domingo, 3 de enero de 2010

HUMANIDAD EN EXTINCIÓN


Con la aparición del ser humano actual, hace unos 150.000 años, arrancó un proceso de diversificación que acabó dando lugar a la coexistencia sobre el planeta de miles de diferentes culturas. Sin embargo, esa riqueza comenzó a perderse con la expansión, a partir de la época de las grandes colonizaciones (desde el siglo XV), del hombre europeo, que llevó consigo su aparente incapacidad para respetar y admitir al diferente. Convencido de la superioridad de su cultura, el occidental moderno, desde hace siglos, ha estado "haciendo el favor" a otros pueblos de trasladársela. En los casos en que los "salvajes" no admitían las "bondades" de esa cultura, no dudaba en imponérsela por la fuerza (como el padre que obliga a su hijo a hacer cosas que éste no desea porque no sabe lo que realmente le conviene). E incluso, en muchas ocasiones, recurriendo a la eliminación física de los miembros de las otras culturas. Ese fenómeno se ha venido produciendo hasta el día de hoy.

Ahora bien, habría que preguntarse en qué medida puede ser considerada, no ya superior, sino incluso válida desde el punto de vista adaptativo, una cultura que, habiendo sustituido la necesidad natural de subsistencia por la ambición de crecimiento ilimitado, ha acabado convirtiendo en parte de su esencia la destrucción aparentemente imparable de los mismos recursos que han de permitir esa subsistencia. Toda cultura no es sino un mecanismo de adaptación al medio que posibilita la supervivencia de la especie. La cultura occidental moderna no cumple esta condición: no conlleva la adaptación del ser humano al medio, sino la adaptación (violenta) del medio al ser humano, con lo cual no la supervivencia sino la extinción sería la meta que le corresponde. Una cultura suicida, una cultura fracasada...

Y, teniendo en cuenta que esa cultura es la que se ha extendido de manera mayoritaria a lo largo y ancho del planeta, la que ha subsumido en buena medida a la humanidad, el suicidio, la extinción, no lo serían sino de la propia humanidad en su conjunto. Como dijimos al comienzo, nuestra especie sólo tiene unos 150.000 años de edad, un periodo muy breve en la escala geológica. Se puede decir, con toda justicia, que somos unos recién llegados sobre el planeta (no hemos de olvidar que, por ejemplo, los dinosaurios reinaron en la Tierra durante 160 millones de años). Somos, por lo tanto, una especie demasiado joven como para que ya se pueda afirmar que el "experimento" evolutivo Homo Sapiens ha triunfado; más bien se podría decir que aún estamos "a prueba". Y, en las condiciones actuales, nada indica que pudiéramos superar esa prueba. Quizás nuestra especie no sea sino uno más de los tanteos fracasados del desarrollo global de la evolución biológica, destinado a desaparecer como tantos otros desde el surgimiento de la vida sobre el planeta.

Frente a la cultura occidental moderna, las culturas aborígenes de los distintos continentes, aquellas que sí cumplen con los requisitos de lo que ha de ser una cultura, se han visto progresivamente desplazadas e incluso eliminadas. De algunas de ellas quedan tan sólo unas decenas de representantes. Estas variedades culturales son las que mejor podían permitir la pervivencia de nuestra especie a largo plazo, pues son las que permiten la integración del hombre en el medio de manera adecuada, respetándolo y no explotándolo, buscando la simbiosis y no el dominio para el beneficio unilateral. Paradójicamente, son estas culturas de y para la supervivencia las que han sido aplastadas por la cultura suicida, como si ésta hubiera querido asegurarse de que había de quedar garantizada la consecución de nuestra autodestrucción.

Una de esas culturas asesinadas de manera lenta pero segura es la de los yanomami, indígenas asentados en los territorios de Venezuela y Brasil. Son uno de los muy escasos pueblos que siguen resistiendo a la imposición de la cultura occidental moderna, pero que aún así se han visto gravemente perjudicados y diezmados por la expansión de ésta. Se prevé que, de no cambiar las cosas, podrían no sobrevivir más de una década. Sobre ellos trata el relato que leeremos en la asignatura de Filosofía.

Sirva esta lectura de homenaje al ser humano, o, mejor, a lo que podría haber sido el ser humano.

Para conseguir el mencionado texto, pulsa el botón de descarga que aparece debajo.




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