jueves, 22 de diciembre de 2011

"PIENSO, LUEGO EXISTO" (7): TRÍAS, VALCÁRCEL, ARGULLOL Y CRUZ



En su momento (esto es, aquí) tuvimos el placer de presentaros Pienso, luego existo, serie de televisión emitida por La 2 de TVE y dedicada a algunos de los pensadores españoles más relevantes de la actualidad. Como nos parece que merece la pena, nos gusta poner las cosas fáciles y nos honra ejercer como contenedor de contenidos de interés, dedicamos una serie de entradas a enlazar los distintos capítulos de la susodicha serie.

En esta ocasión, las entregas séptima a décima, dedicadas respectivamente a Eugenio Trías, Amelia Valcárcel, Rafael Argullol y Manuel Cruz:











sábado, 26 de noviembre de 2011

LA LÓGICA DEL CREYENTE












Esto lo encontramos aquí gracias a la sugerencia de un comentarista anónimo de nuestro blog. Nosotros hemos puesto tan sólo la traducción y el deseo de difundirlo.


viernes, 25 de noviembre de 2011

GINGRICH, ESE HOMBRE

por Liberal y Caballero

Estados Unidos, esa gran nación de hombres libres y valientes (joum of de brei) donde el término "republicano" significa lo que tiene que significar, siempre se encontrará a la vanguardia del pensamiento político y social. No podemos sino reafirmarnos en tal convicción cuando nos salen al paso propuestas como la recientemente debida al lúcido ingenio de Newt Gingrich, actual candidato en las primarias por el bando republicano. ¿Y cuál es tal propuesta? Algo tan inteligente como esto: que a partir de los nueve años los niños de la clase baja trabajen en tareas de mantenimiento y limpieza en sus escuelas, a cambio de un sueldo proporcional a su tamaño (por supuesto, seamos racionales, por favor), para así allanar su camino hacia la clase media, cosa que ahora mismo impiden esas leyes laborales que el mismo Gingrich, con todo acierto, ha calificado como "estúpidas". Esta medida tendría, además, otra consecuencia positiva, manifiesta Gingrich: posibilitaría despedir a los actuales empleados sindicados, siempre tan conflictivos y adictos al absentismo laboral (muchos de ellos negros e hispanos, para más inri). Como era de esperar, tras estas declaraciones la popularidad de Gingrich entre los votantes republicanos (es decir, los auténticos americanos cuya opinión es para nosotros la única que cuenta) ha subido como la espuma, según las encuestas. Le auguramos, por lo tanto, un gran futuro en la batalla electoral.

Hemos de decir que tan sólo reprochamos a Gingrich una exagerada moderación, pues pensamos que la edad límite que establece es excesiva. A los cuatro años un niño ya tiene la capacidad de realizar determinadas tareas físicas. Entendemos que nuestro hombre no quiere enfrentar a la timorata opinión pública con avanzadas ideas para las que todavía no se encuentra preparada.

Por supuesto, no han tardado en alzarse contra esta valiente idea las voces (más bien rebuznos) de los de siempre: los defensores de ese obstáculo para el mejoramiento de la especie humana que es el Estado benefactor, los débiles que prefieren refugiarse bajo las alas del Estado intervencionista (diríamos, mejor, metomentodo) porque así conviene a su manifiesta inferioridad.

Pero nos preguntamos: ¿qué objeciones válidas se podrían plantear ante dicha medida y qué podemos ver en ella sino ventajas tanto para el individuo como para la sociedad? En cuanto al individuo, los niños forjarían su carácter, aprenderían el valor del esfuerzo y, una vez alcanzada la edad adulta, podrían enorgullecerse de haber conseguido llegar a ser hombres de pro gracias a su mérito personal, y no por haberse apoyado en esa muleta que son las ayudas públicas, sólo apropiadas para los incapaces. Por otra parte, no se nos ocurre mejor manera de prepararse para esa jungla de competitividad que es (¡y debe ser!) la existencia humana que semejante entrenamiento desde temprana edad. En cuanto a la sociedad, se trataría de un mecanismo más a añadir a todos aquellos que ya existen y a los que deberían existir para la puesta en práctica de esa selección que tiene como objetivo destilar a los óptimos, a los selectos, para convertirlos en cabeza del organismo social. Y siempre estarán ahí esos supuestos defensores de los desfavorecidos que, desde su actitud buenista, no hacen nada en realidad en beneficio de ellos. Gingrich, por contra, y sin necesidad de acogerse a la hipocresía de lo políticamente correcto, pretende ofrecer una oportunidad real a quienes han tenido la desdicha de nacer en los estratos más bajos para que accedan a una posición honorable en la sociedad. Eso sí, tan sólo los que de entre ellos demuestren merecerlo... ¿o acaso existe alguna manera de justificar que haya de ser de otro modo?

Que San Hayek les bendiga.


Liberal y Caballero es colaborador habitual del programa televisivo "El pato en enaguas" y columnista del diario "La Panceta". 


"Es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta" (Franklin D. Roosevelt)


sábado, 19 de noviembre de 2011

PERO ¿QUÉ COÑO PODRÍA PUBLICAR EN EL BLOG?




¡Mierda, si casi se me había olvidado que tengo un blog! ¿Cuándo fue la última vez que escribí algo aquí? Me refiero a algo trabajado de verdad, algo que denote una mínima cantidad de esfuerzo. Porque me temo que eso último que he hecho de crear una serie de entradas enlazando los programas de televisión sobre filósofos no habrá colado... Vaya truco más burdo para intentar mantener viva la página (y encima con una entrada para cada entrega, como para que abulte más, cuando hubiera podido meterlo todo en la misma... Desde luego, no tengo vergüenza). 

Pues sabes qué te digo, que voy a volver a tirar por lo fácil: meto otro vídeo. Total, insertarlo, escribir cualquier gilipollez a modo de presentación y las cuatro zarandajas técnicas de rigor... quince minutos, no más. Eso sí, no puede ser cualquier cosa; ha de ser algo, algo... filosófico. Vale, ya lo tengo:






¡Espera, se me olvidaba! Necesito una ilustración. Todas las entradas de este blog incluyen una ilustración que aparece en esa especie de sumario de abajo. Si esta no tiene va a desentonar. Joder, joder, y ahora qué pongo. ¡Ya lo tengo! Un perro con un niño. Eso siempre gusta, ¿verdad?. Pero no tiene nada que ver con el vídeo... ¡Bueno, al carajo! ¿Quién se va a fijar? Qué desastre, mi madre, qué desastre...




Anda, pero si ahora resulta que lo que aparece abajo junto al título de la entrada no es el perro con el niño, sino un frame del vídeo. O sea, que después de todo no hacía falta meter la foto de las narices. Pues mira, a tomar por saco, así se queda. 


miércoles, 9 de noviembre de 2011

"PIENSO, LUEGO EXISTO" (6): ANTONIO ESCOHOTADO



En su momento (esto es, aquí) tuvimos el placer de presentaros Pienso, luego existo, serie de televisión emitida por La 2 de TVE y dedicada a algunos de los pensadores españoles más relevantes de la actualidad. Como nos parece que merece la pena, nos gusta poner las cosas fáciles y nos honra ejercer como contenedor de contenidos de interés, dedicamos una serie de entradas a enlazar los distintos capítulos de la susodicha serie.

En esta ocasión, la sexta entrega, dedicada a Antonio Escohotado:





"PIENSO, LUEGO EXISTO" (5): VICTORIA CAMPS



En su momento (esto es, aquí) tuvimos el placer de presentaros Pienso, luego existo, serie de televisión emitida por La 2 de TVE y dedicada a algunos de los pensadores españoles más relevantes de la actualidad. Como nos parece que merece la pena, nos gusta poner las cosas fáciles y nos honra ejercer como contenedor de contenidos de interés, dedicamos una serie de entradas a enlazar los distintos capítulos de la susodicha serie.

En esta ocasión, la quinta entrega, dedicada a Victoria Camps:





"PIENSO, LUEGO EXISTO" (4): EDUARD PUNSET



En su momento (esto es, aquí) tuvimos el placer de presentaros Pienso, luego existo, serie de televisión emitida por La 2 de TVE y dedicada a algunos de los pensadores españoles más relevantes de la actualidad. Como nos parece que merece la pena, nos gusta poner las cosas fáciles y nos honra ejercer como contenedor de contenidos de interés, dedicamos una serie de entradas a enlazar los distintos capítulos de la susodicha serie.

En esta ocasión, la cuarta entrega, dedicada a Eduard Punset:





"PIENSO, LUEGO EXISTO" (3): EMILIO LLEDÓ



En su momento (esto es, aquí) tuvimos el placer de presentaros Pienso, luego existo, serie de televisión emitida por La 2 de TVE y dedicada a algunos de los pensadores españoles más relevantes de la actualidad. Como nos parece que merece la pena, nos gusta poner las cosas fáciles y nos honra ejercer como contenedor de contenidos de interés, dedicamos una serie de entradas a enlazar los distintos capítulos de la susodicha serie.

En esta ocasión, la tercera entrega, dedicada a Emilio LLedó:





"PIENSO, LUEGO EXISTO" (2): FERNANDO SAVATER



En su momento (esto es, aquí) tuvimos el placer de presentaros Pienso, luego existo, serie de televisión emitida por La 2 de TVE y dedicada a algunos de los pensadores españoles más relevantes de la actualidad. Como nos parece que merece la pena, nos gusta poner las cosas fáciles y nos honra ejercer como contenedor de contenidos de interés, dedicamos una serie de entradas a enlazar los distintos capítulos de la susodicha serie.

En esta ocasión, la segunda entrega, dedicada a Fernando Savater:





"PIENSO, LUEGO EXISTO" (1): JOSÉ ANTONIO MARINA



En su momento (esto es, aquí) tuvimos el placer de presentaros Pienso, luego existo, serie de televisión emitida por La 2 de TVE y dedicada a algunos de los pensadores españoles más relevantes de la actualidad. Como nos parece que merece la pena, nos gusta poner las cosas fáciles y nos honra ejercer como contenedor de contenidos de interés, dedicamos una serie de entradas a enlazar los distintos capítulos de la susodicha serie.

En esta ocasión, la primera entrega, dedicada a José Antonio Marina:




lunes, 19 de septiembre de 2011

JO, FILÓSOFOS EN LA TELE





Servidor ve la tele más bien poco o más bien nada. Y conste que no lo digo por afán de aparentar distinción, que a mí lo de aparentar... en fin... y lo de la distinción... ya ni te cuento. La verdad es que se trata de un electrodoméstico que me sobra, y si no fuera por la parienta y el vástago o viceversa, creo que su lugar en mi casa estaría ocupado por una pecera, objeto de visionado mucho más fascinante, dónde va a parar. Pero hete aquí que el otro día, viendo algo o zapeando o vaya usted a saber qué, me entero de que en la segunda cadena de la televisión nacional española (eso que ahora, en un alarde de imaginación, llaman La 2), estrenan un programa que de raro, raro, raro casi parece imposible: una serie documental acerca de pensadores españoles actuales, o sea, vivos pa que puedan hablar y contar sus cosas de sí mismos por sí mismos.

Buscando información sobre el tal programa, la verdad es que poca cosa he encontrado (algo que era de esperar, por otra parte), aparte de lo expuesto en la misma página web de RTVE. Lo copio tal cual y eso que me ahorro en desgaste de teclado:

"Desde el 18 de septiembre, cada domingo a las 23.00 horas, los espectadores tienen una cita única en La 2: un retrato en primera persona de algunos de los principales filósofos, ensayistas y pensadores del panorama español contemporáneo. José Antonio Marina abre Pienso, luego existo, al que seguirán (desde el domingo 25) Fernando Savater, Emilio Lledó, Eduard Punset, Victoria Camps, Javier Sádaba, Rafael Argullol, Amelia Valcárcel, Celia Amorós, Antonio Escohotado, Jesús Mosterín, Eugenio Trías, Manuel Cruz y Xavier Rubert de Ventós. Cuentan su recorrido vital y sobre todo sus ideas y su visión del mundo."

Como se puede apreciar, filósofos a tutiplén. Raro, como decía. Obviamente, tal cosa sólo es factible en la susodicha cadena, que se caracteriza por su vocación de servicio público. En otras palabras: que confecciona su programación pensando en que no la va a ver nadie. 

Así que ahí me tienes el pasado domingo plantado ante la caja imbécil, que lo de tonta ya se quedó corto hace tiempo, esperando que aparezca el señor Marina en el programa inaugural de la serie, el cual, por cierto, desveló que su pasión oculta es la danza y hasta cantó un tango. Ahí es ná, con lo estirado que parecía (hombre, que ya sé que tampoco es como si se hubiera arrancado con una de los Sex Pistols, pero es que eso ya nos hubiera hecho dudar de nuestro sentido de la realidad o, en su defecto, del correcto funcionamiento de Matrix). El invento resultó en una sucesión de planos fijos recogiendo las parrafadas del protagonista hablando de sí mismo y de sus ideas, con el intercalado de algunos de sus allegados dorando la píldora. Al cabo, media horita, que también es lo justo y necesario para no cansar teniendo en cuenta que el programa no resulta precisamente el colmo del dinamismo. Que vale, que no es que esperáramos el show de los Muppets, desde luego, pero aún así pensamos que se podía haber realizado una cosita algo más ágil. De todas maneras, tampoco es cuestión de quejarse, tal como está el patio. Así que seguiremos viéndolo, que no deja de ser una buena manera de rematar la noche del domingo, esa fatídica víspera del comienzo de la semana laboral. Y espero con ansia la entrega dedicada a mi personalmente admirado y objetivamente admirable Jesús Mosterín.

Jo, filósofos en la tele...¡ni que estuviéramos en la Francia, tú!


"Y todo a media luz, que es un brujo el amor, a media luz los besos, a media luz los dos..."


domingo, 4 de septiembre de 2011

GRITO HACIA ROMA





Grito hacia Roma
por Federico García Lorca

Manzanas levemente heridas
por los finos espadines de plata,
nubes rasgadas por una mano de coral
que lleva en el dorso una almendra de fuego,
peces de arsénico como tiburones,
tiburones como gotas de llanto para cegar una multitud,
rosas que hieren
y agujas instaladas en los caños de la sangre,
mundos enemigos y amores cubiertos de gusanos
caerán sobre ti. Caerán sobre la gran cúpula
que untan de aceite las lenguas militares
donde un hombre se orina en una deslumbrante paloma
y escupe carbón machacado
rodeado de miles de campanillas.
Porque ya no hay quien reparta el pan ni el vino,
ni quien cultive hierbas en la boca del muerto,
ni quien abra los linos del reposo,
ni quien llore por las heridas de los elefantes.
No hay más que un millón de herreros
forjando cadenas para los niños que han de venir.
No hay más que un millón de carpinteros
que hacen ataúdes sin cruz.
No hay más que un gentío de lamentos
que se abren las ropas en espera de la bala.
El hombre que desprecia la paloma debía hablar,
debía gritar desnudo entre las columnas,
y ponerse una inyección para adquirir la lepra
y llorar un llanto tan terrible
que disolviera sus anillos y sus teléfonos de diamante.
Pero el hombre vestido de blanco
ignora el misterio de la espiga,
ignora el gemido de la parturienta,
ignora que Cristo puede dar agua todavía,
ignora que la moneda quema el beso de prodigio
y da la sangre del cordero al pico idiota del faisán.
Los maestros enseñan a los niños
una luz maravillosa que viene del monte;
pero lo que llega es una reunión de cloacas
donde gritan las oscuras ninfas del cólera.
Los maestros señalan con devoción las enormes cúpulas sahumadas;
pero debajo de las estatuas no hay amor,
no hay amor bajo los ojos de cristal definitivo.
El amor está en las carnes desgarradas por la sed,
en la choza diminuta que lucha con la inundación;
el amor está en los fosos donde luchan las sierpes del hambre,
en el triste mar que mece los cadáveres de las gaviotas
y en el oscurísimo beso punzante debajo de las almohadas.
Pero el viejo de las manos traslucidas
dirá: amor, amor, amor,
aclamado por millones de moribundos;
dirá: amor, amor, amor,
entre el tisú estremecido de ternura;
dirá: paz, paz, paz,
entre el tirite de cuchillos y melones de dinamita;
dirá: amor, amor, amor,
hasta que se le pongan de plata los labios.
Mientras tanto, mientras tanto, ¡ay!, mientras tanto,
los negros que sacan las escupideras,
los muchachos que tiemblan bajo el terror pálido de los directores,
las mujeres ahogadas en aceites minerales,
la muchedumbre de martillo, de violín o de nube,
ha de gritar aunque le estrellen los sesos en el muro,
ha de gritar frente a las cúpulas,
ha de gritar loca de fuego,
ha de gritar loca de nieve,
ha de gritar con la cabeza llena de excremento,
ha de gritar como todas las noches juntas,
ha de gritar con voz tan desgarrada
hasta que las ciudades tiemblen como niñas
y rompan las prisiones del aceite y la música,
porque queremos el pan nuestro de cada día,
flor de aliso y perenne ternura desgranada,
porque queremos que se cumpla la voluntad de la Tierra
que da sus frutos para todos.



sábado, 3 de septiembre de 2011

EL BOXEADOR IMBATIBLE (UNA ALEGORÍA EPISTEMOLÓGICA)


Supongamos que tenemos a dos boxeadores (Kid Martillo y Kid Pitillo) afirmando "yo soy el mejor". Pitillo se ha enfrentado a una gran cantidad de contrincantes a lo largo de su carrera y nunca ha sido derrotado. Podría haberse dado el caso de que sí, pues se han producido ocasiones de sobra para ello, pero el hecho es que nunca ha vivido semejante circunstancia. Por otro lado, dado que está dispuesto a seguir aceptando todos los retos que se le presenten en el futuro, de ninguna manera podemos desechar la posibilidad de que pueda llegar a ser vencido en algún momento. Por su parte, Martillo jamás ha combatido con nadie y, aún más, tenemos de alguna manera la garantía de que jamás va a hacerlo. En consecuencia, también de él se puede decir con rigor que nunca hasta la actualidad ha sufrido una derrota. Y, a diferencia de Pitillo, podemos incluso asegurar sin temor a equivocarnos que no la va a sufrir jamás (por lo tanto, con toda justicia podemos decir que Martillo es imbatible; Pitillo, sin embargo, es imbatido). Ahora preguntémonos: ¿a cuál de ambos deberíamos conceder mayor credibilidad en esa su afirmación de "soy el mejor"?

Vayamos más allá. Supongamos que Martillo posee una cierta cantidad de seguidores que aseguran que, en efecto, él es el mejor púgil. Y para respaldar su aseveración se apoyan en el hecho de que, como decíamos, jamás ha sido derrotado. Es más, exigen que su afirmación sea aceptada mientras Martillo no caiga en el ring, y exigen también que sea quien se muestre escéptico ante tal afirmación, solicitando algún tipo de evidencia de su verdad, quien haya de demostrar que no es cierta, de tal manera que mientras no lo consiga se tendrá que aceptar la superioridad de su ídolo sobre Pitillo. Ahora preguntémonos...

martes, 16 de agosto de 2011

¿POR QUÉ NADIE ME ENTIENDE? (REFLEXIONES DE UN PATÉTICO LLORICA)





Hay ocupaciones que pasan desapercibidas, que no llaman especialmente la atención. Si ante una persona que te acaban de presentar dices que eres fontanero, abogado, camarero o químico, no hay mayor problema (como seas  informático sí, pero ese es otro tema), pero si dices que eres "profesor de filosofía" ya puedes esperar como mínimo un enarcamiento de cejas y, en ocasiones, hasta alguna exclamación (me refiero a cosas como "¡vaya!", no como "¡me cago en tu padre!", que también puede darse el caso pero es menos habitual). Es más o menos como si dijeras que eres cura o prostituta/o (sin pretender equiparar en ningún sentido ambos desempeños, ni ninguno de ellos con el de filósofo). A partir de esta constatación se podrían derivar muchas conclusiones todas las cuales merecerían un comentario. Una de ellas es que se delata que mucha gente tiene una idea bastante equivocada de lo que es la filosofía, lo cual se confirma en aquellos casos en que la réplica es algo como "ah, filosofía, a mí también me interesa mucho. El otro día me compré un libro sobre viajes astrales" (prometo que esto es verídico). Pero es otra cosa en la que me quiero centrar aquí: la gente tiene una idea bastante equivocada también acerca de quién es y cómo es alguien que se dedica a la filosofía. Realmente, en ocasiones te dan ganas de exclamar, emulando a Joseph Merrick, aquello de "yo también soy humano". Bueno, o como Shylock lo de "acaso no sangramos si nos herís", si queremos algo más "alta cultura" ("haute couture"). ¿A qué viene todo esto? Pues, evidentemente, a una de mis inquietudes íntimas que difícilmente puede interesar a nadie que dé en leer esto. Observo con frecuencia que el hecho de que te dediques a la filosofía (sea lo que sea la "filosofía" y sea lo que sea "dedicarse" a ella, que discernir estas cosas ya daría para otro artículo), condiciona sobremanera la mirada de los demás. De muchos modos distintos. Para empezar está el que, sólo con ese dato, ya se da por supuesto que has de ser un pedante, un soberbio, un prepotente y alguien que se cree más listo que los demás (vamos, un auténtico gilipollas). De tal manera que cualquier cosa que digas, y que en boca de otro no hubiera sido objeto de semejante juicio, ya te merece esos calificativos por el mero hecho de partir de uno ("Chaval, otra caña", "Qué pedante"... por ejemplo). Ello se plasma a menudo en el tonillo sarcástico de frases como "claro, como tú eres filósofo...", o al tratarte como "el profesor Agustín" no de una manera neutra sino remarcando determinada intención acusatoria. En los comentarios de este mismo blog hay varias muestras de lo anterior. Acaba sucediendo que uno no se atreve a expresar en voz alta ante familiares, amigos o conocidos ningún parecer o reflexión para no provocar rechazo o simplemente mofa, y termina dialogando tan sólo con sus colegas en una suerte de endogamia intelectual... o recurriendo onanísticamente a crear un blog, por decir algo. Oiga, sí, es cierto, uno es un pedante, un soberbio, un prepotente y alguien que se cree más listo que los demás (vamos, un auténtico gilipollas), pero no porque se dedique a lo que se dedica; uno seguiría siendo un pedante, un soberbio, un prepotente y alguien que se cree más listo que los demás (vamos, un auténtico gilipollas) aunque se dedicase a la cría del mejillón. Uno no puede evitar acabar concluyendo que todo esto no responde sino a una especie de sentimiento de inferioridad ajeno ante "el profesor" o "el filósofo" o ambas cosas en combinación, sentimiento de inferioridad que inmediatamente calificaré como totalmente injustificado, más que nada para que no se me tache de soberbio (o gilipollas). Luego tenemos la cuestión de que hay quien considera que uno debe pensar de una determinada manera o adoptar determinadas actitudes de manera forzosa debido a su ocupación, y de darse lo contrario se te acusa de incoherente o incluso hipócrita. Esto sí que es no entender qué es la filosofía (¿pero la filosofía es algo?). Si algo tiene la filosofía es que no ata a ningún contenido, idea o actitud en particular. ¡Puedes pensar y opinar lo que te salga de los cojones! ¿Está claro? Cuidado, no estoy diciendo en absoluto que todas las ideas sean igualmente válidas, sino que no existe ninguna que el hecho de sostenerla sea incompatible con la actividad filosófica o la filosofía como disciplina. Con la filosofía es compatible hasta negar la filosofía, como hicieran, por ejemplo, Wittgenstein, parcialmente, o Cioran, totalmente. En fin, podría decir muchas cosas más pero he de ponerme a preparar los macarrones, que mi vástago ya ha empezado a dar mordiscos a las patas de la mesa. En torno a la distorsión de lo que han de ser la filosofía y quienes se dedican a ella, otro día hablaremos de quienes se creen capacitados para desarrollar teorías "filosóficas" (determinados foreros, sin ir más lejos, y no miro a nadie) sólo por haber leído un par de libros mal digeridos. O de la huera palabrería (por no decir la suma tontería) de quienes siguen actualmente la tradición de la llamada filosofía continental (no todos, que nadie se me ofenda, pero sí muchos que lo hacen de cierta manera), los cuales son pedantes hasta para mí, que ya lo soy (y gilipollas, recuerdo). Quizás sean ellos, los primeros y los segundos, los auténticos culpables del sentir generalizado que aquí describíamos.


¡LEED, LEED, MALDITOS!





Fieles a la vocación de servicio público que nos caracteriza, aquí te ofrecemos una compilación de sitios web donde podrás encontrar un montonazo de libros que se pueden descargar gratuitamente. Échales un vistazo tú mismo para hacerte una idea, que yo no me voy a detener en darte muchos detalles; estamos de vacaciones, hace mucha de calor y se me empieza a derretir el hielo de la caipiriña, además de que mi cohorte de ninfas me está reclamando insistentemente para retozar en las transparentes y cálidas aguas marinas que tengo frente a mí. Sólo diré que se trata de textos en sus versiones íntegras, que recorren temáticas que me interesan a mí (y que, si estás visitando este blog, deduzco que también te pueden interesar a ti en alguna medida), que entre algunas cosas prescindibles también puedes encontrar muchos títulos fundamentales y que te insto a que NO te descargues ninguno, porque ya sabes que eso está feo y es caca. A ver si tú tienes el tiempo que a mí me falta para explorar a fondo semejante cúmulo de sabiduría, que yo he de volver a mi caipiriña y restantes obligaciones que ya he mencionado más arriba; qué suerte tenéis algunos de poder dedicaros a leer. Ah, y no te lleves a la playa (bueno, mejor no te lo lleves a ningún sitio) el Ser y tiempo de Heidegger; se dice por ahí que la radiación solar ultravioleta puede producir en él efectos atroces; tampoco lo mojes ni le des de comer después de la medianoche.










Aquí un servidor de ustedes inmerso en la ardua labor de la reflexión filosófica canicular.


martes, 2 de agosto de 2011

¿QUÉ DEMOCRACIA REAL?





A lo largo de mi vida he conocido a muchas personas que valoraban como tibieza en el grado de "rebeldía" o "radicalidad" el hecho de considerar la democracia como un sistema válido y deseable. Me temo que también yo, en algunos momentos de mis ya lejanas adolescencia y primera juventud, juzgué así las cosas. Con el transcurso de los años, uno va perdiendo en pasión y ganando en desencanto pero, indudablemente, piensa más y mejor. Sospecho que, en muchos casos, aquellos que reniegan de la democracia (al menos desde determinado polo ideológico, ese con el que yo me haya podido tratar; al otro ni me acerco por motivos higiénicos) no están rechazando sensu stricto tal sistema de organización política en su aspecto teórico, sino su puesta en práctica efectiva tal como la conocemos y hemos conocido. Esto es: no "la" democracia, sino "las" democracias. La primera constituiría el ideal; las segundas, su concreción particular en esta o aquella nación, en ese o el otro momento histórico. ¿Cuál de ambas sería la democracia "real"? Si dijéramos que la primera, quizás estaríamos haciendo alarde de platonismo, y no quisiera uno incurrir en semejante desatino. En consecuencia, no sé hasta qué punto estoy de acuerdo con ese lema que reclama "democracia real". Porque bien se podría responder: no, oiga, precisamente la democracia real es la que tenemos (o padecemos), es decir, la que se da en la realidad, nuestra democracia de facto; lo que usted reivindica no es sino una democracia que mejore y supere esa realidad. O sea, no la democracia "real", sino una democracia "de verdad". Porque una democracia de verdad, en contra de lo que puedan pensar algunos (incluido uno de mis "yos" del pasado, como ya dije) es, sin duda, y como ya expresara Churchill, el menos malo de los sistemas posibles. Otro personaje que nos resulta mucho más cercano que el anteriormente mentado, Popper, lo explica con mayor elegancia y precisión en su teoría de la "sociedad abierta": ningún sistema político puede estar a salvo de errores, por el simple e ineludible motivo de que el ser humano no lo está, pero la democracia (la de verdad, queremos decir) es el único de los sistemas políticos que incluye de manera estructural mecanismos autorregulativos y autocorrectivos que permiten identificar y corregir sus propios errores. Ello jamás va a suponer una vía para alcanzar una imposible perfección, pero sí posibilitará una mejora de carácter asintótico. Personalmente, entiendo que eso es lo que hay que defender: no la democracia real sino una democracia de verdad, en la que los "representantes" del pueblo, elegidos por éste, de verdad le representen, en la que la voluntad popular sea tenida en cuenta de verdad, en la que de verdad se abogue por el interés común sin que los intereses particulares queden sojuzgados siempre y cuando no entren en inevitable conflicto con aquél (cosa que no necesariamente ha de suceder tan a menudo como algunos quieren hacernos creer), en la que de verdad sean respetadas la pluralidad y las minorías, y en la que, sobre todo, el ciudadano asuma el papel que de verdad le corresponde, esto es, el de soberano, eludiendo la abulia y el conformismo, la dejación de responsabilidades, el escaso interés por informarse y formarse políticamente, la falta de reflexión y de sentido crítico,... Pues no conseguiremos tener los gobernantes que de verdad necesitamos mientras no nos convirtamos en los gobernados que de verdad debiéramos ser.

miércoles, 22 de junio de 2011

UTOPÍA



Utopía, desde Moro, es el lugar que no se encuentra en ningún lugar, la plasmación del sueño inalcanzable pero no por ello menos deseable (o, quizás, más deseable precisamente por inalcanzable). ¿Para qué la utopía? Dice un adagio budista que "el camino es la meta". Avanzar indefinidamente sólo es posible si jamás se alcanza el fin perseguido, y sólo con vistas a un fin inalcanzable es posible avanzar indefinidamente.

En palabras de Fernando Birri, popularizadas por Eduardo Galeano y a menudo atribuidas erróneamente a éste:

"La utopía está en el horizonte, y entonces si yo ando diez pasos la utopía se aleja diez pasos, y si yo ando veinte pasos la utopía se coloca veinte pasos más allá. Por mucho que yo camine nunca la alcanzaré. Entonces, ¿para qué sirve la utopía? Sirve para eso, para caminar".




viernes, 17 de junio de 2011

MR. POPPER NOS LIMPIA LAS IDEAS





Antidogmatismo, crítica y autocrítica radicales, modestia y prudencia intelectuales, sin miedo al error sino abrazándolo como a un aliado, el rechazo de las verdades absolutas como único camino hacia la verdad, la mejora continua e inacabable en el conocimiento, una "búsqueda sin término"...

"El aumento del conocimiento depende por completo de la existencia del desacuerdo."

"Hay que estar contra lo ya pensado, contra la tradición, de la que no se puede prescindir, pero en la que no se puede confiar."

"La ciencia será siempre una búsqueda, jamás un descubrimiento real. Es un viaje, nunca una llegada."

"La razón no es todopoderosa, es una trabajadora tenaz, tanteadora, cauta, crítica, implacable, deseosa de escuchar y discutir, arriesgada."

"La verdadera ignorancia no es la ausencia de conocimientos, sino el hecho de negarse a adquirirlos."

"Lo que caracteriza al hombre de ciencia no es la posesión del conocimiento o de verdades irrefutables, sino la búsqueda desinteresada e incesante de la verdad."

"Nuestro conocimiento es necesariamente finito, mientras que nuestra ignorancia es necesariamente infinita."

"Yo puedo estar equivocado y tú puedes tener la razón y, con un esfuerzo, podemos acercarnos los dos a la verdad."


Karl R. Popper dixit.

    COGITO




    jueves, 16 de junio de 2011

    VOLTAIRE: "CÁNDIDO O EL OPTIMISMO"








    Voltaire.
    Cándido o el optimismo
    (Candide ou l'optimiste).
    Traducción de 
    Leandro Fernández de Moratín.
    Edición: Colección Los Libros de Sísifo, Edhasa, Barcelona, 2004.


    Este texto de 1759 es una narración breve representativa de lo que daríamos en llamar "novela filosófica", género dentro del cual se encuadran muchas de las obras de Voltaire y que por lo tanto constituye un importante subconjunto de su producción, prolífica y variada. Hablamos de textos narrativos en los que a través de las andanzas, pensamientos y caracteres de los personajes se transmiten determinadas ideas sobre el mundo y la sociedad; por lo tanto, de carácter claramente didáctico y moralizante. Es de suponer que un medio que el autor, en su militancia ilustrada, consideraba adecuado como herramienta para educar a los hombres de su época.
           La estrategia utilizada por Voltaire en esta obra, como en otras de su autoría (por ejemplo, El ingenuo), es la de presentar un personaje con una marcada peculiaridad de carácter la cual supone que en él se encarnen una serie de ideas e, incluso, una determinada concepción de la existencia. La confrontación con el mundo de tal personaje y, a través de su figura, de lo que en él se encuentra representado, servirá al autor como recurso para presentar como motivo de reflexión tanto la idiosincrasia del protagonista como los hechos que se van sucediendo a su alrededor, lo cual servirá para poner en evidencia y criticar una serie de fenómenos de carácter moral y social.

    Aquí, el personaje principal es Cándido, un joven residente en un castillo que debido a ciertas circunstancias es expulsado del mismo, con lo que comienza para él una serie de peripecias que le llevarán a través de distintos países, le harán trabar contacto con personajes diversos y le colocarán en muy diversas situaciones.
           La cosmovisión sometida a examen en esta obra es la que se caracteriza por el "optimismo" que aparece en su título. Cándido es discípulo de Pangloss, un filósofo que sigue las teorías de Leibniz (no siendo este personaje literario, en realidad, sino una caricatura del propio Leibniz), una concepción de la realidad dominada por el principio de razón suficiente y la convicción acerca de que vivimos en el mejor de los mundos posibles ("Enseñaba Pangloss la metafísica-teólogo-cosmólogo-nigología, y demostraba a maravilla que no hay efecto sin causa, y que en este mundo, el mejor de los mundos posibles, el castillo del señor barón era el más hermoso de todos los castillos, y su señora parienta la mejor de todas las baronesas posibles, habidas y por haber").
         La salida del entorno enclaustrado y protector del castillo supondrá para Cándido, como para el buda Gautama, un enfrentamiento forzoso con la realidad del mundo, de la que antes se encontraba aislado: las ideas que Pangloss le inculcara serán puestas a prueba al ser confrontadas con las múltiples desgracias a que será sometido y con los defectos morales de los seres humanos, que le habrán de llegar a parecer generalizados y esenciales a nuestra especie. Todo lo que le acontece a Cándido a lo largo de sus correrías no es más que una sucesión de desdichas en las que es engañado y maltratado por todos los individuos que encuentra en su camino, así como por el azar y la misma naturaleza (es víctima del famoso terremoto que en la realidad histórica se produjo en Lisboa en noviembre de 1755). Sus diversas experiencias acaban haciendo inaceptable para Cándido la idea de que éste es "el mejor de los mundo posibles", perdiendo progresivamente la ingenuidad y el optimismo inculcados por Pangloss y pertrechado con los cuales había comenzado sus andanzas.

    Por tanto, en esta obra el oponente filosófico de Voltaire es Leibniz, cuyo optimismo cósmico es criticado a lo largo de toda la narración, y cuyas ideas, asumidas inicialmente por Cándido, serán finalmente abandonadas por éste en tanto absurdas y falsas, siendo la propia realidad la que se encargue de refutar esas teorías.
         Frente al racionalismo leibniziano, Voltaire se encuadra más bien en el empirismo, como nos dice Copleston en su Historia de la filosofía: "Voltaire ha recibido la mayoría de sus ideas filosóficas de autores como Bayle, Locke y Newton, y tuvo sin ninguna duda mucho éxito al presentarlas en escritos lúcidos y agudos, haciéndolas comprensibles para la sociedad francesa. Pero no fue un filósofo profundo. Aunque influido por Locke, no era un filósofo de la misma categoría (...)".
          El propio Voltaire recorrería un camino intelectual similar al de su personaje pues, inicialmente influido por Leibniz, sería el suceso desastroso del terremoto de Lisboa de 1755 lo que impondría a su atención el problema del mal en el mundo, llevándole a replantearse sus ideas sobre éste hasta un alejamiento de la perspectiva de Leibniz sobre la cuestión. El mismo acontecimiento del terremoto aparece en la novela y es vivido por su protagonista, el cual, como Voltaire, cambiará, a raíz de ello y de otras experiencias por las que va discurriendo a lo largo de sus peripecias, sus ideas sobre el mal en el mundo y la validez de la idea leibniziana de que nos encontramos en "el mejor de los mundos posibles".

    A lo largo de la narración, Voltaire aprovechará las aventuras del protagonista para criticar, siempre de modo sarcástico y ligeramente humorístico, diversos estamentos y tipos sociales (clero, nobleza, ejército,...), así como la misma condición humana. Ni siquiera otros pensadores de la Ilustración se salvan de la quema: en un determinado momento de la historia, Cándido arriba a la tierra de los "indios orejones", cuyo primer y único impulso hacia el extraño es el afán de devorarlo. Frente al buen salvaje de Rousseau, ésta es la naturaleza humana en estado puro que nos presenta Voltaire. También la idiosincrasia de los franceses es objeto de dura crítica, en un capítulo que se dedica en exclusiva a esta cuestión.
          La filosofía y los filósofos son satirizados en la figura de Pangloss, terco en su defensa de unas ideas que son contradichas claramente por los hechos, exhibiendo un dogmatismo que desdice aquello que debería imponerse en el caso del filósofo: la búsqueda de la verdad a través de la crítica y la autocrítica ("Siempre sostendré la misma doctrina -respondió Pangloss-; porque al fin soy filósofo y no me debo retractar. Leibniz no pudo equivocarse, y por otra parte su armonía prestabilita, la privación del vacío y la materia sutil, son la más linda cosa que jamás inventaron los hombres.").
          Sin embargo, son quizás la religión y la Iglesia los objetos de crítica a los que Voltaire se aplica con más saña y frecuencia. Algo no extraño en un individuo profundamente anticlerical y anticristiano (aunque no ateo ni agnóstico, sino deísta) y que parecía haber escogido a aquéllas como sus principales enemigas.

    A lo largo de la historia destaca, como punto culminante, la llegada de Cándido a la tierra de El Dorado. Se trata de un lugar idílico, pleno de riquezas materiales y bondades en sus habitantes, cuya excelencia destaca aún más por contraste con los horrores que Cándido ha tenido que experimentar en los lugares hasta ese momento visitados en su periplo. Esta parte del texto adopta la forma y el tono propios de la literatura utópica, y se podría considerar, a pesar de su brevedad, la contribución de Voltaire a este género a que tan proclives eran los autores de su época: en sólo dos capítulos, el autor describe los distintos aspectos de esa sociedad, con la intención crítica y moralizante que posee toda utopía.

    En la conclusión de la historia, Cándido y sus amigos (o más bien lo que queda de ellos, tras el desgaste físico y emocional que les han supuesto sus desventuras) hallan la paz en el retiro campestre. Pero la felicidad que consiguen es una felicidad modesta, alejada de todo ideal, de todo romanticismo: la única felicidad, parece decirnos Voltaire, a la que realmente podemos aspirar y por tanto con la que hemos de conformarnos.
          En Los libros de los filósofos, de BRIA, LL. y otros (Ariel, 2004, 2ª ed.), la conclusión de la obra se expone de la siguiente manera: "Cándido se casa con Cunegunda a pesar de su fealdad, renunciando para siempre al ideal, a la utopía que había marcado su azarosa vida. La 'moral de la huerta' que preside la vida cotidiana en la alquería es la enseñanza suprema de Voltaire, que se plasma en tres aspectos: el fin de la utopía, el hallazgo de la tranquilidad y la redención por el trabajo. Atrás queda el mundo hostil y atribulado, que ha enseñado a Cándido la lección de la resignación, tal vez la renuncia a pensar y a soñar, para hallar la calma. La ironía de Voltaire ha pincelado un mundo al revés, que no era otro que el 'mejor de los mundos posibles' dibujado por Leibniz, donde todo ocurre en virtud de una razón suficiente y según la relación de causalidad, pero marcado por la siniestralidad de la naturaleza, por la ignominia de las instituciones sociales y políticas, por la maldad natural de los hombres. Todo es intolerancia, violencia e iniquidad: tan sólo queda el repliegue en la privacidad de la alquería, la renuncia social, si se quiere encontrar la calma que el mundo niega. Sólo queda la renuncia a los ideales utópicos para encontrarse de nuevo con el sentido simple de la vida; con la única felicidad posible, la de las cosas sencillas".
         Como se expresa perfectamente en la frase que cierra la narración, con la que Cándido responde con un aparente hastío y un claro espíritu de renuncia a un último intento por parte de Pangloss de interpretar filosóficamente todo lo que les ha acontecido: "Todo eso es muy bueno, pero lo que importa es no disertar, no argüir y cultivar la huerta".

    Acabamos con unas palabras de Madame de Staël: "Sentía tanto Voltaire la influencia que los sistemas metafísicos ejercen sobre la opinión general, que para combatir a Leibniz compuso Candide. Tomó en animadversión las causas finales, el optimismo, el libre albedrío, en una palabra, todas las opiniones filosóficas que realzan la dignidad del hombre, e hizo Candide, una obra de infernal alegría".  

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