miércoles, 18 de noviembre de 2009

ANTINAZIBUND


Cuelgo aquí un vídeo recomendado enfervorecidamente por Bassman, uno de nuestros lectores. Me sumo a su recomendación. La verdad es que la historia que cuenta el vídeo me parece demasiado optimista (no confío mucho en la capacidad de recuperación cerebral de estos payasos), pero... ¿no sería bonito? (la secuencia de los minutos 1:15 a 1:30 incluso me emociona, ya ves si estoy tonto).

Me parece tan valioso como motivo de reflexión que, a pesar de ser un vídeo musical, no lo voy a etiquetar como "Entretenimiento", sino como "Documentos". Ahí va: Antinazibund, de unos tal Sportfreunde Stiller (por cierto, la canción en sí no es que sea ninguna maravilla, la verdad).






sábado, 14 de noviembre de 2009

"ÁGORA": LA OBRA MAESTRA DE AMENÁBAR. ¡PÁSALO!



Voy a permitirme copiar tal cual el comentario que el amigo Leo Bassi realiza en su blog acerca de una película  que comparte su espíritu con el de este blog: "Ágora", de Alejandro Amenabar. No creo que le importe, después de todo él mismo lo dice: ¡pásalo!

"Ágora", Amenábar, Bassi, "Mi ágora particular", Hypatia... por el pensar libre y crítico... siempre.






Ágora: La obra maestra de Amenábar ¡Pásalo!
Por Leo Bassi


Tengo cada vez más dificultad en dejarme llevar y entusiasmar por una película. Veo obras de buena calidad con actores profesionales que trabajan sus papeles pero me quedo fuera, indiferente. ¿Será la edad? ¿Una saturación profesional?
 
Recuerdo, con nostalgia, los tiempos de las míticas "Odisea 2001", "Apocalipsis Now", "Teorema" de Pasolini y cualquiera de las películas de Fellini que, de una manera u otra, me transformaron existencialmente como bombas emocionales. Qué sorpresa entonces, redescubrir a mis 58 años, esta misma sensación con la nueva entrega de Alejandro Amenábar, Ágora. Antes de cualquier otra consideración, quiero agradecer al director y a todo su magnífico equipo el haberme devuelto ese placer exquisito. Es evidente que desde el momento que me enteré de que Amenábar trabajaba en una película narrando la historia de la matemática Hypatia de la Alejandría del siglo IV, tuve mucho interés en ir a verla. Por mis propios conflictos con los fundamentalistas cristianos me sentía cercano al argumento y no olvidaba tampoco la solidaridad que él y su guionista Mateo Gil me expresaron cuando vinieron a ver mi espectáculo "La Revelación" y participaron en uno de los viajes del Bassibus en los momentos de grandes tensiones provocadas por ciertos fanáticos.
Tan inesperado y potente fue el impacto que con los títulos de crédito aún desfilando ante mis ojos, empecé a reflexionar sobre qué era lo que,en realidad, acababa de ver.
La impresión que predominaba en mis pensamientos era de asombro frente a la deslumbrante inteligencia de la que Amenábar hacía gala continuamente a lo largo de la película. Tanto el esfuerzo titánico por conseguir hacer, en España, una obra con tanto presupuesto y obtener un espectáculo suntuoso a la altura de los gastos, como el permitirse invenciones visuales como esas vistas del planeta Tierra sobre el fondo de la inmensidad cósmica que el espectador descubre en subidas y caídas de vértigo : ¡Qué maestría! Todo eso sin contar, además, con un guión que apostando por un público a la vez popular e inteligente, hace de una visión radicalmente nueva del mundo antiguo su principal atractivo. ¡Qué magnífica manera de enseñar la historia a los jóvenes!
La puesta en escena de la confrontación entre dos mundos, el cristiano y el clásico, en una perspectiva no tradicional perfectamente plausible, se me antoja nada menos que revolucionaria.
Empecé a maravillarme del hecho mismo de que tal historia se hubiera podido rodar:
¿Se daban cuenta los que financiaron esta extravagancia del impacto político de la obra?
Y TeleCinco de Berlusconi, el coproductor: ¿Sabía dónde se metía? ¿Qué pasará con la película en Italia o, de una manera mucho más importante comercialmente, en los EE.UU.?
Que yo sepa, es la primera vez que en la gran pantalla se muestra una historia similar con los cristianos en el papel de los malos. Amenábar acaba de derribar, a lo grande y con mucho espectáculo, la narrativa convencional de dos mil años de nuestra historia ofreciendo una versión alternativa perfectamente conducida y muy accesible. Lo más increíble de todo es que la sala de cine estaba hasta arriba de público demostrando que la gente es menos tonta de lo que se presupone.
¡Por Júpiter, qué poderoso desafío al cristianismo! No se había oído o visto nada igual en estas tierras desde los tiempos del emperador Juliano el Apóstata.
Saliendo del multicine llegué a la conclusión de que había asistido a una forma de milagro laico, un evento único que superaba la dimensión artística para entrar por la puerta grande en la historia de Europa. Sé que esta afirmación puede resultar algo excesiva pero al día siguiente, y con la cabeza ya fría, continuaba pensando igual.
No hay la más mínima duda de que Ágora toca directamente y con una carga altamente subversiva una de las cuestiones más fundamentales de nuestra época: ¿Cuáles son las raíces de nuestra civilización occidental?
Desde el Vaticano, pasando por toda la derecha europea hasta los fundamentalistas cristianos que controlan el poder en los EEUU, hay una poderosísima coalición de intereses que han hecho del reestablecimiento de la supremacía de los valores judeocristianos la base esencial de su batalla política. Es una lucha sin piedad para borrar todo rastro de la herencia laica del humanismo ilustrado y redefinir en una versión monoteísta el significado de la palabra Occidente. Incluso el papel central que desempeña la duda como herramienta esencial de la inteligencia inspirado por René Descartes y su famoso "cogito ergo sum", es objeto de rechazo por los Neoscurantistas. En su afán por desacreditar el planteamiento humanista, al que no dudan en presentar como decadente, han inventado el nombre de Relativismo, el mal absoluto. Con este término quieren demonizar todo lo que hace de nuestra civilización una sociedad abierta y tolerante, la expresión más alta de la vida civilizada.
Uno de los grandes debates en la elaboración del Tratado de Lisboa ha sido la inclusión o no de una cláusula estipulando las raíces cristianas del mundo europeo. En este contexto, Ágora irrumpe en el enfrentamiento político con una fuerza demoledora difícil de subestimar. No sólo reivindica el papel central de la cultura antigua en la elaboración de nuestros ideales, sino que además sugiere que el fanatismo, el dogmatismo y el machismo del monoteísmo cristiano es algo ajeno a nuestra auténtica tradición. En el subtexto del guión el cristianismo es presentado como una aberración en la continuidad histórica de la identidad europea... Una opinión novedosa muy fuerte y revolucionaria, que contrasta con la tibieza de las posiciones políticas de los defensores actuales del laicismo.
Esta tesis de otra Europa precristiana más profunda puede también ser argumentada desde el punto de vista místico. Es lógico pensar que por debajo del misterio y de la liturgia cristiana, hay una reelaboración de las antiguas creencias mágicas de los primeros pueblos indígenas europeos como los celtas, godos, eslavos o vikingos. Quizá una reevaluación de la permanencia de estas culturas que fueron nuestras durante decenas de miles de años podría resultar muy útil para profundizar en el entendimiento de nuestro patrimonio europeo común.
En resumen. Ágora de Amenábar se sitúa con contundencia dentro del gran enfrentamiento ideológico que, en este momento, se ha abierto para determinar quién controla la narrativa llamada Occidente. Es una batalla épica para el alma de nuestra sociedad y por eso no se libra sólo entre sabios y filósofos, sino a pie de calle, en el corazón del pueblo y de la gente corriente.
Por eso una película espectacular, llena de sentimientos nobles y sinceros que defiende con pasión los principios humanistas es una joya y una arma poderosa. No cabe duda que todo amante de los valores humanistas ha de afianzarse sin pudor en Ágora. Si no lo habéis hecho aún, id a verla.
Última consideración
Es posible que el guión se muestre demasiado optimista cuando presenta la vitalidad intelectual del bajo imperio romano. Unas de las razones de la decadencia imperial y su conversión al cristianismo fue la incapacidad de la clase sabia de regenerarse por la falta de movilidad social en un régimen estricto de castas. De hecho la producción intelectual de esta época es poco innovadora, limitándose a comentar con mejores o peores argumentos las grandes obras del pasado. La última época de la antigüedad se caracteriza por una extraña apatía intelectual y una ausencia de pasión existencial como si toda la sociedad se encontrara misteriosamente hechizada en espera de entregarse a cualquier nueva fuerza que rompiera con el viejo orden. Por encima de la lógica de los filósofos, había ganas de irracionalidad.
Si he añadido esta nota es porque veo ciertas analogías con lo que está pasando hoy en día. Por ejemplo: La tibieza de la reacción de una izquierda inteligente y laica frente al enorme éxito de Ágora en las salas de cine de todo la península es, en mi opinión, incomprensible. Con la vuelta en primerísimo plano de una derecha nacional católica populista que intenta reconquistar el espacio público perdido, el triunfo inesperado de una película que hace homenaje al Laicismo es una ocasión altamente aprovechable. Algo, que yo sepa, no ha ocurrido.
Es cierto que los críticos cinematográficos han dado, en general, una buena acogida a la película, destacando su calidad formal pero ninguno ha puesto en evidencia lo que hace a Ágora genial, es decir, su fuerza filosófica.
Más escandaloso todavía es la ausencia de solidaridad del famoso mundo intelectual progresista. Teniendo a nuestro lado una persona joven, talentosa, animada por profundas convicciones que consigue convertir en arte y que ha llevado a cabo con éxito una empresa gigantesca en nombre de los ideales laicos, uno esperaba oír agradecimientos calurosos y mucho estímulo para animar a la gente a ver la obra.
Salvo raras excepciones, lo que más se ha oído ha sido un silencio impresionante.
He pensado mucho en las razones de esta frialdad: ¿Envidia? Parece imposible pero existe esta posibilidad en un mundo tan egocéntrico. ¿Ignorancia? Otra explicación posible de gente que no siempre está a la altura de su fama de "intelectual". ¿Indiferencia? Puede ser. Y aquí vuelvo al ejemplo romano. Hay una clase culta en Europa que vive, a la manera de los patricios romanos, protegidos en guetos dorados. Tienen una predisposición a considerar como de mal gusto todo lo que demuestra pasión o entusiasmo. Quizás la fuerza de los argumentos de Amenábar ha generado molestias en este público más acostumbrado al placer elegante de productos estéticos con un poquito de mensaje que lejos de ser sinceros y profundos como pretenden, son frívolos.
Vuelvo a repetir que apoyar Ágora es el deber de todos los demócratas humanistas. Tenemos que asegurarnos de que el fin tan siniestro de Hypatia con el triunfo del oscurantismo fundamentalista, no se transforme en profecía de futuro.





                                                                                                                                                   El señor Bassi desayunando 


DARWIN, EL HOMBRE-MONO



Como hemos comentado en clase de Filosofía, el impacto de las ideas evolucionistas de Darwin trascendió con creces los círculos científicos e intelectuales en el momento de su aparición. Llegó hasta el gran público la noticia de que había un chalado que afirmaba que el ser humano no era descendiente de Adán y Eva, sino nada menos que de una especie primate. Las burlas eran de esperar. Así representaron los caricaturistas de la prensa de la época a uno de los más grandes científicos de la Historia.










martes, 3 de noviembre de 2009

DOS TEXTOS PARA COMPRENDER PARA QUÉ FILOSOFAR


¿Es la filosofía algo inútil? A menudo mis alumnos piensan que sí, lo que les lleva a no comprender por qué esta disciplina está presente en su plan de estudios. No es como aprender matemáticas, piensan ellos, que después de todo es algo que les puede ser útil si deciden, por ejemplo, ejercer como ingenieros en un futuro. ¿Pero para ejercer qué tarea les puede servir aprender filosofía? Pues ni más ni menos que para la tarea más importante, aquella que todos sin excepción ejercemos por encima de cualquier otra: la tarea de ser persona.

A continuación inserto dos breves fragmentos cuya lectura propongo a mis alumnos como medio para ayudarles a comprender lo anterior.

“Para los niños, el mundo -y todo lo que hay en él- es algo nuevo, algo que provoca su asombro. No es así para todos los adultos. La mayor parte de los adultos ve el mundo como algo muy normal.
       Precisamente en este punto los filósofos constituyen una honrosa excepción. Un filósofo jamás ha sabido habituarse del todo al mundo. Para él o ella, el mundo sigue siendo algo desmesurado, incluso algo enigmático y misterioso. Por lo tanto, los filósofos y los niños pequeños tienen en común esa importante capacidad. Se podría decir que un filósofo sigue siendo tan susceptible como un niño pequeño durante toda la vida.
      De modo que puedes elegir, querida Sofía. ¿Eres una niña pequeña que aún no ha llegado a ser la perfecta conocedora del mundo? ¿O eres una filósofa que puede jurar que jamás lo llegará a conocer?
     Si simplemente niegas con la cabeza y no te reconoces ni en el niño ni en el filósofo, es porque tú también te has habituado tanto al mundo que te ha dejado de asombrar. En ese caso corres peligro. Por esa razón recibes este curso de filosofía, es decir, para asegurarnos. No quiero que tú justamente estés entre los indolentes e indiferentes. Quiero que vivas una vida despierta.”

                                                                                                    Jostein Gaarder, El mundo de Sofía


"Los hombres temen al pensamiento más de lo que temen a cualquier otra cosa del mundo; más que la ruina, incluso más que la muerte.
      El pensamiento es subversivo y revolucionario, destructivo y terrible. El pensamiento es despiadado con los privilegios, las instituciones establecidas y las costumbres cómodas; el pensamiento es anárquico y fuera de la ley, indiferente a la autoridad, descuidado con la sabiduría del pasado.
      Pero si el pensamiento ha de ser posesión de muchos, no el privilegio de unos cuantos, tenemos que habérnoslas con el miedo. Es el miedo el que detiene al hombre, miedo de que sus creencias entrañables no vayan a resultar ilusiones, miedo de que las instituciones con las que vive no vayan a resultar dañinas, miedo de que ellos mismos no vayan a resultar menos dignos de respeto de lo que habían supuesto.
    ¿Va a pensar libremente el trabajador sobre la propiedad? Entonces, ¿qué será de nosotros, los ricos? ¿Van a pensar libremente los muchachos y las muchachas jóvenes sobre el sexo? Entonces, ¿qué será de la moralidad? ¿Van a pensar libremente los soldados sobre la guerra? Entonces, ¿qué será de la disciplina militar?
     ¡Fuera el pensamiento! ¡Volvamos a los fantasmas del prejuicio, no vayan a estar la propiedad, la moral y la guerra en peligro!
    Es mejor que los hombres sean estúpidos, amorfos y tiránicos, antes de que sus pensamientos sean libres. Puesto que si sus pensamientos fueran libres, seguramente no pensarían como nosotros. Y este desastre debe evitarse a toda costa.
     Así arguyen los enemigos del pensamiento en las profundidades inconscientes de sus almas. Y así actúan en las iglesias, escuelas y universidades."
                                              
                                                                                 Bertrand Russell, Principles of Social Reconstruction



Y NUESTRAS MÁS RECIENTES OCURRENCIAS...



ESTE BLOG ESTÁ DEDICADO A QUIENES NUNCA "MIRAN POR LA VENTANA" (PORQUE ABANDONEN SU CONFORMISMO Y SU DESIDIA)