miércoles, 1 de diciembre de 2010

TIM MINCHIN





Otro personaje que sumar a la troupe de los comediantes oficialmente escépticos y librepensadores, junto a Penn y Teller o Leo Bassi (y algún otro que de seguro se me escapará). Se trata de Tim Minchin, australiano que comenzó su carrera artística en 2002. Intérprete de piano, la peculiaridad de su estilo reside en enmarcar musicalmente sus números humorísticos (al modo de Les Luthiers, para que nos entendamos). En sus actuaciones trata muy diversos temas, por supuesto, pero por lo que aquí nos toca no puede dejar de interesarnos especialmente que uno de ellos sea la denuncia de la irracionalidad. Y se ocupa de esta cuestión con una claridad de ideas y una elocuencia envidiables. Que se tiene bien sabida la lección, vaya. Y de sobra lo demuestra en el vídeo que viene a continuación, donde consigue resumir en nueve minutos un completísimo alegato contra esas posturas intelectuales que tanto rechazamos en el ágora, sin faltar todos los argumentos necesarios y sus correspondientes conclusiones. Que lo disfrutes tanto como lo disfruto yo cada vez que vuelvo a verlo:





Confeso seguidor de Richard Dawkins, ateo (por supuesto) y, según él mismo afirma, "un pelín obsesionado" con la religión, se ocupa también de temas políticos y sociales, siempre ejerciendo uno de los más nobles objetivos del humor: la crítica. Dispone de unas amplias discografía y videografía y ha recibido numerosos premios. Como postre, aquí tienes otro de sus números (el subtitulado es del colega bloguero Ezequiel Del Bianco, de Proyecto Sandía, al cual agradecemos esta labor):




Y si quieres saber más, aquí tienes el sitio web oficial de Tim Minchin.

UNA LECCIÓN PARA EL DIÁLOGO


Nos gusta recoger aquellas palabras con las que nos identificamos tanto que quisiéramos haberlas pronunciado nosotros mismos. Podríamos haber acompañado la cita que viene a continuación de un análisis de su contenido, de algunas reflexiones acerca de lo que en ella se afirma, de... Pero hemos decidido que cualquier cosa que pudiéramos añadir estaría de más; aquí ya está dicho todo:

"Normalmente no pretendo tener la última palabra. No me gusta ni me proporciona la menor satisfacción. Detesto las discusiones inacabables, debidas únicamente a razones de prestigio y no a la necesidad dialógica. Tras el intercambio de opiniones trato de arreglármelas para evitar la ruptura y recurro a la vía de la conciliación. Al final prefiero tender la mano a volverme de espaldas. La finalidad del diálogo no es mostrar que eres el mejor, sino llegar a un acuerdo o por lo menos aclararse recíprocamente las ideas."

                                     (Norberto Bobbio)


Y NUESTRAS MÁS RECIENTES OCURRENCIAS...



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