jueves, 18 de marzo de 2010

PALABRA DE BUNGE: PSEUDOCIENCIAS





Desde que inauguré este blog, mantengo conmigo mismo la deuda de escribir acerca de las pseudociencias, uno de los principales enemigos de la racionalidad. Sin embargo, diversas circunstancias me han ido empujando a posponer esa tarea (sólo ha aparecido, hasta el momento, una mención a la homeopatía). Acabaré haciéndolo, espero que a no tardar. No obstante, para cumplir con ello aunque sea mínimamente y así tranquilizar mi mala conciencia, recurriré por el momento a uno de esos copia y pega poco trabajosos. Aquí reproduzco un breve texto de Mario Bunge, valioso y fiable pensador donde los haya, que bien puede servir de introducción al tema, y que está extraído de su libro 100 ideas. El libro para pensar y discutir en el café. Hay que decir que lo he recogido del muy recomendable blog de Proyecto Sandía.


Una pseudociencia es un montón de macanas que se venden como ciencia. Ejemplos: alquimia, astrología, caracterología, creacionismo científico (hoy rebautizado como "diseño inteligente"), grafología, ovnilogía, parapsicología, psicoanálisis (corriente dogmática de la psicología).
¿Cómo se reconoce una pseudociencia? Se la reconoce por poseer al menos dos de las diez características siguientes:

1. Invoca entes inmateriales o sobrenaturales inaccesibles al examen empírico, tales como: fuerza vital, alma inmaterial, superyó, creación divina, destino, memoria colectiva y necesidad histórica.

2. Es crédula: no somete sus especulaciones a prueba alguna. Por ejemplo, no hay laboratorios homeopáticos ni psicoanalíticos. Corrección: en la Universidad de Duke funcionó un tiempo el laboratorio parapsicológico del botánico J. B. Rhine; y en la de París existió el laboratorio homeopático del Dr. Benveniste. Pero ambos fueron clausurados cuando se descubrió que habían cometido fraudes.

3. Es dogmática: no cambia sus principios cuando fallan ni como resultado de nuevos hallazgos. No busca novedades, sino que queda atada a un cuerpo de creencias. Cuando cambia lo hace sólo en detalles y como resultado de disensiones dentro de la grey.

4. Rechaza la crítica, matayuyos normal en la actividad científica, alegando que está motivada por dogmatismo o por resistencia psicológica. Recurre pues al argumento ad hominem en lugar del argumento honesto.

5. No encuentra ni utiliza leyes generales. Los científicos, en cambio, buscan leyes generales.

6. Sus principios son incompatibles con algunos de los principios más seguros de la ciencia. Por ejemplo, la telequinesia contradice el principio de conservación de la energía. Y el concepto de memoria colectiva contradice la perogrullada de que sólo un cerebro individual puede recordar.

7. No interactúa con ninguna ciencia propiamente dicha. En particular, ni psicoanalistas ni parapsicólogos tienen trato con la neurociencia. A primera vista, la astrología es la excepción, ya que emplea datos astronómicos para confeccionar horóscopos. Pero toma sin dar nada a cambio. Las ciencias en sí forman un sistema de componentes interdependientes.

8. Es fácil: no requiere un largo aprendizaje. El motivo es que no se funda sobre un cuerpo de conocimientos auténticos. Por ejemplo, quien pretenda investigar los mecanismos neurales del olvido o del placer tendrá que empezar por estudiar neurobiología y psicología, dedicando varios años a trabajos de laboratorio. En cambio, cualquiera puede recitar el dogma de que el olvido es efecto de la represión, o de que la búsqueda del placer obedece al "principio del placer". Buscar conocimiento nuevo no es lo mismo que repetir o siquiera inventar fórmulas huecas.

9. Sólo le interesa lo que pueda tener uso práctico: no busca la verdad desinteresada. Ni admite ignorar algo: tiene explicaciones para todo. Pero sus procedimientos y recetas son ineficaces por no fundarse sobre conocimientos auténticos. Al igual que la magia, tiene aspiraciones técnicas infundadas.

10. Se mantiene al margen de la comunidad científica. Es decir, sus cultores no publican en revistas científicas ni participan de seminarios ni de congresos abiertos a la comunidad científica. Los científicos, en cambio, exponen sus ideas a la crítica de sus pares: someten sus artículos a publicaciones científicas y presentan sus resultados en seminarios, conferencias y congresos.

[...]

Las pseudociencias son como las pesadillas: se desvanecen cuando se las examina a la luz de la ciencia. Pero mientras tanto infectan a la cultura y algunas de ellas son de gran provecho pecuniario para sus cultores. Por ejemplo: un psicoanalista latinoamericano puede ganar en un día lo que su compatriota científico gana en un mes. Lo que refuta el refrán: "no es oro todo lo que reluce".

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