viernes, 25 de junio de 2010

¿ES USTED PROFESOR? PUES NO PIENSE, POR FAVOR, NO SEA QUE A SUS ALUMNOS LES DÉ POR IMITARLE Y... ¿DÓNDE IRÍAMOS A PARAR?



Ya hemos repetido en numerosas ocasiones que en este blog estamos por el libre debate de las ideas. De hecho, tal cosa es lo que nos mueve y da sentido a la existencia de este rinconcito de Internet. Mantenemos la popperiana (manda huevos el palabro) convicción de que absolutamente ninguna idea debe quedar a salvo de crítica. Sólo el sometimiento a tal prueba y lo que de ella se deriva, es decir, la pervivencia de las ideas más válidas, es lo que nos puede permitir avanzar en el camino del conocimiento. Lo contrario: el dogmatismo, la sujeción al prejuicio, la opinión sin fundamentos sólidos,... supone el riesgo de inmovilizar al ser humano en concepciones erróneas (que en algún caso podrían no serlo, pero ¿cómo saberlo si les otorgamos el privilegio de considerarlas inmunes a la crítica?). Y esta no es una cuestión baladí, pues no hablamos de elucubraciones gratuitas propias de quien no tiene nada mejor que hacer. Nuestro conocimiento de la realidad es lo que nos permite adaptarnos a ella de la mejor manera posible para desarrollar nuestra vida, tanto colectiva como individual, del modo más apropiado y beneficioso. Aprovechamos para aclarar que todo lo que nos ocupa y preocupa aquí no lo hace porque constituya un mero entretenimiento intelectual, sino porque las consecuencias prácticas de dirimir ciertas cuestiones son esenciales para nuestra existencia.


Curiosamente, en más de una ocasión algún comentarista del blog nos ha reprochado precisamente eso antes descrito y que nosotros consideramos una virtud. Tal hecho no hace sino reafirmarnos en nuestra postura, pues revela cuán necesario es difundir esa actitud crítica de la que hacemos bandera. Mientras escribo esto tengo presente especialmente el siguiente comentario, que originalmente apareció aquí firmado por "Anónimo" (el cual es, con diferencia, el comentarista más habitual de este blog):

"parece mentira que un profesor que debe enseñar algo lo primero que haga sea hablar criticando algo. Objetivamente me da la sensacion que las personas que suelen criticar es xk viven enfadadas con el mundo y consigo mismas".

Para abundar en el despropósito, ocurría que lo que nuestro comentarista censuraba que criticáramos eran cosas como la justificación del abuso sexual, la esclavitud o la pena de muerte como castigo a la homosexualidad; todo eso era lo que nuestro querido contertulio consideraba que no debía ser criticado. Es más, en el mismo comentario calificaba el hacerlo como una "falta de respeto" (¡¡¡¿¿¿???!!!).

Lo que más me llama la atención (y me inquieta) de la anterior opinión es que presenta un agravante: el de considerar que sea precisamente la persona encargada profesionalmente de parte de la educación de los futuros ciudadanos la que deba eludir la actitud crítica y la libertad de pensamiento, cuando desde nuestro punto de vista uno de sus deberes es, no ya ejercer tales cosas, sino además promoverlas entre sus discípulos. En su momento ya respondimos a esta persona pero, siempre convencidos de que mucho de lo que podamos decir ya lo han dicho otros mejor que nosotros, en esta ocasión vamos a hacer que quien replique a nuestro comentarista sea alguien a quien, por unos momentos, vamos a convertir en colaborador de excepción del ágora: nada más y nada menos que el señor Bertrand Russell. Ante sus palabras, las nuestras están claramente de sobra.


Los enemigos de la libertad académica sostienen que hay que tomar en consideración otras condiciones aparte del conocimiento que tenga un hombre de su especialidad. Debe, según ellos, no expresar nunca una opinión contraria a la de los que detentan el poder. Este criterio ha sido vigorosamente defendido por los Estados totalitarios.
(...) Ese peligro no puede evitarlo la democracia por sí sola. Una democracia en la cual la mayoría ejerce sus poderes sin restricción puede ser tan tiránica como una dictadura. La tolerancia de las minorías es parte esencial de una prudente democracia, pero esa parte no se recuerda siempre lo bastante.
(...) Gran parte de esto sucede entre nosotros. La crítica se permite en un amplio campo, pero cuando se la considera realmente peligrosa, su autor es castigado en alguna forma.
(...) las opiniones deben ser formadas por el debate libre, no permitiendo que sólo se oiga a uno de los lados. Los gobiernos tiránicos, tanto antiguos como modernos, han mantenido el criterio contrario.
(...) La diferencia fundamental entre el criterio liberal y el que no lo es consiste en que el primero considera todas las cuestiones abiertas a la discusión y todas las opiniones sujetas a la duda en menor o mayor medida, mientras que el último sostiene por adelantado que ciertas opiniones son absolutamente indudables y que no deben permitirse los argumentos contra ellas. Lo curioso de esta opinión es la creencia de que, si se permitiese la investigación imparcial, llevaría a los hombres a la conclusión errónea, y que por lo tanto la ignorancia es la única salvaguardia del error. Este punto de vista no puede ser aceptado por ningún hombre que desee que la razón, en lugar del prejuicio, gobierne los actos humanos.
(...) El hombre o la mujer que va a desempeñar un puesto docente oficial no debe ser obligado a ostentar las opiniones de la mayoría, aunque, naturalmente, la mayoría de los maestros lo haría. La uniformidad de opiniones en los maestros no debe ser buscada, sino, de ser posible, evitada, ya que la diversidad de opinión entre los preceptores es esencial a cualquier educación sana. Ningún hombre puede pasar por educado cuando sólo ha oído hablar de un aspecto de las cuestiones que dividen al público. Una de las cosas más importantes que se debe enseñar en los establecimientos docentes de una democracia es el poder de sopesar argumentos, y el tener la mente abierta y preparada de antemano a aceptar el argumento que le parezca más razonable. En cuanto se impone una censura en las opiniones que los profesores pueden expresar, la educación deja de realizar sus fines y tiende a producir, en lugar de una nación de hombres, un rebaño de fanáticos.




Lo anterior está extractado del artículo La libertad y las universidades, que Russell redactó como consecuencia del hecho de que en 1940 le fuera prohibido impartir clases en la Universidad de Nueva York. ¿El motivo? Haber mostrado en su trayectoria intelectual que estaba dispuesto a poner en cuestión muchas ideas establecidas, en definitiva cumplir con su obligación como filósofo, y el temor a que contagiara sus ideas "subversivas" al alumnado. En realidad, la cuestión viene tan de antiguo que ya Sócrates fue condenado a muerte por, entre otros motivos, "corromper" a la juventud ateniense (muchos han querido ver en esa fórmula un significado sexual, puesto que a Sócrates le ponían los efebos, pero teniendo en cuenta que los golfos de los griegos no ejecutaban a nadie por ese motivo, es más probable que aquí "corromper" equivalga a "hacer pensar", con las consecuencias políticas que ello podía tener, que en definitiva era la principal actividad de Sócrates... los efebos en segundo lugar).

Completaremos esta entrada con un vídeo que nos ha remitido nuestro amigo Al Fern (en su pseudónimo feisbukero; también podríamos llamarle Ejandro Ández, pero en ningún caso desvelaremos su auténtico nombre, ya que no sabemos si es esa su voluntad). En él, el humorista norteamericano George Carlin toca algunas de las cuestiones aquí tratadas con mayor acidez que Russell. Aunque hace referencia a Estados Unidos, todas y cada una de sus palabras, sin excepción, se pueden aplicar perfectamente a nuestro país (¿por qué será?; ¿alguien dijo "pensamiento único", o sea, ausencia de pensamiento?).




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