martes, 12 de octubre de 2010

RIDLEY: "QUÉ NOS HACE HUMANOS"








Matt Ridley.
Qué nos hace humanos
(Nature via nurture. Genes, experience and what makes us humans).
Traducción de Teresa Carretero e Irene Cifuentes.
Año de publicación: 2003.
Edición: Taurus, Madrid, 2004.


El autor, Matt Ridley, es periodista científico (The Economist, The Daily Telegraph) y doctor en zoología por la Universidad de Oxford. Especializado en las áreas de la genética y el evolucionismo.

La temática del libro es encuadrable en la categoría de genética de la conducta. 
    Como tesis principal, Ridley defiende que la conducta humana viene conformada por la confluencia de experiencia y herencia, a partir de la idea de que no son dos fuentes de influencia opuestas y enfrentadas ya que los genes actúan en función de las condiciones del entorno (“nature via nurture”) dado que responden al ambiente activándose y desactivándose (este fenómeno biológico es explicado en el texto de manera muy clara y accesible). En consecuencia, se pone de manifiesto la carencia de sentido del clásico debate entre ambientalismo y genetismo, uno de los que más peso han tenido históricamente en diversas ciencias, tanto naturales como humanas, y la posibilidad de superarlo reformulando los términos en que se ha venido produciendo tradicionalmente, asentados en ideas erróneas que los más recientes descubrimientos científicos han venido a invalidar. 

“Creo que tanto la naturaleza o la herencia como el ambiente explican la conducta humana. (...) El descubrimiento de cómo influyen realmente los genes en la conducta humana, y cómo influye la conducta humana en los genes, está a punto de dar una forma completamente nueva al debate. Ya no se trata de la naturaleza frente al ambiente, sino de la naturaleza por vía del ambiente. (...) Los genes están concebidos para dejarse guiar por el entorno. (...) habrá que abandonar las ideas que acariciamos (...) nuestros genes no son maestros de títeres que tiran de las cuerdas de nuestra conducta, sino títeres a merced de nuestra conducta; (...) el instinto no es lo contrario del aprendizaje, (...) las influencias ambientales son a veces menos reversibles que las genéticas y (...) la naturaleza está diseñada para dar soporte al entorno. (...) cuanto más destapamos el genoma, más vulnerables a la experiencia resultan ser los genes.” (págs. 15-16).

“Los genes por sí mismos son pequeños determinantes implacables, que producen sin parar mensajes totalmente predecibles. Pero están muy lejos de tener unas acciones invariables, debido al modo en que sus promotores los activan o los desactivan, en respuesta a instrucciones externas. En lugar de eso, son mecanismos para extraer información del ambiente. Cada minuto, cada segundo, cambia el patrón de los genes que se están expresando en su cerebro, con frecuencia como respuesta directa o indirecta a lo que está pasando fuera del cuerpo. Los genes son los mecanismos de la experiencia.” (pág. 418)

Como estrategia expositiva para defender la tesis anterior, el autor recurre a un desarrollo en el que se entremezcla el recuento de experiencias y datos que la apoyan con un recorrido por los principales hitos históricos de la polémica ambientalismo-genetismo, de tal manera que se muestra cómo la tesis principal es apoyada por los datos empíricos al mismo tiempo que se ponen de manifiesto los errores de planteamiento de los principales representantes de uno y otro bando de la mencionada polémica.

Algunos de los temas tratados en el texto, en una relación no exhaustiva, son los siguientes:

-El descubrimiento de la secuencia completa del genoma humano en cuanto su impacto en el debate genetismo-ambientalismo.
-La comparativa ser humano-animal como vía para determinar la idiosincrasia humana: posiciones de diversos pensadores.
-La comparativa anterior concretada en la conducta sexual.
-La peculiaridad humana frente a otros primates desde el punto de vista de la genética.
-Los instintos. La teoría de W. James. El amor como instinto y sus bases biológicas.
-Apoyos experimentales a  la teoría de la interacción genes-ambiente.
-Lo innato y lo adquirido en las diferencias de sexo y género: rasgos biológicos, roles de género, orientación sexual, funciones y capacidades cerebrales y mentales.
-La posición innatista de Galton y sobre el mismo como inaugurador del debate naturaleza-entorno.
-Los estudios con gemelos y la aportación de sus resultados a la polémica naturaleza-entorno. Sobre la heredabilidad de diferentes rasgos: físicos, de personalidad, inteligencia,...
-Las investigaciones sobre las causas de la esquizofrenia. La pluricausalidad de los fenómenos mentales como un apoyo más a la teoría de la interacción genes-ambiente.
-La teoría evolutiva de Piaget.
-El nativismo de K. Lorenz. 
-La teoría de la impronta. Interpretación desde la misma de diversos fenómenos: la homosexualidad, la adquisición del lenguaje, la aversión al incesto.
-Las teorías deterministas del aprendizaje: Pavlov, Watson, el conductismo.
-F. Boas y la antropología cultural y su influencia en el debate herencia-ambiente. El aprendizaje cultural. La cultura en el proceso evolutivo.
-La sociobiología.
-Diversas consecuencias de la tesis defendida en el libro: sobre la relatividad de la influencia de la educación parental, sobre la influencia de los grupos de iguales, sobre la meritocracia, sobre el concepto de "raza", sobre la individualidad, sobre el libre albedrío.

De manera paralela y complementaria a la principal línea de desarrollo de la obra, se trata el tema de la utopía (a modo de apéndice al final de algunos capítulos):

“Uno de los pecados habituales patentes en el debate naturaleza-entorno ha sido el utopismo, la idea de que existe un modelo ideal de sociedad que puede derivarse de una teoría de la naturaleza humana. Muchos de los que creían comprender la naturaleza humana se aprestaron a convertir descripción en prescripción y trazaron un modelo de sociedad perfecta. Ésta es una práctica común tanto entre los partidarios de la naturaleza como entre los partidarios del entorno. Con todo, la única lección que se extrae del sueño utópico es que todas las utopías son pésimas. Todos los intentos de crear una sociedad en referencia a una concepción estrecha de la naturaleza humana, bien sobre el papel o en las calles, acaba produciendo algo mucho peor. Me propongo acabar cada capítulo burlándome de la utopía que implica llevar cualquier teoría demasiado lejos.” (pág. 120).

Y se comentan, como tales utopías resultantes de adoptar las posiciones del innatismo o del ambientalismo extremos:

-La República platónica.
-La sociedad eugenésica de Galton.
-El mundo feliz de Huxley.
-El nazismo y el apoyo teórico de K. Lorenz al mismo.
-Skinner y su Walden Dos.
-Los comunalismos.

Imprescindible para la actualización de conocimientos sobre el área de que se ocupa y susceptible de tener como lector tanto al público en general, a modo de obra de divulgación, como al especialista. Resulta un texto muy clarificador, que rompe con algunos de los tópicos más asentados en el debate científico y filosófico y lo hace por la vía más fiable para ello: a partir de los datos empíricos, sin contar con los cuales cualquier especulación se realiza inevitablemente en el vacío. De igual interés desde el punto de vista de las ciencias naturales, de las ciencias humanas o de la filosofía. 

Este libro ha visto dos ediciones en nuestro país, la de Taurus que se encuentra referenciada al comienzo de este artículo y otra en formato bolsillo realizada por Punto de Lectura en 2005. La última está actualmente descatalogada, pero la primera se puede encontrar con relativa facilidad.

Sitio web de Matt Ridley: http://www.rationaloptimist.com/


lunes, 4 de octubre de 2010

CINE Y PROBLEMÁTICA DE GÉNERO



Te doy mis ojos (Icíar Bollaín, 2003).

Lleva camino de convertirse en un clásico para las aulas, y es con toda seguridad la mejor película que nunca se ha realizado sobre el maltrato de género. Retrata con toda fidelidad y realismo los perfiles psicológicos típicos de víctima y agresor, así como la dinámica prototípica del proceso de maltrato, repasando todas las conductas y actitudes habituales de quienes se encuentran implicados en este tipo de situaciones, incluidos los miembros del entorno familiar y social de los afectados. Lo hace además con un muy ajustado dramatismo que evita cualquier sentimentalismo o truculencia gratuitos, así como esquivando inteligentemente los maniqueísmos superficiales y simplificadores. Por todo lo dicho anteriormente, posee la virtud de resultar tan informativa como cualquier manual de un especialista en la materia, al mismo tiempo que resulta un eficaz medio de sensibilización hacia el problema que trata.


Persépolis (Marjane Satrapi y Vincent Paronnaud, 2007).


Película de animación basada en el magnífico cómic homónimo de Marjane Satrapi. Narra las experiencias, desde la infancia hasta la primera juventud, de una iraní que ve nacer la teocracia islamista de los ayatolás, con el retroceso que ello supondría para la situación de la mujer. Es un relato autobiográfico cuyo punto de vista en primera persona le otorga un especial valor. Además de lo más evidente, es decir, permitir descubrir la situación de la mujer bajo el islamismo radical, ofrece otras posibilidades: para muchos espectadores romperá tópicos y estereotipos asentados en el desconocimiento sobre la auténtica realidad de los países de cultura islámica y sus habitantes (oh, sorpresa, son personas que sienten, piensan y actúan como "nosotros"). Incluso, por qué no, puede ser útil para reivindicar el género narrativo del cómic, tan habitual como injustamente menospreciado.




El hombre tranquilo -The quiet man- (John Ford, 1952).


Todo un clásico y una gozada de película. Eso sí, si se es es capaz de realizar el acto de abstracción que permita desligar la dimensión estética de la moral (cosa tan posible como deseable en numerosas ocasiones ante los objetos artísticos, desde mi punto de vista), porque se trata del colmo de la misoginia en una pantalla. Una arisca joven cuya fuerte personalidad aleja a todo posible pretendiente (lección nº 1: si aspiras a un marido, sé sumisa) es finalmente "domada" (o reintegrada al rol que se le tiene asignado, si queremos ponernos técnicos) por el protagonista. Y, además, con violencia física incluida, que por el tono desenfadado en que es narrada no debía de resultar en absoluto políticamente incorrecta en el momento de realización de la película. Sospechamos que, bien al contrario, ni sorprendía ni escandalizaba a anteriores generaciones de espectadores (ni, nos tememos, a muchos de los actuales), que asistirían complacidos a la secuencia del desenlace, clímax del desarrollo de la narración, en que la mujer finalmente "recibe su merecido" y se somete al macho de la especie. Aún hay más: todo esto sucede con la satisfecha aquiescencia de ella, con lo que los autores no hacen sino un ejercicio de hipócrita enmascaramiento de la condición de víctima de la mujer. Ésta aparece como cómplice tácita del patriarcado, statu quo que acepta e incluso desea y que, en consecuencia, queda plenamente justificado. Película con mucha miga, como vemos. No sólo retrata los usos y modos de una sociedad androcéntrica, sino que además permite reflexionar sobre la normalidad con que éstos eran asumidos hace tan sólo poco más de medio siglo (y yo diría que aún hoy... y lo que nos queda, por desgracia).




Trailer de Persépolis



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