jueves, 31 de marzo de 2011

SACKS: "UN ANTROPÓLOGO EN MARTE"







Oliver Sacks.
Un antropólogo en Marte. Siete relatos paradójicos
(An anthropologist on Mars. Seven paradoxical tales).
Traducción de Damián Alou.
Año de publicación: 1995.
Edición: Colección Compactos, Anagrama, Barcelona, 2001.


Sacks, neurólogo clínico, es autor de numerosas obras de divulgación sobre su especialidad. La que nos ocupa recoge la narración de siete casos de disfunciones neurológicas tratados o conocidos de manera directa por el propio autor. Están narrados en clave literaria, de manera amena y accesible pero al mismo tiempo rigurosa y con abundancia de información técnica.

Tal como él mismo manifiesta en el Prefacio, a Sacks le interesa poner de manifiesto el carácter de experiencia vivencial alternativa que subyace en las enfermedades neurológicas, que en muchos casos no tienen por qué suponer una tara en la vida de quien las padece sino que pueden considerarse más bien como un modo alternativo y particular de experimentar la realidad, no por ello menos válido que el de las personas normales e incluso, en algunos casos, enriquecedor y totalmente asumido por el paciente como algo propio de sí, como su particular forma de ser (esto queda especialmente patente en los casos del pintor con acromatopsia que gracias a ello encuentra nuevas formas de expresión artística -El caso del pintor ciego al color-, o en el caso de la autista cuyos peculiares mecanismos mentales, producto de su enfermedad, le permiten ser una eminencia en el terreno de la ingeniería –Un antropólogo en Marte). Se dice en la contraportada: “La tesis que mantiene el autor es que no se trata tanto de curarse de la enfermedad –pues algunas de las que aquí aparecen (...) no admiten el concepto de curación— sino de aprender a vivir con ella, a pesar de lo grotescos que puedan ser algunos síntomas, de lo diferente que pueda sentirse el paciente de los así denominados normales.”  Este punto de vista sirve, al mismo tiempo, para poner de manifiesto la extraordinaria capacidad adaptativa del ser humano, en este caso a través de la plasticidad que posee su sistema nervioso para reorganizarse en función de las necesidades del organismo y de “su necesidad, por encima de todo, de construir un yo y un mundo coherentes, sean cuales sean los trastornos o defectos del funcionamiento cerebral que puedan acontecerle” (Prefacio).

“En este sentido, hay defectos, enfermedades y trastornos que pueden desempeñar un papel paradójico, revelando capacidades, desarrollos, evoluciones, formas de vida latentes, que podrían no ser vistos nunca, o ni siquiera imaginados en ausencia de aquellos. Es la paradoja de la enfermedad, en este sentido, su potencial creativo, lo que condiciona el tema central de este libro.
      Así, del mismo modo que podemos quedar horrorizados ante los estragos que causa el desarrollo de una enfermedad o trastorno, también podemos verlos como algo creativo, pues aun cuando destruyen unos procedimientos particulares, una manera particular de hacer las cosas, puede que obliguen al sistema nervioso a crear otros procedimientos y maneras, que lo obliguen a un desarrollo y a una evolución inesperados. Este otro lado del desarrollo o enfermedad es algo que veo en potencia en casi todos los pacientes; y esto es precisamente, lo que me interesa describir (...) de hecho, a veces llego a preguntarme si no habría que redefinir los conceptos de salud y enfermedad para verlos no ya en los términos de una norma rígidamente definida, sino en términos de la capacidad del organismo para crear una nueva organización y un nuevo orden que encajen con su disposición y sus exigencias, tan especiales y alteradas” (Prefacio).

“Son estas las narraciones de siete metamórfosis provocadas por el azar neurológico, metamórfosis que han dado como resultado estados alternativos del ser, no menos humanos por ser tan distintos” (Prefacio).

Para conseguir llevar a cabo las intenciones anteriormente expuestas, el autor recurre frecuentemente a las descripciones realizadas por el paciente de sus propias vivencias, del modo particular de percibir la realidad que le impone su trastorno. Esta adopción del punto de vista del paciente se convierte, en la mayoría de los relatos, en un modo muy eficaz de hacer comprensibles al lector los síntomas del trastorno tratado.

“El estudio de la enfermedad exige al médico el estudio de la identidad, de los mundos interiores que los pacientes crean bajo el acicate de la enfermedad. Pero las realidades de los pacientes, las maneras en que ellos y sus cerebros crean sus propios mundos, no puede comprenderse totalmente a partir de la observación del comportamiento desde el exterior. Además de la aproximación objetiva del científico, debemos utilizar también la aproximación interdisciplinar, saltando, como escribe Foucault, `al interior de la conciencia mórbida, intentando ver el mundo con los ojos del propio paciente´ “ (Prefacio).

En cada uno de los relatos, al hilo del caso que los protagoniza, se expone abundante información adicional: otros casos del mismo tipo que el principal, investigaciones y tratamientos sobre el trastorno en cuestión, información general relacionada (por ejemplo, sobre los mecanismos de percepción del color en el relato sobre el caso de acromatopsia, sobre los mecanismos neurológicos de la memoria  en el relato sobre el caso de amnesia o sobre la inteligencia multifactorial en el relato sobre el autista savant).

Los casos narrados en cada uno de los respectivos capítulos del libro son los siguientes:

El caso del pintor ciego al color.

Caso de acromatopsia (ceguera al color) como resultado de una lesión cerebral.

El último hippie.

Caso de un tipo particular de amnesia, una disfunción de la memoria a largo plazo causada por un tumor cerebral: el paciente es capaz de grabar cada nueva información en su memoria sólo durante un período de minutos, mientras que recuerda como recientes, aunque hayan transcurrido años, acontecimientos anteriores al comienzo de su enfermedad (ya que, desde ese momento, no ha podido almacenar nueva información).

Vida de un cirujano.

Caso de síndrome de Tourette, trastorno consistente en la aparición de tics y compulsiones.

Ver y no ver.

Caso sobre las dificultades en el aprendizaje perceptivo visual de un ciego que recupera la vista quirúrgicamente.

El paisaje de sus sueños.

Caso en el que se combina la capacidad de memoria fotográfica con una fijación obsesiva.

Prodigios.

Caso de un autista, del tipo conocido como idiot savant, prodigiosamente dotado para el dibujo y la música.

Un antropólogo en Marte.

Caso de síndrome de Asperger, tipo particular de autismo leve caracterizado por no impedir a quien lo padece llevar una vida aparentemente normal.


2 comentarios:

Isidro dijo...

Este es un libro interesante y además fácil de leer. Aunque yo lo leí hace varios años recuerdo que los dos casos que más me llamaron la atención fueron el del ciego y el de el síndrome de la Tourrette.
Si no me equivoco , en el caso del ciego, en verdad no recupera la vista. Se operó por el cansino empeño de su mujer y no recuperó la vista pues su cerebro era incapaz de interpretar la información que recibia, y todos aquellos estímulos le resultaban insoportables. (con lo que la esperanza que siempre mantuve de que Laura ingels viera se esfumó).
No es por destripar la historia, pero me parece que se quedó como estaba y tan contento.

El caso del síndrome de la tourrette , si no fuera por lo que es, resultaba hasta cómico. El trastornado era cirujano, y aquellos tics imprevisibles tanto físicos como verbales no le impedían meterse en un quirófano, ni conducir ni nada de nada.

Ya digo, el libro es muy curioso.

De los últimos que ha escrito Sacks, tenemos "musicofilia", sobre los efectos de la música en los enfermos. Pero aquí su prosa se vuelve
más "espesa" (o el espeso soy yo) y no fuí capaz de pasar del comienzo.
Pero también es interesante.
Todo lo de Oliver Sacks es entretenido, la verdad.

Yo lo que me pregunto es como tendrá tiempo para ejercer su profesión, para escribir libros, dar conferencias y seguir investigando.
Como es natural Eduardo Punset lo trincó y le echó las redes en su casa de N.York y comenzó preguntándole por los helechos.
Se ve un buen hombre.

Ahora estoy de vacaciones forzosas y por eso comento aquí y en otros sitios con mucha frecuencia. Te ruego Agustín, me disculpes por ello.

Agustín Sanz Andreu dijo...

Nada que disculpar.

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