sábado, 14 de noviembre de 2009

"ÁGORA": LA OBRA MAESTRA DE AMENÁBAR. ¡PÁSALO!



Voy a permitirme copiar tal cual el comentario que el amigo Leo Bassi realiza en su blog acerca de una película  que comparte su espíritu con el de este blog: "Ágora", de Alejandro Amenabar. No creo que le importe, después de todo él mismo lo dice: ¡pásalo!

"Ágora", Amenábar, Bassi, "Mi ágora particular", Hypatia... por el pensar libre y crítico... siempre.






Ágora: La obra maestra de Amenábar ¡Pásalo!
Por Leo Bassi


Tengo cada vez más dificultad en dejarme llevar y entusiasmar por una película. Veo obras de buena calidad con actores profesionales que trabajan sus papeles pero me quedo fuera, indiferente. ¿Será la edad? ¿Una saturación profesional?
 
Recuerdo, con nostalgia, los tiempos de las míticas "Odisea 2001", "Apocalipsis Now", "Teorema" de Pasolini y cualquiera de las películas de Fellini que, de una manera u otra, me transformaron existencialmente como bombas emocionales. Qué sorpresa entonces, redescubrir a mis 58 años, esta misma sensación con la nueva entrega de Alejandro Amenábar, Ágora. Antes de cualquier otra consideración, quiero agradecer al director y a todo su magnífico equipo el haberme devuelto ese placer exquisito. Es evidente que desde el momento que me enteré de que Amenábar trabajaba en una película narrando la historia de la matemática Hypatia de la Alejandría del siglo IV, tuve mucho interés en ir a verla. Por mis propios conflictos con los fundamentalistas cristianos me sentía cercano al argumento y no olvidaba tampoco la solidaridad que él y su guionista Mateo Gil me expresaron cuando vinieron a ver mi espectáculo "La Revelación" y participaron en uno de los viajes del Bassibus en los momentos de grandes tensiones provocadas por ciertos fanáticos.
Tan inesperado y potente fue el impacto que con los títulos de crédito aún desfilando ante mis ojos, empecé a reflexionar sobre qué era lo que,en realidad, acababa de ver.
La impresión que predominaba en mis pensamientos era de asombro frente a la deslumbrante inteligencia de la que Amenábar hacía gala continuamente a lo largo de la película. Tanto el esfuerzo titánico por conseguir hacer, en España, una obra con tanto presupuesto y obtener un espectáculo suntuoso a la altura de los gastos, como el permitirse invenciones visuales como esas vistas del planeta Tierra sobre el fondo de la inmensidad cósmica que el espectador descubre en subidas y caídas de vértigo : ¡Qué maestría! Todo eso sin contar, además, con un guión que apostando por un público a la vez popular e inteligente, hace de una visión radicalmente nueva del mundo antiguo su principal atractivo. ¡Qué magnífica manera de enseñar la historia a los jóvenes!
La puesta en escena de la confrontación entre dos mundos, el cristiano y el clásico, en una perspectiva no tradicional perfectamente plausible, se me antoja nada menos que revolucionaria.
Empecé a maravillarme del hecho mismo de que tal historia se hubiera podido rodar:
¿Se daban cuenta los que financiaron esta extravagancia del impacto político de la obra?
Y TeleCinco de Berlusconi, el coproductor: ¿Sabía dónde se metía? ¿Qué pasará con la película en Italia o, de una manera mucho más importante comercialmente, en los EE.UU.?
Que yo sepa, es la primera vez que en la gran pantalla se muestra una historia similar con los cristianos en el papel de los malos. Amenábar acaba de derribar, a lo grande y con mucho espectáculo, la narrativa convencional de dos mil años de nuestra historia ofreciendo una versión alternativa perfectamente conducida y muy accesible. Lo más increíble de todo es que la sala de cine estaba hasta arriba de público demostrando que la gente es menos tonta de lo que se presupone.
¡Por Júpiter, qué poderoso desafío al cristianismo! No se había oído o visto nada igual en estas tierras desde los tiempos del emperador Juliano el Apóstata.
Saliendo del multicine llegué a la conclusión de que había asistido a una forma de milagro laico, un evento único que superaba la dimensión artística para entrar por la puerta grande en la historia de Europa. Sé que esta afirmación puede resultar algo excesiva pero al día siguiente, y con la cabeza ya fría, continuaba pensando igual.
No hay la más mínima duda de que Ágora toca directamente y con una carga altamente subversiva una de las cuestiones más fundamentales de nuestra época: ¿Cuáles son las raíces de nuestra civilización occidental?
Desde el Vaticano, pasando por toda la derecha europea hasta los fundamentalistas cristianos que controlan el poder en los EEUU, hay una poderosísima coalición de intereses que han hecho del reestablecimiento de la supremacía de los valores judeocristianos la base esencial de su batalla política. Es una lucha sin piedad para borrar todo rastro de la herencia laica del humanismo ilustrado y redefinir en una versión monoteísta el significado de la palabra Occidente. Incluso el papel central que desempeña la duda como herramienta esencial de la inteligencia inspirado por René Descartes y su famoso "cogito ergo sum", es objeto de rechazo por los Neoscurantistas. En su afán por desacreditar el planteamiento humanista, al que no dudan en presentar como decadente, han inventado el nombre de Relativismo, el mal absoluto. Con este término quieren demonizar todo lo que hace de nuestra civilización una sociedad abierta y tolerante, la expresión más alta de la vida civilizada.
Uno de los grandes debates en la elaboración del Tratado de Lisboa ha sido la inclusión o no de una cláusula estipulando las raíces cristianas del mundo europeo. En este contexto, Ágora irrumpe en el enfrentamiento político con una fuerza demoledora difícil de subestimar. No sólo reivindica el papel central de la cultura antigua en la elaboración de nuestros ideales, sino que además sugiere que el fanatismo, el dogmatismo y el machismo del monoteísmo cristiano es algo ajeno a nuestra auténtica tradición. En el subtexto del guión el cristianismo es presentado como una aberración en la continuidad histórica de la identidad europea... Una opinión novedosa muy fuerte y revolucionaria, que contrasta con la tibieza de las posiciones políticas de los defensores actuales del laicismo.
Esta tesis de otra Europa precristiana más profunda puede también ser argumentada desde el punto de vista místico. Es lógico pensar que por debajo del misterio y de la liturgia cristiana, hay una reelaboración de las antiguas creencias mágicas de los primeros pueblos indígenas europeos como los celtas, godos, eslavos o vikingos. Quizá una reevaluación de la permanencia de estas culturas que fueron nuestras durante decenas de miles de años podría resultar muy útil para profundizar en el entendimiento de nuestro patrimonio europeo común.
En resumen. Ágora de Amenábar se sitúa con contundencia dentro del gran enfrentamiento ideológico que, en este momento, se ha abierto para determinar quién controla la narrativa llamada Occidente. Es una batalla épica para el alma de nuestra sociedad y por eso no se libra sólo entre sabios y filósofos, sino a pie de calle, en el corazón del pueblo y de la gente corriente.
Por eso una película espectacular, llena de sentimientos nobles y sinceros que defiende con pasión los principios humanistas es una joya y una arma poderosa. No cabe duda que todo amante de los valores humanistas ha de afianzarse sin pudor en Ágora. Si no lo habéis hecho aún, id a verla.
Última consideración
Es posible que el guión se muestre demasiado optimista cuando presenta la vitalidad intelectual del bajo imperio romano. Unas de las razones de la decadencia imperial y su conversión al cristianismo fue la incapacidad de la clase sabia de regenerarse por la falta de movilidad social en un régimen estricto de castas. De hecho la producción intelectual de esta época es poco innovadora, limitándose a comentar con mejores o peores argumentos las grandes obras del pasado. La última época de la antigüedad se caracteriza por una extraña apatía intelectual y una ausencia de pasión existencial como si toda la sociedad se encontrara misteriosamente hechizada en espera de entregarse a cualquier nueva fuerza que rompiera con el viejo orden. Por encima de la lógica de los filósofos, había ganas de irracionalidad.
Si he añadido esta nota es porque veo ciertas analogías con lo que está pasando hoy en día. Por ejemplo: La tibieza de la reacción de una izquierda inteligente y laica frente al enorme éxito de Ágora en las salas de cine de todo la península es, en mi opinión, incomprensible. Con la vuelta en primerísimo plano de una derecha nacional católica populista que intenta reconquistar el espacio público perdido, el triunfo inesperado de una película que hace homenaje al Laicismo es una ocasión altamente aprovechable. Algo, que yo sepa, no ha ocurrido.
Es cierto que los críticos cinematográficos han dado, en general, una buena acogida a la película, destacando su calidad formal pero ninguno ha puesto en evidencia lo que hace a Ágora genial, es decir, su fuerza filosófica.
Más escandaloso todavía es la ausencia de solidaridad del famoso mundo intelectual progresista. Teniendo a nuestro lado una persona joven, talentosa, animada por profundas convicciones que consigue convertir en arte y que ha llevado a cabo con éxito una empresa gigantesca en nombre de los ideales laicos, uno esperaba oír agradecimientos calurosos y mucho estímulo para animar a la gente a ver la obra.
Salvo raras excepciones, lo que más se ha oído ha sido un silencio impresionante.
He pensado mucho en las razones de esta frialdad: ¿Envidia? Parece imposible pero existe esta posibilidad en un mundo tan egocéntrico. ¿Ignorancia? Otra explicación posible de gente que no siempre está a la altura de su fama de "intelectual". ¿Indiferencia? Puede ser. Y aquí vuelvo al ejemplo romano. Hay una clase culta en Europa que vive, a la manera de los patricios romanos, protegidos en guetos dorados. Tienen una predisposición a considerar como de mal gusto todo lo que demuestra pasión o entusiasmo. Quizás la fuerza de los argumentos de Amenábar ha generado molestias en este público más acostumbrado al placer elegante de productos estéticos con un poquito de mensaje que lejos de ser sinceros y profundos como pretenden, son frívolos.
Vuelvo a repetir que apoyar Ágora es el deber de todos los demócratas humanistas. Tenemos que asegurarnos de que el fin tan siniestro de Hypatia con el triunfo del oscurantismo fundamentalista, no se transforme en profecía de futuro.





                                                                                                                                                   El señor Bassi desayunando 


6 comentarios:

Patxi dijo...

Estupendo blog, y oportuísima entrada. A ver si la otros toman nota.

Saludos

Agustín Sanz Andreu dijo...

No estoy seguro de quién eres (aunque tengo alguna sospecha), pero sí imagino de dónde vienes. Así que antes de nada un fuerte abrazo.

Gracias por el halago. El blog irá mejorando poco a poco (al menos esa es la intención). Su formato y sus contenidos están algo condicionados por el hecho de a quién va dirigido en principio (mis alumnos), pero el objetivo no es que vaya dirigido de manera exclusiva a ellos, así que progresivamente iré incluyendo más contenidos de "interés general".

En cuanto a esta entrada, el mérito no es mío, como bien me ocupo de aclarar, sino de Bassi. Yo me limito a seguir su consigna de "pásalo".

Con este blog, me doy por satisfecho si consigo dar a conocer determinadas ideas (por ejemplo, esas que ya supones, entre otras) a determinadas personas que tienen por delante más vida que nosotros para sostenerlas y difundirlas.

Patxi dijo...

Pues no sé el rango de edad de tus alumnos, pero no me extrañaría que la parte de ideas de "ésas que ya supongo" acabara interesándoles tanto o más que la específicamente dirigida a ellos. Los jóvenes son así.

Suerte y un saludo

Agustín Sanz Andreu dijo...

15 a 18 años. Desde luego, no se trata ni mucho menos de hacer proselitismo, ni de utilizar este blog como una especie de "tapadera" a través de la que colar ciertas cosas. Su objetivo es claro y manifiesto desde el texto de su encabezamiento, y es el mismo que me planteo como enseñante: promover el librepensamiento y la capacidad crítica. Lo que ocurre es que, desde mi punto de vista, eso incluye también "eso que estamos suponiendo", así como otras muchas cosas (tengo proyectado dedicar unas cuantas palabras a las pseudociencias, por ejemplo). Lo que es significativo es que ya se ha generado cierta polémica: si tienes tiempo y curiosidad, échale un vistazo al último tercio del hilo de comentarios de la entrada "CURSO 09-10. ASIGNATURA: FILOSOFÍA. DOS TEXTOS PARA COMPRENDER PARA QUÉ FILOSOFAR" (3 de noviembre). Es lo que yo digo: si les pegas donde duele...

Muchas gracias por tu visita al blog.

Rodolfo Plata dijo...

DEFENDAMOS LAS RAICES CRISTIANAS DE EUROPA LAICA: El cristianismo se inició como un movimiento laico. La Epístola apócrifa de los Hechos de Felipe, expone al cristianismo como continuación de la educación en los valores de la paideia griega, que tenía como propósito educar a la juventud en la virtud (desarrollo de la espiritualidad) y la sabiduría (cuidado de la verdad), mediante la práctica continua de ejercicios espirituales (cultivo de sí), a efecto de prevenir y curar las enfermedades del alma. El educador utilizando el discurso filosófico, más que informar trataba de inducir transformaciones buenas y convenientes para si mismo y la sociedad, motivando a los jóvenes a practicar las virtudes opuestas a los defectos encontrados en el fondo del alma, a efecto de adquirir el perfil de humanidad perfecta (cero defectos). __La vida, ejemplo y enseñanzas de Cristo coincide cien por ciento con el objetivo axiológico de la filosofía griega. Y por su autentico valor propedéutico, el apóstol Felipe introdujo en los ejercicios espirituales la paideia de Cristo (posteriormente enriquecida por San Basilio, San Gregorio, San Agustín y San Clemente de Alejandría, con el pensamiento de los filósofos greco romanos: Aristóteles, Cicerón, Diógenes, Isócrates, Platón, Séneca, Sócrates, Marco Aurelio,,,), a fin de alcanzar la trascendencia humana (patente en Cristo) y la sociedad perfecta (Reino de Dios). Meta que no se ha logrado debido a que la mitología del Antiguo Testamento, al apartar la fe de la razón, castra mentalmente a sus seguidores extraviándolos hacia la ecumene abrahámica que conduce al precipicio de la perdición eterna (muerte espiritual)__ Es tiempo de rectificar retomando la paideia griega de Cristo, separando de nuestra fe el Antiguo Testamento y su teología fantástica que han impedido a los pueblos cristianos alcanzar la supra humanidad. Pierre Hadot: Ejercicios Espirituales y Filosofía Antigua. Editorial Siruela. http://www.scribd.com/doc/33094675/BREVE-JUICIO-SUMARIO-AL-JUDEO-CRISTIANISMO-EN-DEFENSA-DEL-ESTADO-LA-IGLESIA-Y-LA-SOCIEDAD

Agustín Sanz Andreu dijo...

Gracias por comentar.

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