías, y en la que, sobre todo, el ciudadano asuma el papel que de verdad le corresponde, esto es, el de soberano, eludiendo la abulia y el conformismo, la dejación de responsabilidades, el escaso interés por informarse y formarse políticamente, la falta de reflexión y de sentido crítico,... Pues no conseguiremos tener los gobernantes que de verdad necesitamos mientras no nos convirtamos en los gobernados que de verdad debiéramos ser.

Y NUESTRAS MÁS RECIENTES OCURRENCIAS...



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