miércoles, 22 de junio de 2011

UTOPÍA



Utopía, desde Moro, es el lugar que no se encuentra en ningún lugar, la plasmación del sueño inalcanzable pero no por ello menos deseable (o, quizás, más deseable precisamente por inalcanzable). ¿Para qué la utopía? Dice un adagio budista que "el camino es la meta". Avanzar indefinidamente sólo es posible si jamás se alcanza el fin perseguido, y sólo con vistas a un fin inalcanzable es posible avanzar indefinidamente.

En palabras de Fernando Birri, popularizadas por Eduardo Galeano y a menudo atribuidas erróneamente a éste:

"La utopía está en el horizonte, y entonces si yo ando diez pasos la utopía se aleja diez pasos, y si yo ando veinte pasos la utopía se coloca veinte pasos más allá. Por mucho que yo camine nunca la alcanzaré. Entonces, ¿para qué sirve la utopía? Sirve para eso, para caminar".




viernes, 17 de junio de 2011

MR. POPPER NOS LIMPIA LAS IDEAS





Antidogmatismo, crítica y autocrítica radicales, modestia y prudencia intelectuales, sin miedo al error sino abrazándolo como a un aliado, el rechazo de las verdades absolutas como único camino hacia la verdad, la mejora continua e inacabable en el conocimiento, una "búsqueda sin término"...

"El aumento del conocimiento depende por completo de la existencia del desacuerdo."

"Hay que estar contra lo ya pensado, contra la tradición, de la que no se puede prescindir, pero en la que no se puede confiar."

"La ciencia será siempre una búsqueda, jamás un descubrimiento real. Es un viaje, nunca una llegada."

"La razón no es todopoderosa, es una trabajadora tenaz, tanteadora, cauta, crítica, implacable, deseosa de escuchar y discutir, arriesgada."

"La verdadera ignorancia no es la ausencia de conocimientos, sino el hecho de negarse a adquirirlos."

"Lo que caracteriza al hombre de ciencia no es la posesión del conocimiento o de verdades irrefutables, sino la búsqueda desinteresada e incesante de la verdad."

"Nuestro conocimiento es necesariamente finito, mientras que nuestra ignorancia es necesariamente infinita."

"Yo puedo estar equivocado y tú puedes tener la razón y, con un esfuerzo, podemos acercarnos los dos a la verdad."


Karl R. Popper dixit.

    COGITO




    jueves, 16 de junio de 2011

    VOLTAIRE: "CÁNDIDO O EL OPTIMISMO"








    Voltaire.
    Cándido o el optimismo
    (Candide ou l'optimiste).
    Traducción de 
    Leandro Fernández de Moratín.
    Edición: Colección Los Libros de Sísifo, Edhasa, Barcelona, 2004.


    Este texto de 1759 es una narración breve representativa de lo que daríamos en llamar "novela filosófica", género dentro del cual se encuadran muchas de las obras de Voltaire y que por lo tanto constituye un importante subconjunto de su producción, prolífica y variada. Hablamos de textos narrativos en los que a través de las andanzas, pensamientos y caracteres de los personajes se transmiten determinadas ideas sobre el mundo y la sociedad; por lo tanto, de carácter claramente didáctico y moralizante. Es de suponer que un medio que el autor, en su militancia ilustrada, consideraba adecuado como herramienta para educar a los hombres de su época.
           La estrategia utilizada por Voltaire en esta obra, como en otras de su autoría (por ejemplo, El ingenuo), es la de presentar un personaje con una marcada peculiaridad de carácter la cual supone que en él se encarnen una serie de ideas e, incluso, una determinada concepción de la existencia. La confrontación con el mundo de tal personaje y, a través de su figura, de lo que en él se encuentra representado, servirá al autor como recurso para presentar como motivo de reflexión tanto la idiosincrasia del protagonista como los hechos que se van sucediendo a su alrededor, lo cual servirá para poner en evidencia y criticar una serie de fenómenos de carácter moral y social.

    Aquí, el personaje principal es Cándido, un joven residente en un castillo que debido a ciertas circunstancias es expulsado del mismo, con lo que comienza para él una serie de peripecias que le llevarán a través de distintos países, le harán trabar contacto con personajes diversos y le colocarán en muy diversas situaciones.
           La cosmovisión sometida a examen en esta obra es la que se caracteriza por el "optimismo" que aparece en su título. Cándido es discípulo de Pangloss, un filósofo que sigue las teorías de Leibniz (no siendo este personaje literario, en realidad, sino una caricatura del propio Leibniz), una concepción de la realidad dominada por el principio de razón suficiente y la convicción acerca de que vivimos en el mejor de los mundos posibles ("Enseñaba Pangloss la metafísica-teólogo-cosmólogo-nigología, y demostraba a maravilla que no hay efecto sin causa, y que en este mundo, el mejor de los mundos posibles, el castillo del señor barón era el más hermoso de todos los castillos, y su señora parienta la mejor de todas las baronesas posibles, habidas y por haber").
         La salida del entorno enclaustrado y protector del castillo supondrá para Cándido, como para el buda Gautama, un enfrentamiento forzoso con la realidad del mundo, de la que antes se encontraba aislado: las ideas que Pangloss le inculcara serán puestas a prueba al ser confrontadas con las múltiples desgracias a que será sometido y con los defectos morales de los seres humanos, que le habrán de llegar a parecer generalizados y esenciales a nuestra especie. Todo lo que le acontece a Cándido a lo largo de sus correrías no es más que una sucesión de desdichas en las que es engañado y maltratado por todos los individuos que encuentra en su camino, así como por el azar y la misma naturaleza (es víctima del famoso terremoto que en la realidad histórica se produjo en Lisboa en noviembre de 1755). Sus diversas experiencias acaban haciendo inaceptable para Cándido la idea de que éste es "el mejor de los mundo posibles", perdiendo progresivamente la ingenuidad y el optimismo inculcados por Pangloss y pertrechado con los cuales había comenzado sus andanzas.

    Por tanto, en esta obra el oponente filosófico de Voltaire es Leibniz, cuyo optimismo cósmico es criticado a lo largo de toda la narración, y cuyas ideas, asumidas inicialmente por Cándido, serán finalmente abandonadas por éste en tanto absurdas y falsas, siendo la propia realidad la que se encargue de refutar esas teorías.
         Frente al racionalismo leibniziano, Voltaire se encuadra más bien en el empirismo, como nos dice Copleston en su Historia de la filosofía: "Voltaire ha recibido la mayoría de sus ideas filosóficas de autores como Bayle, Locke y Newton, y tuvo sin ninguna duda mucho éxito al presentarlas en escritos lúcidos y agudos, haciéndolas comprensibles para la sociedad francesa. Pero no fue un filósofo profundo. Aunque influido por Locke, no era un filósofo de la misma categoría (...)".
          El propio Voltaire recorrería un camino intelectual similar al de su personaje pues, inicialmente influido por Leibniz, sería el suceso desastroso del terremoto de Lisboa de 1755 lo que impondría a su atención el problema del mal en el mundo, llevándole a replantearse sus ideas sobre éste hasta un alejamiento de la perspectiva de Leibniz sobre la cuestión. El mismo acontecimiento del terremoto aparece en la novela y es vivido por su protagonista, el cual, como Voltaire, cambiará, a raíz de ello y de otras experiencias por las que va discurriendo a lo largo de sus peripecias, sus ideas sobre el mal en el mundo y la validez de la idea leibniziana de que nos encontramos en "el mejor de los mundos posibles".

    A lo largo de la narración, Voltaire aprovechará las aventuras del protagonista para criticar, siempre de modo sarcástico y ligeramente humorístico, diversos estamentos y tipos sociales (clero, nobleza, ejército,...), así como la misma condición humana. Ni siquiera otros pensadores de la Ilustración se salvan de la quema: en un determinado momento de la historia, Cándido arriba a la tierra de los "indios orejones", cuyo primer y único impulso hacia el extraño es el afán de devorarlo. Frente al buen salvaje de Rousseau, ésta es la naturaleza humana en estado puro que nos presenta Voltaire. También la idiosincrasia de los franceses es objeto de dura crítica, en un capítulo que se dedica en exclusiva a esta cuestión.
          La filosofía y los filósofos son satirizados en la figura de Pangloss, terco en su defensa de unas ideas que son contradichas claramente por los hechos, exhibiendo un dogmatismo que desdice aquello que debería imponerse en el caso del filósofo: la búsqueda de la verdad a través de la crítica y la autocrítica ("Siempre sostendré la misma doctrina -respondió Pangloss-; porque al fin soy filósofo y no me debo retractar. Leibniz no pudo equivocarse, y por otra parte su armonía prestabilita, la privación del vacío y la materia sutil, son la más linda cosa que jamás inventaron los hombres.").
          Sin embargo, son quizás la religión y la Iglesia los objetos de crítica a los que Voltaire se aplica con más saña y frecuencia. Algo no extraño en un individuo profundamente anticlerical y anticristiano (aunque no ateo ni agnóstico, sino deísta) y que parecía haber escogido a aquéllas como sus principales enemigas.

    A lo largo de la historia destaca, como punto culminante, la llegada de Cándido a la tierra de El Dorado. Se trata de un lugar idílico, pleno de riquezas materiales y bondades en sus habitantes, cuya excelencia destaca aún más por contraste con los horrores que Cándido ha tenido que experimentar en los lugares hasta ese momento visitados en su periplo. Esta parte del texto adopta la forma y el tono propios de la literatura utópica, y se podría considerar, a pesar de su brevedad, la contribución de Voltaire a este género a que tan proclives eran los autores de su época: en sólo dos capítulos, el autor describe los distintos aspectos de esa sociedad, con la intención crítica y moralizante que posee toda utopía.

    En la conclusión de la historia, Cándido y sus amigos (o más bien lo que queda de ellos, tras el desgaste físico y emocional que les han supuesto sus desventuras) hallan la paz en el retiro campestre. Pero la felicidad que consiguen es una felicidad modesta, alejada de todo ideal, de todo romanticismo: la única felicidad, parece decirnos Voltaire, a la que realmente podemos aspirar y por tanto con la que hemos de conformarnos.
          En Los libros de los filósofos, de BRIA, LL. y otros (Ariel, 2004, 2ª ed.), la conclusión de la obra se expone de la siguiente manera: "Cándido se casa con Cunegunda a pesar de su fealdad, renunciando para siempre al ideal, a la utopía que había marcado su azarosa vida. La 'moral de la huerta' que preside la vida cotidiana en la alquería es la enseñanza suprema de Voltaire, que se plasma en tres aspectos: el fin de la utopía, el hallazgo de la tranquilidad y la redención por el trabajo. Atrás queda el mundo hostil y atribulado, que ha enseñado a Cándido la lección de la resignación, tal vez la renuncia a pensar y a soñar, para hallar la calma. La ironía de Voltaire ha pincelado un mundo al revés, que no era otro que el 'mejor de los mundos posibles' dibujado por Leibniz, donde todo ocurre en virtud de una razón suficiente y según la relación de causalidad, pero marcado por la siniestralidad de la naturaleza, por la ignominia de las instituciones sociales y políticas, por la maldad natural de los hombres. Todo es intolerancia, violencia e iniquidad: tan sólo queda el repliegue en la privacidad de la alquería, la renuncia social, si se quiere encontrar la calma que el mundo niega. Sólo queda la renuncia a los ideales utópicos para encontrarse de nuevo con el sentido simple de la vida; con la única felicidad posible, la de las cosas sencillas".
         Como se expresa perfectamente en la frase que cierra la narración, con la que Cándido responde con un aparente hastío y un claro espíritu de renuncia a un último intento por parte de Pangloss de interpretar filosóficamente todo lo que les ha acontecido: "Todo eso es muy bueno, pero lo que importa es no disertar, no argüir y cultivar la huerta".

    Acabamos con unas palabras de Madame de Staël: "Sentía tanto Voltaire la influencia que los sistemas metafísicos ejercen sobre la opinión general, que para combatir a Leibniz compuso Candide. Tomó en animadversión las causas finales, el optimismo, el libre albedrío, en una palabra, todas las opiniones filosóficas que realzan la dignidad del hombre, e hizo Candide, una obra de infernal alegría".  

    viernes, 3 de junio de 2011

    EL GENIO DE DARWIN




    Ya sabes que de vez en cuando nos complace invitarte al cine, aunque seas tú quien haya de poner las palomitas. En esta ocasión, hemos seleccionado para nuestra programación el excelente documental El genio de Darwin (The genius of Charles Darwin), serie televisiva de tres episodios producida en 2008 para el Channel 4 británico con ocasión del 150 aniversario de la publicación de El origen de las especies. Richard Dawkins lleva a cabo un recorrido a través de diversos temas relacionados con la teoría evolutiva tomando como punto de partida la figura de Darwin y su obra seminal El origen de las especies, y derivando hacia las implicaciones morales y sociales del planteamiento evolucionista. Dawkins, darwinista confeso, no oculta aquí su admiración por el histórico científico, y la visión que nos ofrece del mismo y de las consecuencias de sus descubrimientos adopta el enfoque que le interesa personalmente. Por lo tanto, tal vez estamos ante un trabajo dirigido principalmente a quienes estén interesados en la obra y el pensamiento de Dawkins más que específicamente en Darwin o el evolucionismo en sí mismos.

    Como hemos dicho, se trata de tres episodios, cada uno de los cuales vamos a encontrar dividido en varias partes. Insertaremos la primera parte de cada uno de ellos para que puedas ver una muestra sin necesidad de salir de esta tu casa, y a continuación pondremos los enlaces a través de los que puedes acceder a las partes restantes.


    Primer episodio: "La vida, Darwin y todo lo demás".

    Aquí Dawkins expone las líneas básicas de la aportación darwiniana. Se trata posiblemente del menos interesante de los tres episodios, en tanto que lo que en él se nos cuenta es algo ya bien conocido por todos. No obstante, son de destacar la claridad y capacidad sintética con que es explicada la teoría de la selección natural, por lo que su visionado resultará especialmente apropiado para quien no la conozca o no haya acabado de comprenderla. En cualquier caso, se trata de un contenido necesario para introducir lo que aparecerá en los siguientes episodios. Dawkins adopta como estrategia expositiva la de hacerse acompañar por un grupo de estudiantes, entre los que se encuentran algunos negacionistas de la evolución, para convencerles de que este fenómeno es un hecho; al mismo tiempo que a ellos, nos mostrará las evidencias a los espectadores. A destacar, de entre los entrevistados, la presencia de  Craig Venter.

    Esta es la primera parte:


    La segunda parte, la tercera, la cuarta y la quinta


    Segundo episodio: "El quinto primate".

    Dawkins pasa a tratar la cuestión de la inclusión de la especie humana en el modelo evolucionista, con las implicaciones morales y sociales que ello conlleva. Se manifiesta como radicalmente contrario al darwinismo social, ofrece una explicación de las conductas altruistas desde el punto de vista evolutivo y nos habla de su obra El gen egoísta, donde expone esta su teoría, generadora de un encarnizado debate desde su aparición y a menudo tan malinterpretada por sus detractores. Incluye un diálogo con Frans de Waal, uno de los más destacados opositores a la susodicha teoría. Entre los invitados, otras personalidades científicas tan de primera línea como Richard Leakey o Steven Pinker.

    Esta es la primera parte:


    La segunda parte, la tercera, la cuarta y la quinta


    Tercer episodio: "Dios contraataca".

    Trata uno de los temas recurrentes en Dawkins: el rechazo del evolucionismo desde el pensamiento religioso. Desfilan una serie de defensores del creacionismo o del diseño inteligente cuyas palabras ponen en evidencia que su postura se basa, además de en su fe, en un flagrante desconocimiento de la teoría evolutiva. Especialmente sangrante es el caso de un profesor de química creacionista, personaje al que se le debería suponer un talante científico. E impagable la secuencia de Dawkins leyendo en su correo electrónico las reacciones de creyentes furibundos ante la publicación de su conocida obra El espejismo de Dios. A destacar en este caso la aparición de Daniel Dennett.

    Esta es la primera parte:


    La segunda parte, la tercera, la cuarta y la quinta



    Para terminar, hemos de decir que disponemos de este documental gracias a la web DocuCiencia, la cual recomendamos desde aquí.

    Que aproveche.





    Y NUESTRAS MÁS RECIENTES OCURRENCIAS...



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