viernes, 14 de mayo de 2010

ATEÍSMO PARA ELOY


(Advertencia: este artículo contiene un spoiler)

Tengo un hijo con actualmente tres años que probablemente algún día me pregunte si existen los Reyes Magos. No sé qué le responderé exactamente, pero sé que no le diré ni que sí ni que no, sino que seguramente recurriré a una de esas respuestas elusivas tan habituales del tipo "¿y tú que crees?", "¿tú quieres que existan?", "lo que tú prefieras pensar" o similar. Pero también es posible que mi hijo me pregunte algún día si existe Dios. En este caso sí puedo anticipar con toda convicción cuál será mi respuesta: no.

Esto viene a colación por el hecho de que he observado que numerosos no creyentes contemplan tal momento como una especie de situación difícil y comprometida ante la que manifiestan una cierta prevención, y como resultado de ello les preocupan las dudas acerca de cuál ha de ser la respuesta que deberían ofrecer como más apropiada. En ello me parece detectar ciertas inseguridad, indecisión o incluso sentimiento de culpabilidad al respecto de la propia postura intelectual de no creencia que considero totalmente injustificadas. Estas personas no quieren engañar a su hijo o hija, pero por otro lado tienen el temor de caer en lo que ellos consideran que sería una reproducción del dogmatismo de los creyentes y la tendencia adoctrinadora a que tal dogmatismo conduce. En otras palabras, detestan la idea de convertirse en la otra cara de la moneda de unos padres creyentes (cuando en realidad el agnosticismo y el ateísmo no son la otra cara de la moneda de la creencia religiosa; la otra cara de la moneda de una creencia religiosa no es sino otra diferente creencia religiosa). Su objetivo es permitir que su hijo piense por sí mismo, y consideran que si le ofrecen esa respuesta taxativa que antes he propuesto estarían incurriendo en el intento de inculcarle sus propias ideas cuando en realidad lo que deberían hacer es estimularle a formarse su propia opinión. ¿Dónde reside aquí el error? En que se pretendería animar a alguien a formarse su propia opinión sobre algo que no es cuestión de opinión, en que no se estaría transmitiendo ninguna creencia dogmática al pronunciar ese "no", en que con ello no se estaría coartando de ninguna manera la autonomía de pensamiento.

Si nuestro hijo nos preguntase, por ejemplo, si la Tierra está estática en el centro del universo mientras el resto de éste gira a su alrededor, no consideraríamos inconveniente responderle que no. Es más, veríamos esta respuesta como la única razonable y responsable. Al hacerlo, ¿estaría justificado que considerásemos que caemos en el dogmatismo?, ¿tendríamos el temor de estar coartando su libertad de pensar?, ¿tendríamos en algún momento la tentación de responderle "has de formarte tu propia opinión sobre esta cuestión"?

La objeción que inmediatamente surgirá al común de las personas es que no es lo mismo, porque mientras sí podemos estar seguros al 100% de que la Tierra no está estática, no lo podemos estar acerca de la inexistencia o existencia de Dios. La respuesta a la primera cuestión sería objetiva e indiscutible, mientras que la que corresponde a la segunda dependería del parecer personal de cada cual. Lo que ocurre, sin embargo, es que esto no es así. Tampoco podemos estar 100% seguros de que la Tierra no está estática. En nuestro conocimiento sobre el mundo de los hechos no cabe el concepto de certeza. Cuando estamos seguros de algo, lo estamos únicamente porque su verdad o falsedad posee un cierto grado de probabilidad. Un grado de probabilidad que en ocasiones nos es suficiente para responder un "sí" o un "no" sin temor a equivocarnos. Así funciona nuestro conocimiento del mundo, y no necesitamos más.

Ese grado de probabilidad de los hechos que traducimos en seguridad de nuestro conocimiento acerca de la realidad es lo que nos resulta suficiente para afirmar que la Tierra no está estática, así que ¿por qué no habría de ser también suficiente para afirmar que Dios no existe? Parecería que el objeto " Dios" ha de ocupar una especie de categoría especial dentro de nuestros juicios acerca del mundo de los hechos. ¿Por qué? La respuesta es evidente: el peso, la influencia, de una carga histórica, cultural y social de la que nos es tremendamente difícil librarnos. 

Una vez dicho lo anterior, recurriré a otro ejemplo. Todos conocemos la trama de la película Matrix (un film cuyos creadores nos hicieron un gran favor a aquellos que tenemos el interés o la necesidad de explicar ciertas cosas, pues su base argumental no es sino la clásica hipótesis de trabajo filosófica del "cerebro en el frasco"). ¿Pudiera ser que en realidad viviéramos en "Matrix"? No es imposible. Pero las probabilidades de ello son tan sumamente ínfimas que cualquier respuesta distinta del "no" la consideraríamos poco razonable. Si nuestros hijos nos preguntaran si existe "Matrix", ¿entenderíamos como conveniente cualquier respuesta que no fuese un claro y rotundo "no"? Sin embargo, sólo tenemos que suponer que el transcurrir histórico y social de nuestra cultura hubiera sido diferente al que realmente ha sido. Supongamos que la "doctrina Matrix" hubiera triunfado hace 2000 años, expandiéndose a lo largo de todo el mundo occidental, generando una religión organizada e institucionalizada, permeando nuestra concepción de la realidad y nuestro pensamiento moral, quizás hasta el punto de que hoy mismo se estuviera enseñando en las escuelas públicas de nuestro país. Si ello hubiera ocurrido, esas mismas personas que hoy tienen reparos en decirle a su hijo "Dios no existe" lo tendrían de la misma manera en decirle "Matrix no existe".

He manifestado al comienzo que no daría a mi hijo una negativa acerca de la posibilidad de que existan los Reyes Magos. Se trata de un mito de nuestra tradición cultural que, despojado de toda connotación y contextualización religiosas (lo cual es tan posible como conveniente), yo mismo gocé enormemente en mi infancia y que, inevitablemente, acaba cayendo por su propio peso para cualquier individuo. Sin embargo, no recuerdo haber creído en Dios en ningún momento de mi vida, y no tengo la sensación de haberme perdido nunca nada (más bien estoy convencido de haber ganado mucho). Y éste, a diferencia del de los Reyes Magos, es un mito que se puede arrostrar durante toda la existencia porque, aunque parezca mentira, la mayoría de los seres humanos, aun de adultos, siguen creyendo en algunas fantasías infantiles.

6 comentarios:

Agustín Sanz Andreu dijo...

Se recuerda al comentarista o comentaristas de esta entrada, cuya publicación ha sido rechazada, la política de moderación de comentarios de este blog, la cual establece unos requisitos tanto para el contenido como para la forma de los comentarios. Véase nota aclaratoria en la columna de la izquierda. Gracias.

olimpia dijo...

Curiosamente, los hijos no suelen preguntar lo que esperamos que pregunten.
Mis hijas nunca preguntaron si existían los RRMM, se limitaron a reírse de su padre y de mí, cuando, a muy temprana edad, las mandábamos a la cama tras haber cumplido el ritual de los zapatos, las copitas de anís para sus majestades y el agua para los camellos, se levantaban sigilosas y nos "pillaban" bebiendonos el anis, envolviendo los regalos y poniendo los cartelitos.
Durante años nos mantuvieron "engañados".

En cuanto a Dios, tampoco recuerdo que nunca preguntaran directamente. Los hijos observan, oyen, absorven y sacan sus propias conclusiones. Conversaciones sobre el ateísmo, el agnosticismo, las diferentes religiones, Y los pulsos sostenidos con el director del colegio público en el que no existía asignatura alternativa a la religión (salvo estudio vigilado), más alguna oración dulce recitada por mí en la noche , o la fé absurda de algna abuela, ...pues les conforman un mapa del mistero, que les hace no preguntar aquello que saben que es incómodo de contestar.
Y es que , menos mal, ellos son más inteligentes que nosotros.
De modo que es mejor no ponerse la venda antes de recibir la piedra.

Agustín Sanz Andreu dijo...

Los niños, desde luego, saben mucho más de lo que creemos e incluso, diría yo, de lo que ellos mismos son plenamente conscientes de saber. Y tienen una gran capacidad para engañar a los adultos en ese sentido, como tú muy bien dices. También estoy de acuerdo contigo en que muy a menudo eluden cuestiones que intuyen como incómodas para el adulto.

De todas maneras, lo que pretendo con el artículo es argumentar precisamente por qué la de la existencia de Dios no debería ser una de esas cuestiones "incómodas", ni mucho menos algo que tenga que entrar en el terreno del "misterio" (como también entraba en otros tiempos o me temo que aún hoy para ciertas familias todo lo relacionado con el sexo, por ejemplo).

Desde luego, que un niño pregunte tal cosa de manera directa quizás no sea muy probable (el punto de partida del texto hay que tomarlo más bien como un recurso retórico-literario), pero sí es cierto, porque así lo he comprobado por numerosos testimonios, ese hecho de que a muchos padres no creyentes les resulta difícil decidir cómo enfocar la cuestión en cuanto a la educación de sus hijos (no necesariamente por la posibilidad de una pregunta directa), por las razones que ya expongo en el artículo. Desde mi punto de vista, no debería suponer ninguna dificultad, por los motivos que también expongo ya en el artículo.

Y desde luego que sacan sus propias conclusiones. Es más, se les debe animar a ello. Precisamente lo que sostengo es que ofrecerles ese "no" no significa coartarles en ese aspecto; como sí creo que lo supone sin embargo la educación adoctrinadora que ofrecen a sus hijos muchas familias creyentes.

Por otra parte, el tema de fondo de este artículo es más la epistemología que la pedagogía.

olimpia martos ruiz dijo...

Por si las moscas ese "no" que tan epistemiologicamente bien has explicado, yo no se lo "ofrecerïa". Son capaces de cualquier cosa por tal de llevarte la contraria. Ya lo verás.
Es más sutil ponerles delante "el evangelio segun Jesucristo" o "Caín", ambos de Saramago.
Lecturas serias y divertidas.
Porque como te tengan que leer a tí emulando al ética para Amador de Savater.... pues se aburren los crios. No es que seas pedante no, es que eres muy pedanter Agustín, de verdad y dices unas cosas...que de verdad si es que las ves así, pues nada, pero da mucha pereza argumentar contigo porque te bajas a un nivel de prolijidad y de absurdez muy exasperante. Cosas que son de cajón...el adoctrinamiento sobre la creencia (que no la existencia) de dios se hará , el que lo haga, como ateo o como creyente. Es lo lógico. El "sí" tiene peligro, el "no" , no lo tiene...Hombre por dios, hay que explicarte que eso no es así?

Agustín Sanz Andreu dijo...

Lo que no entiendo, Olimpia, es cómo frecuentas este blog dado que te disgusta tanto mi estilo (lo cual es un punto de vista perfectamente respetable, desde luego). Me has acusado ya más de una vez de ser prolijo, y es una crítica que he asumido con la que considero la adecuada cortesía del anfitrión (e incluso con sentido del humor, como se puede ver en alguna de mis respuestas). Porque la realidad es esta: este blog, del que soy creador y absoluto responsable, existe, entre otras cosas, como medio para mi expresión. Faltaría más que venga alguien a decirme que escribo en él más de lo debido, teniendo en cuenta que nadie tiene la obligación de visitarlo ni de leerme. Y he dicho lo de "anfitrión" porque, tal como yo lo veo, en este momento eres una invitada en "mi casa". Has venido a ella voluntariamente, y en principio yo admito a todo el mundo, pero no tengo por qué aceptar que mis visitantes se muestren descorteses conmigo. Y más teniendo en cuenta que ya en una ocasión me diste motivos para banearte, y sin embargo no lo hice. Lo que sí cae en la absurdez, como tú dices, es que vengas repetidamente a dialogar conmigo por propia voluntad e iniciativa para a renglón seguido reprocharme la manera en que lo hago.

En segundo lugar, empiezan a resultar demasiado evidentes tus excusas para no ofrecer argumentos que respalden tus afirmaciones (ahora "pereza"). Afirmas que lo que digo es "absurdo". Bien, justifica por qué, porque mientras no lo hagas es un juicio sin valor ninguno. Me preguntas: "El "sí" tiene peligro, el "no" , no lo tiene...Hombre por dios, hay que explicarte que eso no es así?". Pues sí, debes explicarlo, al menos si quieres que te tomemos en serio. Adelante, hazlo. ¿O hay que pensar que en realidad no tienes nada que explicar, como hubo que pensarlo cuando huiste del debate sobre la homeopatía en el momento en que te planteé una pregunta clara y directa?

Te puedo asegurar que me desagrada profundamente tener que responderte en este tono, pero es el único coherente con tu actitud. Si tanto te exaspera lo que expongo o cómo lo expongo, lo razonable sería que dejases de participar aquí. Y te ruego que leas la nota sobre la política de moderación de comentarios que hay en la columna de la izquierda de la página, porque este último tuyo se encuentra al límite de la no publicación. E, independientemente de lo indicado en esa nota, también se encuentra al límite de la conducta convencionalmente entendida como de troll (revientaforos, para que nos entendamos)

Felicidades por haber detectado la referencia, que no emulación, a "Ética para Amador" (aunque en realidad podríamos saltarnos a Savater para considerarlo una referencia a la "Ética para Nicómaco" de Aristóteles, a la que "Ética para Amador" es referencia a su vez; perdona, pero no podía perder esta oportunidad de mostrarme pedante).

Y lo dicho: si tienes algo interesante que aportar, serás bienvenida; pero no si sólo eres capaz de reproches y de afirmaciones arbitrarias (en tanto que no las justificas).

Ahora, para que veas que si quiero puedo no ser ni pedante ni prolijo, te lo diré en llano y sintetizando en una sola frase todo lo anterior: empiezas a cansarme, tía.

Agustín Sanz Andreu dijo...

Más de uno recordará que en los primeros momentos de este blog permití prácticamente cualquier comentario, por el único motivo de que me resultaba divertido. Lo cual acabó en el momento en que consideré que la cantidad de despropósitos enturbiaba demasiado el contenido del blog. Los autores de tales comentarios eran aquellos de mis alumnos aparentemente más inmaduros (al menos según lo que mostraban aquí). Los que se han mostrado merecedores de ser escuchados han seguido publicando sin ningún problema. Lo que me resulta inaudito del caso de Olimpia (o no tanto, sabiendo cómo está el panorama) es tener que decirle a alguien aparentemente adulto lo que ya en aquel momento dije a alguno de estos adolescentes: no estamos aquí para matar el aburrimiento de nadie, ni para servir de objeto de irrisión, ni para ver probada nuestra tolerancia a la provocación. Quien esté interesado en el planteamiento, intenciones y estilo de este blog que entre; quien no, es muy libre de no hacerlo: Internet es enorme y hay de todo para todos.

Además, bastantes "raritos" tengo que soportar ya inevitablemente en mi vida como para cargar también con los raritos virtuales. Si al menos cobrara por la cantidad de comentarios, pero teniendo en cuenta que hago esto (que mi tiempo y esfuerzo me cuesta) por amor al arte, en fin... a ver qué necesidad tengo de aguantar salidas de tono.

Digámosle adiós a Olimpia (otro de esos "personajes" que han pasado y, me temo, seguirán pasando por aquí para nuestra galería particular) y, como si no hubiera pasado nada, sigamos a lo nuestro.

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