martes, 30 de marzo de 2010

LIBROS NO, GRACIAS




Lo cierto es que hasta hoy mismo no conocía a estos tipos, ni tampoco tenía noticia de la existencia del género que encarnan, el de la parodia de los grupos musicales neonazis, que por desgracia no son escasos ni dentro ni fuera de nuestras fronteras.

Son División 251, en referencia a los reales (y que sí tenía la desdicha de conocer) División 250, indudablemente mucho más cómicos que su remedo paródico, lo cual no es de extrañar tratándose de tales descerebrados. Nos lanzan un mensaje muy claro: libros no; no sea que te dé por informarte y pensar hasta llegar a ser consciente de lo absurdo de tu ideología...







Adjuntamos un pequeño glosario para comprender algunas de las alusiones que se realizan en la canción:

-RAC: siglas de un género ¿musical? conocido como Rock Against Communism.
-Manolo Canduela: líder del partido político neonazi DN (según ellos mismos, Democracia Nacional; según fuentes más fiables, Deficiencia Neuronal).
-Mein kampf: traducido como "Mi lucha". Obra magna (junto con la "solución final") del ínclito literato Adolf Hitler. Es ese libro que todo joven bonehead ha adquirido en un puesto callejero de libros de ocasión pero que ninguno ha leído porque no trae dibujos.

MARCIAL MACIEL, EL MIMO (dedicado con cariño a Boti y Azni -ellos saben por qué-)



Esta entrada vendría a ser un postre humorístico a aquella otra que dedicamos al abuso de menores en la Iglesia.

Personalmente nunca he soportado a los pesadillescos mimos, aunque sería incapaz de justificar tal actitud (como sí podría justificar, y muy bien, mi equiparable odio por los tunos, por ejemplo). En el vídeo que incluímos aquí, los chicos de El Jueves reinterpretan de manera muy acertada la gestualidad de uno de estos siniestros personajes. Para su mejor comprensión, bajo el vídeo reproducimos el texto original que lo acompaña en la web de El Jueves, y ya de paso aprovechamos para recomendar ésta.



Se ha tratado muy injustamente al fundador de los Legionarios de Cristo. Que si se zumbaba a los críos, que si se metía morfina, que si le gustaba más el esfínter de un preescolar que la misa... Mentiras y más mentiras que sólo servían para encubrir una realidad mucho más agradable: Marcial Maciel era un mimo. De hecho, ese ni siquiera era su nombre real. Tan sólo se lo puso como homenaje a su ídolo, el también mimo Marcel Marceau. Lo único que Maciel deseaba era ver sonreír a un niño, y para ello hacía todo lo que fuera necesario: tanto recrear una imaginaria flor con sus hábiles gestos como petarle el buyate a pollazos. Cualquier cosa por una sonrisa. 


Por cierto, el mismo El Jueves anima a que su ocurrencia sea copiada en los blogs, así que... ¡jódete, Ramoncín!





lunes, 22 de marzo de 2010

TÚ TAMBIÉN PUEDES SER TELÉPATA



¿Quieres sorprender a tus amigos?, ¿ser el alma de la fiesta? Aquí tienes un eficaz sistema que te permitirá conseguirlo exhibiendo tus asombrosos poderes telepáticos.




Gracias por el vídeo al siempre recomendable blog Alerta Pseudociencias. Aquí puedes encontrar el artículo original, con más información.

domingo, 21 de marzo de 2010

EL PLAN BOLONIA SIN PELOS EN LA LENGUA



Como aviso para navegantes (ilusos y desinformados navegantes) traigo aquí una magnífica charla en la que Juan Carlos Mejuto, todo un decano, de la Universidad de Vigo en este caso, se explaya a gusto y sin ningún tipo de cortapisa sobre algunos aspectos de la reforma de la enseñanza superior conocida como "plan Bolonia". Lo que resulta curioso es que un tipo tan sincero como éste haya conseguido llegar a ocupar un cargo de importancia en esa casa de putas que es el ámbito universitario.






LA PUTA DE BABILONIA


En la última década han salido a la luz numerosos casos de abusos de menores por parte de miembros de la Iglesia Católica. Ello gracias a la ruptura de una política de silencio que, por miedo, vergüenza o ignorancia, se había impuesto hasta el momento entre las víctimas.

Algunos casos llamativos:

-Estados Unidos, especialmente en las diócesis de Bostón y Los Ángeles. Según un informe de 2004 realizado por la BBC, el 4% del clero católico estadounidense (unos 4.000 sacerdotes) ha estado implicado en prácticas sexuales con menores durante la segunda mitad del siglo XX.
-Numerosos colegios católicos en Irlanda, en los que se han desvelado más de 30.000 casos sucedidos entre los años 50 y 80.
-Marcial Maciel Degollado (en mala hora no se hiciera realidad su segundo apellido), sacerdote mexicano fundador de los Legionarios de Cristo, congregación ultracatólica o secta fundamentalista, como usted mejor guste de calificarla, a la que por cierto pertenecen D. José María Aznar y Dª. Ana Botella, acusado de abusar no sólo de seminaristas sino también y durante años de sus propios hijos (rizando el rizo).
-El más reciente: el Coro de Niños Cantores de Ratisbona, durante los años en que fue dirigido ni más ni menos que por el obispo Georg Ratzinger, hermano de quien ya se imaginan.


The Ratzinger brothers y los niños del coro... ¿cuántos de ellos con el ano dolorido en el mismo instante de la foto? (apréciese la sonrisilla satisfecha de los prelados).



Sin duda, el abuso de menores es siempre censurable y se ha de rechazar allí donde se dé de manera radical y sin reservas de ningún tipo. Sin embargo, cuando el sujeto del mismo es un miembro de la Iglesia Católica, parece que la crítica, al menos desde ciertos sectores, resulta especialmente virulenta. ¿Es esto justo? ¿Acaso son los curas los únicos que cometen este tipo de actos? ¿No hay también fontaneros, abogados o maestros pederastas? Además, ¿debe afectar a todo un colectivo el hecho de que algunos de sus miembros (una minoría, en realidad) se hayan conducido de una determinada manera? 

Para responder adecuadamente a estas preguntas hay que tener en cuenta ciertos elementos diferenciadores que particularizan el abuso de menores cometido por sacerdotes, distanciándolo en determinados aspectos del llevado a cabo por algún miembro de cualquier otro colectivo.

En primer lugar, la posición de poder, autoridad y confianza que el sacerdote ejerce en relación con su víctima y de la que se aprovecha para consumar su delito, a la cual va unida una exigencia moral de cuidado, protección y tutela que queda evidentemente traicionada, con lo cual bien podríamos hablar de doble abuso. Este agravante lo encontraríamos también cuando el abusador es un docente sobre su alumno o un padre sobre su hijo (como vimos, el colega Maciel resultó ser un dos por uno), situaciones que de manera general también provocan un especial rechazo.

Sin embargo, no es en lo anterior sobre lo que me quiero detener, sino más bien sobre el segundo de los elementos diferenciadores a los que he hecho referencia: el papel y responsabilidad del colectivo. Paralelamente a esta ola de denuncias que se ha presenciado, se han multiplicado los intentos de quitar hierro al asunto a través de una particular estrategia: la de poner de manifiesto que el abuso de menores existe en todos los ámbitos de la sociedad, de tal manera que sería un craso error identificar "cura" y "pederasta", con lo que ello conllevaría de desprestigio para la Iglesia. Para esto, incluso se han publicado estudios comparativos que demuestran que la pederastia no se da en mayor medida entre los sacerdotes que dentro de otros colectivos sociales o profesionales. Estamos de acuerdo con ello, pero no así con la conclusión de que este fenómeno puramente estadístico salve de ninguna manera a la Iglesia como institución.

En los casos denunciados, algunos de los cuales hemos enumerado más arriba, no sólo se ha desvelado el hecho en sí de los actos de abuso, sino también dos circunstancias añadidas. La primera, delatada ya por las mismas cifras, es que este tipo de situaciones no es algo puntual y aislado, sino habitual y sistemático en determinados entornos. Es el caso, por ejemplo, de los colegios irlandeses, donde no sólo los abusos sexuales, sino también las palizas, el maltrato psicológico y la falta de cuidados básicos (infraalimentación incluida) a que eran sometidos los alumnos, parecían formar parte de las peculiares directrices "pedagógicas" de estos centros. Por supuesto que también habrá médicos pederastas, pero aún no se ha dado ningún caso de un hospital en el que la planta de pediatría se haya convertido en una orgía sádica permanente. Se trata, por lo tanto, de conductas orquestadas conscientemente y que forman parte de la estructura de las instituciones implicadas. En otros casos, en que los maltratos y abusos se dieran de manera más individualizada, resulta difícil de creer que iguales y superiores directos de los autores no tuviesen noticia ninguna de ello, tratándose generalmente de entornos de convivencia tan estrecha y en los que las conductas de sus diversos miembros se encuentran tan controladas. Es decir, que no se trataría tan sólo de alguna que otra manzana podrida que se habría colado entre los buenos y piadosos curas, que es precisamente el principal argumento con que los desorientados creyentes se defienden ante estos hechos innegables (para comprobarlo, no hay más que visitar alguno de los foros católicos de Internet, si es que te atreves a someterte a tal experiencia; si yo lo hago es porque sitúo mi afán investigador por encima de mi salud mental). La segunda de las circunstancias descubiertas es que en todos los casos las propias autoridades eclesiásticas eran conocedoras de la situación (sin ir más lejos, el mismo Papa en cuanto al caso de su hermano el corista). Y, puesto que tal situación fue sostenida en el tiempo en la mayoría de estos casos (incluso durante décadas), evidentemente no hicieron nada para atajar el problema. Muy al contrario, la reacción de los jerarcas parece haber sido siempre la ocultación y la adopción de las medidas adecuadas para salvar a sus subordinados del peso de la justicia. Usted pensará que la respuesta natural, razonable y moralmente exigible para cualquier individuo que tuviera conocimiento de estas prácticas por parte de alguno de sus subordinados sería el apartarle de su cargo, la inhabilitación inmediata para ejercer el sacerdocio y la denuncia ante las autoridades civiles; pues no, el protocolo habitual parece haber sido siempre una pequeña reprimenda en privado (¡ay, pillín, pillín!) y el traslado del cura a otro destino, con lo cual suponemos que se le premia con la oportunidad de disponer de nuevos cuerpos tiernos que catar. Existen incluso indicios que han llevado a sospechar de posibles chantajes y sobornos a las víctimas y sus familias para conseguir su discreción (uno de los casos más célebres en este sentido ha sido el del cardenal dublinés Connel, al cual se acusó de prestar dinero a un sacerdote incriminado para comprar el silencio del acólito Andrew Madden).  
      Podemos imaginar perfectamente la situación:


Aquella noche la lluvia tableteaba como la balasera de una Thompson contra los ventanales del despacho del obispo Corleone. Lemmy, también conocido como "el cura", cruzó el umbral con su negro atuendo chorreante.
-¿Te envía Él?
-No, he venido por mi cuenta.
-Es por ese asunto, ¿verdad? Lo del muchacho ese... ¿cómo le llamáis?... "nalgas tiernas".
-Sí, padre.
-Ya me he enterado de que diste buena cuenta de él. ¿Gozaste?
-Sí. Creo que mi pistola jamás había estado tan humeante.
-Pero al menos estarás arrepentido...
-Por supuesto.
-Pues eso es lo que cuenta. Reza tres padrenuestros y cuatro avemarías y aquí paz y después gloria. Pero tendremos que enviarte lejos hasta que la cosa se enfríe. Lo entiendes, ¿verdad?
-¿Y la familia? Ellos podrían...
-¡Aquí la única familia que cuenta es la nuestra! No te preocupes, enviaré a un par de los chicos a hablar con ellos. Confían en nosotros y, si no, les haremos confiar, por la cuenta que les trae. Y ahora lárgate,... tengo una reunión importante. Vamos a arreglar de una vez con los evangélicos el reparto de la ciudad; esta guerra ya ha durado demasiado tiempo.
-Por cierto, siento lo de su hijo Michael.
-Mi sobrino, Lemmy, mi sobrino, no lo olvides. Me arrancaron el corazón, pero me consuela saber que ahora estará haciendo negocios con el gran jefe.



En conclusión, lo que aquí escandaliza no es tan sólo que haya curas que realicen estas prácticas (de la misma manera que pueda haber fontaneros, abogados o maestros, como decíamos), sino la posibilidad de que sea la propia Iglesia como institución (la puta de Babilonia, como la denomina acertadamente Fernando Vallejo), esa que se arroga la superioridad moral que le concede representar a Dios en la Tierra, la que se constituya en encubridora y cómplice de tales prácticas. 

Cerraremos esta entrada mostrando una vez más cómo la realidad supera a la ficción. Habrán visto ustedes el chiste gráfico que aparece al comienzo, y probablemente habrán pensado que se trata del típico recurso humorístico de la hipérbole. Quizás incluso más de uno haya considerado que apela a una exageración claramente malintencionada por excesiva. Pues bien, veamos unas declaraciones que en 2007 realizó Bernardo Álvarez, obispo de Tenerife. Sujétense los machos: "Puede haber menores que sí lo consientan y, de hecho, los hay. Hay adolescentes de 13 años que son menores y están perfectamente de acuerdo y, además, deseándolo. Incluso si te descuidas te provocan. Esto de la sexualidad es algo más complejo de lo que parece" (encima puso la puntilla en un momento posterior de las mismas declaraciones comparando la pederastia con la homosexualidad; si puedes cagarla dos veces, ¿por qué hacerlo sólo una?). 


Como en ese grupo que existe en Facebook, proponemos sustituir la popular expresión "hijo de puta" por la de "hijo de cura", infinitamente más ofensiva. Personalmente, preferiría mil veces descender de una honesta y esforzada trabajadora del sexo que de cualquiera de estos indeseables.


De tener usted una hija o hijo de trece años, imprímale esta foto y haga que memorice estos rasgos, advirtiéndole de que si se encuentra con el individuo retratado ha de adoptar todas las posibles medidas de precaución. Se trata del obispo Bernardo, el que se siente provocado por los menores ("si es que las visten como putas",  parece estar pensando).


P.D.: Ahora sólo quedo a la espera de que algún comentarista del blog me acuse de falta de respeto hacia los pederastas y quienes los encubren, como ya se me acusó aquí de eso mismo por criticar la justificación de la violación realizada por el arzobispo de Granada.


sábado, 20 de marzo de 2010

jueves, 18 de marzo de 2010

PALABRA DE BUNGE: PSEUDOCIENCIAS





Desde que inauguré este blog, mantengo conmigo mismo la deuda de escribir acerca de las pseudociencias, uno de los principales enemigos de la racionalidad. Sin embargo, diversas circunstancias me han ido empujando a posponer esa tarea (sólo ha aparecido, hasta el momento, una mención a la homeopatía). Acabaré haciéndolo, espero que a no tardar. No obstante, para cumplir con ello aunque sea mínimamente y así tranquilizar mi mala conciencia, recurriré por el momento a uno de esos copia y pega poco trabajosos. Aquí reproduzco un breve texto de Mario Bunge, valioso y fiable pensador donde los haya, que bien puede servir de introducción al tema, y que está extraído de su libro 100 ideas. El libro para pensar y discutir en el café. Hay que decir que lo he recogido del muy recomendable blog de Proyecto Sandía.


Una pseudociencia es un montón de macanas que se venden como ciencia. Ejemplos: alquimia, astrología, caracterología, creacionismo científico (hoy rebautizado como "diseño inteligente"), grafología, ovnilogía, parapsicología, psicoanálisis (corriente dogmática de la psicología).
¿Cómo se reconoce una pseudociencia? Se la reconoce por poseer al menos dos de las diez características siguientes:

1. Invoca entes inmateriales o sobrenaturales inaccesibles al examen empírico, tales como: fuerza vital, alma inmaterial, superyó, creación divina, destino, memoria colectiva y necesidad histórica.

2. Es crédula: no somete sus especulaciones a prueba alguna. Por ejemplo, no hay laboratorios homeopáticos ni psicoanalíticos. Corrección: en la Universidad de Duke funcionó un tiempo el laboratorio parapsicológico del botánico J. B. Rhine; y en la de París existió el laboratorio homeopático del Dr. Benveniste. Pero ambos fueron clausurados cuando se descubrió que habían cometido fraudes.

3. Es dogmática: no cambia sus principios cuando fallan ni como resultado de nuevos hallazgos. No busca novedades, sino que queda atada a un cuerpo de creencias. Cuando cambia lo hace sólo en detalles y como resultado de disensiones dentro de la grey.

4. Rechaza la crítica, matayuyos normal en la actividad científica, alegando que está motivada por dogmatismo o por resistencia psicológica. Recurre pues al argumento ad hominem en lugar del argumento honesto.

5. No encuentra ni utiliza leyes generales. Los científicos, en cambio, buscan leyes generales.

6. Sus principios son incompatibles con algunos de los principios más seguros de la ciencia. Por ejemplo, la telequinesia contradice el principio de conservación de la energía. Y el concepto de memoria colectiva contradice la perogrullada de que sólo un cerebro individual puede recordar.

7. No interactúa con ninguna ciencia propiamente dicha. En particular, ni psicoanalistas ni parapsicólogos tienen trato con la neurociencia. A primera vista, la astrología es la excepción, ya que emplea datos astronómicos para confeccionar horóscopos. Pero toma sin dar nada a cambio. Las ciencias en sí forman un sistema de componentes interdependientes.

8. Es fácil: no requiere un largo aprendizaje. El motivo es que no se funda sobre un cuerpo de conocimientos auténticos. Por ejemplo, quien pretenda investigar los mecanismos neurales del olvido o del placer tendrá que empezar por estudiar neurobiología y psicología, dedicando varios años a trabajos de laboratorio. En cambio, cualquiera puede recitar el dogma de que el olvido es efecto de la represión, o de que la búsqueda del placer obedece al "principio del placer". Buscar conocimiento nuevo no es lo mismo que repetir o siquiera inventar fórmulas huecas.

9. Sólo le interesa lo que pueda tener uso práctico: no busca la verdad desinteresada. Ni admite ignorar algo: tiene explicaciones para todo. Pero sus procedimientos y recetas son ineficaces por no fundarse sobre conocimientos auténticos. Al igual que la magia, tiene aspiraciones técnicas infundadas.

10. Se mantiene al margen de la comunidad científica. Es decir, sus cultores no publican en revistas científicas ni participan de seminarios ni de congresos abiertos a la comunidad científica. Los científicos, en cambio, exponen sus ideas a la crítica de sus pares: someten sus artículos a publicaciones científicas y presentan sus resultados en seminarios, conferencias y congresos.

[...]

Las pseudociencias son como las pesadillas: se desvanecen cuando se las examina a la luz de la ciencia. Pero mientras tanto infectan a la cultura y algunas de ellas son de gran provecho pecuniario para sus cultores. Por ejemplo: un psicoanalista latinoamericano puede ganar en un día lo que su compatriota científico gana en un mes. Lo que refuta el refrán: "no es oro todo lo que reluce".

miércoles, 17 de marzo de 2010

VENDRÁN TRECE MILLONES DE NAVES



Hoy, en clase de Filosofía, y al hilo de la materia que estamos tratando en estos momentos, hemos acabado dialogando sobre fenómenos paranormales (para-anormales) y similares. Buena oportunidad para mis alumnos de librarse de una clase de verdad; buena oportunidad para mí de terminar mi jornada laboral, pues se trataba de mi última hora de clase, de manera poco esforzada, así como de poner en práctica una vez más mi particular versión pedagógica de "el club de la comedia", imitaciones incluídas (lamentable, lo sé).

Entre los diversos casos y personajes que hemos comentado, ha acabado surgiendo de manera inevitable uno de mis frikis preferidos de los 90: el inefable Carlos Jesús (o calo-hezú, como personalmente prefiero). Muchos de ellos no tenían noticia de su existencia, pues su momento de mayor popularidad se dio cuando aún andaban en pañales, así que les he recomendado la búsqueda correspondiente en Internet, al menos para que varíen con respecto a ese otro género de páginas que tanta habilidad para manejar el ratón con la mano izquierda les aporta. No obstante, para facilitar la labor de investigación, he decidido crear esta entrada (y también porque, como ya he culminado la ingente tarea de poner las notas de esta evaluación, puedo volver a dedicarme a semejantes tonterías).

¿Y quién es Carlos Jesús? Pues ni más ni menos que el iluminado sevillano que alberga en su cuerpo al profeta extraterrestre Micael, procedente del planeta Raticulín o a veces de Ganímedes que, por cierto, no es sino un satélite de Júpiter que está pelao, pelao. Enajenado o farsante, aunque me inclino por lo primero, se trata de un personaje que adquirió gran popularidad televisiva gracias a determinados programas de corte humorístico que le dieron cancha con el único objeto de reírse de él, que no con él. Censurable utilización de un posible desequilibrado que, sin embargo, proporcionó al susodicho la oportunidad de darse a conocer y labrarse una carrera profesional. Su "carisma" le permitió conseguir una respetable cantidad de acólitos y clientes de sus habilidades sanadoras (por lo tanto, perfecta ilustración del adagio "ande yo caliente, ríase la gente", o... ¿quién es el loco?).

Parafernalia religiosa (el sueño de la razón produce monstruos, dice Goya), delirios ufológicos y España profunda todo en uno. ¿Hay quien dé más? Ante ustedes... ¡Carlos Jesús!


Aquí, en su primera aparición televisiva, perfecta introducción al personaje... o los personajes, como se verá:

("Yo dentro de mi cerebro tengo un microchís"... vale)



Y la profecía del arrebatamiento, por supuesto, lo más esencial de su mensaje:

(Evacuación mundial... ¿o diarrea global?. Por favor, no perderse los caretos de los figurantes del fondo; puesta en escena digna de cualquier película de Berlanga)


Si quieren saber más, recurran a San Google, pero yo les recomendaría ocuparse en tareas más productivas. No hagan como yo: no malgasten su escaso tiempo vital buceando en el friki-mundo, constrúyanse un futuro como gentes de provecho para sí mismos y para la sociedad y, sobre todo, ni se acerquen a sustancias psicotrópicas o sus neuronas acabarán pidiéndoles cuentas. Recapaciten y rectifiquen, por favor, rectifiquen...

martes, 2 de marzo de 2010

SÁNCHEZ FERLOSIO, ESE SER LÚCIDO


¿Sabes cuando encuentras un texto con el que te identificas tanto que consideras que podrías, o incluso deberías, haberlo escrito tú mismo (si tuvieras el talento necesario, claro)? Pues eso.

"No hay nada que pueda impresionarme tan desfavorablemente como el que alguien trate de impresionarme favorablemente. Los simpáticos me caen siempre antipáticos; los antipáticos me resultan, ciertamente, incómodos en tanto dura la conversación, pero cuando ésta se acaba se han ganado mi aprecio y simpatía. Ese viajero que dice "Buenas noches", al entrar en el compartimento del vagón; que apenas alza los ojos, sin interés alguno, a la comparecencia de viajeros nuevos, que no vuelve a despegar los labios hasta llegar a su estación, para decir: "Que tengan ustedes buen viaje", suscita en mí la convicción -probablemente tan arbitraria como injusta- de que en un choque o descarrilamiento se portaría del modo más heróico y más socorredor, mientras que el dicharachero, que no ha parado en todo el viaje de hablar y de reír, de entablar relación con todo cristo, y no digamos si -¡horror!- hasta contando chistes por añadidura, me impone, en cambio, la más absoluta certidumbre de que no podría dar, en igual trance, sino el más bochornoso espectáculo de histeria y cobardía. La simpatía es un arcaísmo de quienes creen, quieren creer o necesitan fingir que hay todavía un medio, un ámbito de vida pública, en el que los hombres pueden allegarse en algún grado, de manera directa y espontánea, los unos a los otros. La antipatía es resistencia y repugnancia a simular y escenificar -abyectamente- un mundo que no existe."                                                                                                                                                                                                                               
                                                       (Rafael Sánchez Ferlosio, Vendrán más años malos y nos harán más ciegos)

Y NUESTRAS MÁS RECIENTES OCURRENCIAS...



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