miércoles, 7 de julio de 2010

LA INMORTALIDAD POR 7.000 EURACOS (¡UNA GANGA, OIGA, ME LO QUITAN DE LAS MANOS!)







El ser humano es una especie muy peculiar, quizás la más extraña de todas las que habitan el planeta. Entre sus muchos y extravagantes rasgos diferenciales se encuentra el de tener conciencia de la finitud de su existencia. El homo sapiens tiene conocimiento de que en algún momento morirá.
    Ese conocimiento conlleva, en la gran mayoría de los individuos, un miedo que ha supuesto desde siempre una gran oportunidad de negocio para algunos. Pensemos por ejemplo en las religiones, todas las cuales, sin excepción, nos venden (en algunos casos literalmente) la promesa de sobrevivirnos de algún modo más allá de nuestra existencia terrenal. Para quien no encuentra suficiente consuelo en la idea de seguir viviendo en "otro mundo", debido a que no sólo no quiere dejar de existir sino que además tampoco desea dejar de hacerlo carnalmente (indudablemente, tendrías que prescindir de muchas de esas cosas que tanto te gustan... golfo), o, sencillamente, para quien razonablemente no cree en esa posibilidad, se viene ofertando otra solución de carácter no sobrenatural sino científico: la crionización. 

Resumamos en qué consiste: recién fenecido se te congela (no es tan simple, pero permítasenos expresarlo así, para entendernos y por abreviar) y se te almacena durante el tiempo que sea necesario, previsiblemente siglos, a la espera del momento en que la medicina haya logrado los avances que permitan revertir de un modo u otro el proceso de la muerte. A día de hoy, la ley no permite criopreservar a una persona si no está clínicamente muerta. 

Bien, quien ya nos conozca supondrá que si estamos contando todo esto es para acabar poniendo alguna pega (desde luego, somos la leche). ¿Dónde vemos el problema? Para empezar, existe amplio desacuerdo entre los especialistas acerca de las posibilidades de la crionización. Una cierta cantidad de científicos respalda sus fundamentos científicos (véase el listado elaborado por el Immortality Institute... pasada de nombre), pero la mayoría sostiene lo contrario: no sólo existen evidencias de que someter a un organismo a un estado tal provoca en él unos daños irreparables, sino que además jamás se ha experimentado con la reversión del proceso, es decir, la descongelación. Que hoy por hoy se sepa, lo único que es posible recuperar tras un proceso de criopreservación son células, tejidos y mierdas así. Los defensores de la criónica aducen que, puesto que se desconoce lo que nos pueda deparar el futuro, ¿quién nos asegura que aunque actualmente se puedan presentar ciertos problemas, éstos no puedan ser solventados más adelante? Por ejemplo, que aún admitiendo que el organismo quede tremendamente dañado de un modo que hoy lo haría irrecuperable, algún día la medicina sea capaz de reparar tal tipo de daños. Nadie, ni partidarios ni detractores, lo saben ni pueden saberlo. Pero, en cualquier caso, se podría decir que no pierdes nada. Si nunca es posible recuperarte en condiciones, de todas maneras te quedas igual que si no te hubieras prestado a ser introducido en la supernevera: muertito para toda la vida; y si por una de aquéllas sí es posible, pues eso que sales ganando. Total, por intentarlo... se dirán muchos.

No obstante, a menudo se alegan otras objeciones, que se derivan no de la posible inviabilidad de la recuperación sino, al contrario, de la posibilidad de que ello realmente suceda alguna vez. Por ejemplo, lo traumático que resultaría para un individuo volver a la vida en un futuro tal vez cientos de años alejado de su mundo original. Obviamente, ya no existiría ninguna de las personas que conociste (esto no vemos que sea un gran problema, teniendo en cuenta que uno no suele estar rodeado más que de indeseables), pero además puede darse el caso de que el modo de vida, las costumbres, los valores, la cosmovisión de la humanidad en ese momento sean tales que jamás pudieras adaptarte a ello o que incluso no desearas hacerlo. 
    A mí personalmente se me ocurren otros posibles inconvenientes que harían más deseable que uno se quedara palito de cangrejo ad aeternum. Cuando mueres, te meten en la cámara a ver pasar los siglos y, a partir de ese momento, quieras que no, estás a plena disposición de tus custodios. Sí, la empresa de ultracongelados a la que te confíes firma un contrato por el que se compromete legalmente a cumplir ciertas condiciones con las que tú, aún vivo y en plenitud de facultades, te has mostrado conforme. ¿Pero quién te dice a ti de qué manera va a modificarse la legislación en un futuro, que ese contrato se siga considerando válido dentro de, pongamos, 300 años, que ni siquiera siga existiendo la entrañable figura del notario...? Si me resucitan, ¿quién me garantiza que no sea en unas condiciones o para unos fines tales que hubiera preferido seguir muerto? No, no voy a especular con las posibilidades, que me da pereza; lo dejo a la tortuosa imaginación de cada cual.


Un crionizado famoso: la estrella del béisbol Ted Williams.


Otro crionizado famoso (éste ya sabes quién es).


Por supuesto, todo esto requiere de unos medios técnicos y humanos no precisamente baratos, con lo que el desembolso necesario para obtener este servicio es considerable. Pero, gracias al principio de competitividad del mercado (bendito sea), existe una oferta mucho más económica. Y ello debido a que al parecer no es necesario crionizarte de cuerpo entero; basta con conservar tu cerebro (aunque se guarda la cabeza completa, digo yo que por si acaso el envase es retornable). Se aduce que lo realmente imprescindible para tu vuelta a la vida no es el conjunto de tu físico, que después de todo seguro que está hecho un asco, sino tan sólo ese órgano. Al fin y al cabo, por lo que sabemos ahí es donde estás, ¿no? Ahí residen tu conciencia, tus recuerdos, tu identidad personal, en definitiva tu yo. Por ello, compañías como la estadounidense Alcor Life Extension Foundation (que, por cierto, te ofrece la posibilidad de criopreservarte junto a tu mascota, para que no te sientas solo) o la rusa Kriorus incluyen en su catálogo la opción de congelarte solamente de cuello para arriba. Ya sólo queda esperar a la tecnología necesaria para reactivar el cerebro y entonces... ¿qué? Porque supongo que no pretenderán que la cabeza vivita y coleando pase los restos metida en un tarro (no jodas, Matt Groening)... Quizás se espere poder extraer de algún modo la información ahí almacenada e implantarla donde se considere conveniente: ¿otro cerebro previamente vacío de contenidos (de estos hay muchos), algún ingenio como el equivalente futuro de un iPhone...? O también, más sencillo (¿?), trasplantar tu cerebro a otro cuerpo, que suponemos que la empresa prometerá sano, joven y atractivo (vamos, yo no pago para que me metan en cualquier piltrafa como yo). Fuese lo que fuese, se podría decir con toda propiedad que seguirías siendo tú. También hablan algunos (va en serio, no me lo invento) de la posibilidad de que la ciencia domine algún día mecanismos que permitan la regeneración de tu propio cuerpo a partir de la cabeza, en plan cola de lagartija, pero esto de que vaya saliendo poco a poco el cuerpecillo a mí me suena truculento de cojones, sobre todo si mi cabeza, o sea yo, tiene que ser testigo del proceso.


Algunos piensan que no es ésta precisamente la parte de ella que merecía la pena conservar.


Para que no tengas que molestarte en pedir presupuesto (que si no te aclaras con el fontanero de tu barrio, no veas con un criobiólogo ruso), ya te cuento yo que la cosa se te queda en unos 7.000 euros (congelarte de cuerpo presente... eeeh, quiero decir completo, ya te sube a unos 25.000), suponemos que mano de obra, desplazamientos y carajillos del descanso incluidos. La verdad es que no está nada mal, incluso demasiado barato me parece a mí... no sé, no sé.

Para concluir, he de decir que, durante el proceso de documentación para la redacción de este artículo (previamente no sabía apenas nada sobre este asunto; mira si soy chulo), he podido comprobar que el tema es tan complejo como apasionante, y que al respecto existe un amplísimo debate científico, filosófico y hasta religioso (no iban a dejar de meter baza, faltaría más), así como que a lo largo de los años se ha ido desarrollando toda una subcultura del "crionicismo". Este texto es sólo una escueta y superficial introducción realizada por alguien que no ha querido profundizar en su exposición más de la cuenta por el temor plenamente justificado a meter la pata (y no estoy totalmente seguro de no haberla metido, y aún así lo publico; mira si soy chulo). Si quieres saber más y mejor, recurre a otras fuentes más específicas. Para facilitarte la tarea, te puedo decir que lo mejor es empezar visitando crionica.orgque a su vez también te enlazará a multitud de otros sitios sobre el tema.

En fin, si estás interesado ya sabes dónde dirigirte pero, eso sí, haz caso a tu madre y llévate una bufanda.

3 comentarios:

Agustín Sanz Andreu dijo...

APÉNDICE A MODO DE "MAKING OF"

A pesar del tono ligeramente humorístico del artículo (que es así porque sí, porque me apetecía y punto), todo lo que en él se describe es rigurosamente cierto, al menos en función de las fuentes consultadas. No he inventado nada.

Me gustaría comentar también que la idea inicial surgió a partir de la lectura de una noticia publicada en los periódicos de ayer mismo (6 de julio) sobre la empresa Kriorus. En principio, y debido a mi desconocimiento sobre el tema, mi postura era totalmente escéptica (hablando claro, yo siempre había supuesto que esto de la crionización era una frikada pseudocientífica y algo con todos los visos de fraude), y así se reflejaba en los primeros borradores de este artículo. Pero conforme he ido informándome para su redacción mi perspectiva ha ido cambiando. Parecen innegables las objeciones que se presentan actualmente a esta técnica, pero no hay que olvidar que tales objeciones se realizan en base a los conocimientos científicos actuales. Sin embargo, teniendo en cuenta que la baza esencial de la criónica no es contar con éstos sino con los conocimientos futuribles, cobra pleno sentido ese argumento de sus defensores recogido en el texto: "puesto que se desconoce lo que nos pueda deparar el futuro, ¿quién nos asegura que aunque actualmente se puedan presentar ciertos problemas, éstos no puedan ser solventados más adelante?". Mayor peso considero que poseen los posibles problemas de orden no técnico-científico también expuestos.

Ah, por cierto, definitivamente Walt Disney no está crionizado.

julianfedez dijo...

no te olvides de austin powers , el también es un famoso que se ha criogenizado

Agustín Sanz Andreu dijo...

Buena aportación. No sé cómo se nos pudo pasar.

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