miércoles, 23 de febrero de 2011

LA ANÉCDOTA DE BOHR


La deriva por los meandros de Facebook me condujo recientemente a esta historia, publicada originalmente (al menos hasta donde ha llegado mi labor de rastreo) en el sitio web del periodista científico Manuel Calvo Hernando. Me ha parecido tan magnífica que no me he podido resistir a reproducirla. Además, estas entradas de copiar y pegar son tan cómodas...

Sir Ernest Rutherford, presidente de la Sociedad Real Británica y Premio Nobel de Química en 1908, contaba la siguiente anécdota:
"Hace algún tiempo, recibí la llamada de un colega. Estaba a punto de poner un cero a un estudiante por la respuesta que había dado en un problema de física, pese a que éste afirmaba con rotundidad que su respuesta era absolutamente acertada. Profesores y estudiantes acordaron pedir arbitraje de alguien imparcial y fui elegido yo. Leí la pregunta del examen: "Demuestre como es posible determinar la altura de un edificio con la ayuda de un barómetro". 
   El estudiante había respondido: "lleve el barómetro a la azotea del edificio y átele una cuerda muy larga. Descuélguelo hasta la base del edificio, marque y mida. La longitud de la cuerda es igual a la longitud del edificio". Realmente, el estudiante había planteado un serio problema con la resolución del ejercicio, porque había respondido a la pregunta correcta y completamente. Por otro lado, si se le concedía la máxima puntuación, podría alterar el promedio de su año de estudios, obtener una nota mas alta y así certificar su alto nivel en física; pero la respuesta no confirmaba que el estudiante tuviera ese nivel. Sugerí que se le diera al alumno otra oportunidad. Le concedí seis minutos para que me respondiera la misma pregunta pero esta vez con la advertencia de que en la respuesta debía demostrar sus conocimientos de física. 
   Habían pasado cinco minutos y el estudiante no había escrito nada. Le pregunté si deseaba marcharse, pero me contestó que tenía muchas respuestas al problema. Su dificultad era elegir la mejor de todas. Me excusé por interrumpirle y le rogué que continuara. En el minuto que le quedaba escribió la siguiente respuesta: coja el barómetro y láncelo al suelo desde la azotea del edificio, calcule el tiempo de caída con un cronómetro. Después aplique la formula altura = 0,5 A por T2. Y así obtenemos la altura del edificio. En este punto le pregunté a mi colega si el estudiante se podía retirar. Le dio la nota más alta. 
    Tras abandonar el despacho, me reencontré con el estudiante y le pedí que me contara sus otras respuestas a la pregunta. Bueno, respondió, hay muchas maneras, por ejemplo, coges el barómetro en un día soleado y mides la altura del barómetro y la longitud de su sombra. Si medimos a continuación la longitud de la sombra del edificio y aplicamos una simple proporción, obtendremos también la altura del edificio. Perfecto, le dije, ¿y de otra manera? Sí, contesto, este es un procedimiento muy básico para medir un edificio, pero también sirve. En este método, coges el barómetro y te sitúas en las escaleras del edificio en la planta baja. Según subes las escaleras, vas marcando la altura del barómetro y cuentas el numero de marcas hasta la azotea. Multiplicas al final la altura del barómetro por el numero de marcas que has hecho y ya tienes la altura. Este es un método muy directo. Por supuesto, si lo que quiere es un procedimiento mas sofisticado, puede atar el barómetro a una cuerda y moverlo como si fuera un péndulo. Si calculamos que cuando el barómetro está a la altura de la azotea la gravedad es cero y si tenemos en cuenta la medida de la aceleración de la gravedad al descender el barómetro en trayectoria circular al pasar por la perpendicular del edificio, de la diferencia de estos valores, y aplicando una sencilla fórmula trigonométrica, podríamos calcular, sin duda, la altura del edificio. En este mismo estilo de sistema, atas el barómetro a una cuerda y lo descuelgas desde la azotea a la calle. Usándolo como un péndulo puedes calcular la altura midiendo su periodo de precisión. En fin, concluyó, existen otras muchas maneras. Probablemente, la mejor sea coger el barómetro y golpear con él la puerta de la casa del conserje. Cuando abra, decirle: 
-Señor conserje, aquí tengo un bonito barómetro. Si usted me dice la altura de este edificio, se lo regalo.
    En este momento de la conversación, le pregunté si no conocía la respuesta convencional al problema (la diferencia de presión marcada por un barómetro en dos lugares diferentes nos proporciona la diferencia de altura entre ambos lugares) dijo que la conocía, pero que durante sus estudios, sus profesores habían intentado enseñarle a pensar". 
    El estudiante se llamaba Niels Bohr, físico danés, premio Nobel de Física en 1922, más conocido por ser el primero en proponer el modelo de átomo con protones y neutrones y los electrones que lo rodeaban. Fue fundamentalmente un innovador de la teoría cuántica.



Bohr, el Nobel que estuvo a punto de suspender por ingenioso.


miércoles, 16 de febrero de 2011

LAS CUITAS DEL PROFE (¿1ª PARTE?)


Primer año de ejercicio (hace ya muuucho tiempo). Novato absoluto y la primera en la frente. Mientras imparto la clase, una alumna se encuentra permanentemente vuelta de espaldas hacia sus compañeros del pupitre de atrás. Sin dejar de hablar, me acerco a ella y, con un lápiz que llevo en la mano, le doy dos ligeros toques en el hombro para llamar su atención. Haciendo alarde de un perfecto dominio del ritmo dramático, la alumna se gira lentamente, alza su cabeza y fija sus ojos en los míos, deja transcurrir un par de segundos de suspense y me dice con el tono más desafiante posible y arrastrando las palabras: "¿Me has pegado?". Silencio glacial de los restantes veintinueve presentes en el aula, la mayoría de ellos seguramente dispuestos a testificar, por compañerismo y sentimiento de rechazo hacia la figura enemiga del profesor, que he utilizado el lápiz cual cachiporra paleolítica. Virginidad arrebatada.

Enfrentamiento verbal con un alumno, de esos arrogantes y retadores que tanto tenemos la desdicha de encontrarnos. Acaba espetándome con pretensión de argumento definitivo: "Tú a mí no me vas a decir lo que tengo que hacer, que mi móvil vale más que lo que tú ganas en un mes". Además de ser posible que la fanfarronada no estuviera demasiado alejada de la verdad, resulta muy indicativo del modo en que algunos cifran la valía personal en lo que se posee.

Enseñando (¿enseñando?) valores en el ámbito escolar, tal como nos marcan nuestros bienamados legisladores. Tarea inane, como ahora se verá. En concreto, hablando del necesario y justo reparto de las labores domésticas entre los miembros de la familia. El alumno pregunta: "¿Tú haces las cosas de tu casa?". Yo respondo: "Por supuesto". Él deduce y sentencia: "¡Pues qué maricón!". Será eso.

Sin previo aviso, el alumno se levanta de su asiento y extrae un objeto de la mochila que está colgada en el respaldo de su silla. Lo despliega y puedo contemplar en sus manos una navaja de las de expositor de tienda de souvenirs albaceteña, no menos de veinte centímetros de brillante hoja (no, no podría aducir que la lleva tan sólo para pelar la naranja del almuerzo). Da unos pasos hacia donde yo me encuentro, exhibiendo en su cara una enigmática expresión cuyo significado intento procesar lo más rápidamente posible para decidir cuál ha de ser la reacción apropiada por mi parte. No me da tiempo. Sin haber pronunciado una sola palabra en ningún momento, vuelve a sentarse y enfunda el sable mientras todos sus compañeros celebran su ocurrencia con risas y expresiones estentóreas cuyo sentido, en esos momentos en que mi organismo se encuentra dedicado exclusivamente a conseguir que mi sangre vuelva a fluir con normalidad, soy incapaz de captar.

A principio de curso, recién llegado a un nuevo centro. En los pasillos, un alumno me indica de manera discreta que me dirija con él a un aparte. Me ofrece "protección" por una tarifa asequible. Sospecho que lo dice en serio.

A mitad de una clase, la puerta se abre de golpe y dos individuos se abalanzan en el interior del aula, se dirigen hacia uno de los alumnos que se encuentran sentados ante mí y mientras uno le sujeta el otro le suelta una hostia (se me ocurren formas más literarias de expresarlo, pero ninguna tan gráfica y fiel a la realidad). Sin solución de continuidad, salen de nuevo como una ráfaga. La operación, según todos los indicios planificada al detalle con anterioridad, ha durado apenas unos segundos. Ni siquiera he podido apreciar si se trataba de alumnos del centro.

Sin venir a cuento en función del desarrollo de la situación, disparo a quemarropa de un alumno: "¿Y tú a tu mujer cómo te la follas?".

Acabo de transponer la puerta del aula. Con un pánico que me paraliza, observo como, en medio del caos que se genera en los intervalos entre clase y clase en ausencia de profesor (tierra/tiempo de nadie y del todo vale), un alumno sujeta a otro por las piernas manteniéndole con medio cuerpo fuera de la ventana de un tercer piso mientras, entre risas, vocea "¡te tiro, te tiro!". Por fortuna, todo era un juego (¿¿¿???).

Sentado a la mesa del profesor, concentrado en la tarea de explicar a los chavales alguna de esas cosas que no les interesan en absoluto (seguramente con razón). Súbitamente, el sonido de un fuerte impacto contra el cristal de la ventana que hay a escasos centímetros junto a mí. Me levanto de un salto a tiempo de ver un gran revuelo tras la ventana de enfrente, correspondiente al aula de otro de los grupos a los que imparto clase. Examino el cristal y compruebo que muestra una huella de lo que sólo puede haber sido una piedra u otro objeto de dureza similar. Cual Grissom de pacotilla, realizo un análisis de la situación espacial para concluir que, de no haber estado cerrada la ventana, el proyectil hubiera encontrado mi sien como objetivo indefectible. Felicidades por la excelente puntería.

Decido expulsar a un alumno del aula, cosa que muy raramente he hecho. Abro y espero a que salga. Parece que se presta dócilmente pero, cuando se encuentra al otro lado, sujeta la puerta para impedirme volver a cerrarla; sin pensarlo, por mero reflejo, forcejeo (gran error por mi parte). Cuando parece que ya ha cejado en su intento, pues dejo de sentir resistencia en contra, empuja la puerta para lanzarla contra mí con todo el ímpetu de que es capaz. Corte en el antebrazo. Herida de guerra.

"¿Para qué queréis que estudiemos, si mi primo el que pasa droga va por ahí con un cochazo y una pava que te cagas y no acabó la ESO?". ¿Pues no tendrá razón, después de todo?

Otras cosas que he oído en boca de algunos de mis alumnos: "¡Qué cortas se me hacen tus clases!", "No lo había entendido nunca hasta que me lo has explicado tú", "Recomiéndame para este verano algún libro de esos de los que nos has hablado", "Ojalá sigas aquí el próximo curso". Gracias por ayudarme a olvidar todo lo anterior.


No, no soy yo, pero... cómo mola tu pistola.


jueves, 3 de febrero de 2011

DIOS PIERDE FUELLE


Siempre me ha sorprendido el peculiar desarrollo de la carrera profesional de Dios. En otros tiempos fue una figura que se manifestaba constantemente en el mundo natural: las plagas de Egipto, mares separando sus aguas, zarzas ardiendo, el sol deteniéndose y otros espectaculares efectos especiales por los que bien hubiera merecido el título de "Spielberg del más allá". Vamos, que iba a por todas; era un no parar, el tío. Luego, ya en la época recogida en el Nuevo Testamento, la cosa se había desinflado bastante, reduciéndose sus logros a curaciones, aumento de stock de productos alimentarios, paseítos sobre el agua (uy, uy, Peter, que se me mojan los bajos de la túnica) y, como mucho, alguna que otra resurrección. Que mal no está, ¿eh?, entiéndaseme, pero comparado con lo de antes como que no hay color. No pasa de un David Copperfield cualquiera, vaya. El problema lo encontramos de unos cuantos siglos a esta parte (que digo yo que eso para Dios es como la última media hora). ¿Qué ha hecho últimamente?, ¿eh?, ¿qué ha hecho? No te molestes, que ya me contesto yo: ná. No aparece ni en pintura. Con la falta que haría en estos momentos, cuando la Iglesia está perdiendo clientela a marchas forzadas y hay tal cantidad de ateos degenerados propagando sus ideas sin ningún freno, no como en los buenos tiempos de la Inquisición.
       Ponte en el caso de España, por ejemplo, que ya nos dijo Benedicto que es el no va más del laicismo agresivo. Dime tú qué le costaría presentarse sobre el Congreso de los Diputados a la hora del recreo, hacer que un haz de luz se abriera paso entre las nubes y cantarle cuatro frescas a Zapatero, ese adalid del laicismo (agresivo, recuerdo), con voz grave y atronadora, esa voz de Dios de película, que ya sólo faltaría que descubriéramos que Nuestro Señor tiene registro de soprano. Pues no, el amigo ahí está, callado como una puta (pido disculpas a las beneméritas putas por la comparación; tan sólo se trata de una expresión popular).
      Yo lo tengo claro: a mí ahora mismo se me aparece Dios, pero ahora, ahorita, mientras escribo esto, y me dice "existo" y por mis muertos que dejo de ser ateo, que uno es cabezón pero no tanto. A ver... Pues no, no lo ha hecho. Y eso que como omnisciente sabe perfectamente que le estoy planteando el reto, como omnipresente tanto le da estar aquí como en cualquier otro sitio y como omnipotente ni se despeinaría por el esfuerzo. O sea, que acaba de perder la oportunidad de convertir a un ateo, y además a un ateo con un blog (que no lee nadie, pero con un blog). Negligente.

En conclusión, que para lo fuerte que empezó, no se ha visto continuidad. Es como esos músicos cuyo primer disco es el mejor o esas películas que aburren tras la media hora inicial. ¿Qué ha sucedido, Dios?, ¿te has vuelto tímido?, ¿tienes poco fondo?, ¿estás echándote la pausa para el cigarrito (acaso eres español, Dios)? La verdad es que ya se te veía venir, con eso de que tras la creación tuvieses que descansar un día. Un dios cogiéndose festivos... ¿habrase visto?

Por si quedaran dudas, el siguiente gráfico, que hemos tomado de la página motorpsico.com (nombre que ya de por sí induce al satanismo), ofrece una clarificadora visión del asunto:




Y si al menos sólo fuera en tostadas, pero ¡¡¡¿y esto?!!!:



Dios, por Dios, ¿a tal hemos llegado? Ten al menos un poco de dignidad (sí, en efecto, es el culo de un perro. ¿Pegarías tú una foto tuya en el culo de un perro? No, ¿verdad? Pues eso).

miércoles, 2 de febrero de 2011

EPISTEMOLOGÍA





Venga, hoy os invito al cine. Traemos aquí un excelente documental que hemos descubierto recientemente, y que constituye una buena introducción sumaria a la epistemología; un eficaz recorrido por las más representativas teorías del conocimiento formuladas a lo largo de la historia; una atractiva invitación a algunos de los problemas filosóficos más interesantes (según el criterio personal del que suscribe, claro está).

Que comience la sesión...










Y NUESTRAS MÁS RECIENTES OCURRENCIAS...



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