miércoles, 1 de diciembre de 2010

UNA LECCIÓN PARA EL DIÁLOGO


Nos gusta recoger aquellas palabras con las que nos identificamos tanto que quisiéramos haberlas pronunciado nosotros mismos. Podríamos haber acompañado la cita que viene a continuación de un análisis de su contenido, de algunas reflexiones acerca de lo que en ella se afirma, de... Pero hemos decidido que cualquier cosa que pudiéramos añadir estaría de más; aquí ya está dicho todo:

"Normalmente no pretendo tener la última palabra. No me gusta ni me proporciona la menor satisfacción. Detesto las discusiones inacabables, debidas únicamente a razones de prestigio y no a la necesidad dialógica. Tras el intercambio de opiniones trato de arreglármelas para evitar la ruptura y recurro a la vía de la conciliación. Al final prefiero tender la mano a volverme de espaldas. La finalidad del diálogo no es mostrar que eres el mejor, sino llegar a un acuerdo o por lo menos aclararse recíprocamente las ideas."

                                     (Norberto Bobbio)


7 comentarios:

isidro. dijo...

Amén.

Sarastro dijo...

Grande, Bobbio, muy grande. Pero algo de esa claridad se merece una protesta acre, un lamento sonoro, una lágrima en alfaguara.

Me quejo con frecuencia de que uno de los dramas colectivos de los españoles es el de no saber/querer discutir. Se riñe, eso sí, pero no se discute.

No soy yo muy partidario de usar blogs, y menos los ajenos, a modo de psicodrama en que cada uno expone sus vicisitudes y cuitas vitales. En éste lo estoy haciendo más de la cuenta y mucho me temo que toca repetir. Pido disculpas por ello.

Me gusta la dialéctica, también la retórica, que son cosas distintas aunque el español medio use un término u otro de forma indistinta. Pero bueno, como Agustín es filósofo certificado, que explique, si le place, qué es qué.

Intento en la medida de las exiguas posibilidades de mi atolondrado caletre, sólo hablar y opinar de aquello sobre lo que tengo datos suficientes y siempre en reserva por si aparecieren elementos nuevos que me hicieren cambiar de opinión. Si no sé, me callo, escucho y, como mucho, pregunto en una suerte de ejercicio de mayéutica.

Pues bien, en muchas, en cientos, en miles de ocasiones he escuchado "joder, tío, es que no se puede discutir contigo porque siempre te empeñas en llevar razón". La paradoja se encuentra, precisamente, en que yo me siento en duda de forma permamente y detesto aquella virtud tan carpetovetónica de ser un hombre de recias opiniones que nunca da su brazo a torcer. ¡Joder! ¿Cómo puede ser un mérito, casi una virtud teologal el no dar nunca el brazo a torcer! Una de dos, o se es el pitoniso del templo de Apolo o un perfecto imbécil.

Pero el español medio se aferra a un punto de vista con la misma sencillez con que se hace de un equipo de fútbol: "yo soy de estos". Y así se acuñan frases tan manidas como "di lo que quieras que no me vas a convencer" o aquella tan bonita de "ya, esa es tu opinión pero la mía es otra"... Estos principios, obviamente, nos sitúan varios pasos por detrás en la escala evolutiva y...

Hala, que ya me he desahogado un poco.

Agustín Sanz Andreu dijo...

La verdad es que me identifico con mucho de lo que dices en este comentario.

Con lo que no estoy de acuerdo es con lo de "blog ajeno". El ágora es de todo el que quiera pasearse por ella y se preste a convivir con el resto de sus ocupantes.

Rana Gustavo dijo...

Bobbio fue un hombre justo que lucho contra el fascismo italiano y que aposto por el dialogo y la democracia una buena frase de el que encontrado por ahi era esta:
``Una dictadura corrompe el ánimo de los hombres, los conduce a la hipocresía, a la mentira, al servilismo´´
*Jesús

Agustín Sanz Andreu dijo...

Un gran hombre y un gran pensador, efectivamente. Muy buena también esa cita. Gracias por tu aportación.

mateo gandía dijo...

he aprovechado esta entrada para hacer una en mi blog. espero que no te importe
un saludo!!

Agustín Sanz Andreu dijo...

Cómo me va a importar, al contrario.

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