sábado, 30 de diciembre de 2017

VOLTAIRE: "CÁNDIDO Y OTROS CUENTOS"




 



Voltaire.
Cándido y otros cuentos.
Selección y nota preliminar: Paulino Garagorri.
Traducción de
Antonio Espina.
Edición: Alianza Editorial, Madrid, 1990.


Leer a Voltaire resulta uno de los ejercicios intelectuales más saludables que se puedan llevar a cabo. Y, además, una auténtica delicia cuando el objeto de la lectura son sus relatos filosóficos. Aunque cultivó una gran diversidad de géneros literarios, el mencionado destaca dentro del conjunto de su obra por su particular interés (que no por su abundancia, pues constituye una ínfima porción de su producción). Se trata de textos, en algunas ocasiones de menos de una decena de páginas y en otras con la extensión de una novela breve, en los que Voltaire emplea el formato de la narrativa de ficción para plasmar sus reflexiones acerca de asuntos de diverso cariz: social, político, teológico, antropológico, psicológico, metafísico,... Siempre con el talante crítico que le definía, adoptando principalmente un tono satírico y empleando el recurso de crear personajes peculiares que, colocados en determinadas situaciones, ofrecen al autor la oportunidad de poner en su boca las ideas que, con afán didáctico, desea transmitir al lector.

En otro lugar de este blog ya comentamos Cándido, sin duda el más célebre de los cuentos filosóficos de Voltaire, el cual aparece aquí recopilado junto con otros cuatro del total de veintiséis que produjera, con un criterio de selección que, en palabras de Paulino Garagorri, responsable de la edición, "elimina los de ambiente oriental y retiene los centrados en la sátira del mundo europeo con transposiciones menos fabulosas. Entre ellos figuran algunos de los más logrados y justamente famosos. La muestra ofrece así un más fácil acceso a la sensibilidad contemporánea y una condensación ideológica que potencia su intención crítica y sus pretensiones racionalizadoras".

En la nota preliminar que abre el volumen, Garagorri nos ofrece una introducción general a Voltaire y su obra, hablando de su papel en la construcción de las ideas ilustradas, ofreciendo un recorrido por su legado literario a través de los distintos géneros que cultivó, y situando al lector ante el género del cuento filosófico.

Y, tras lo anterior, encontramos los relatos que pasamos a comentar uno por uno.

Memnón o la sabiduría humana

Memnón decide un día ser "completamente cuerdo" (propósito que desde el primer momento el narrador califica como "extravagante" y de "locura"), lo cual equivale para él al logro de un completo dominio de las pasiones como vía para la felicidad. Pero a partir del momento de adoptar semejante intención, comienzan a sucederle una serie de desgracias en las que se produce, precisamente, lo completamente opuesto a lo proyectado por el personaje. Voltaire parece querer darnos a entender la imposibilidad de realizar lo que Memnón se ha propuesto, hasta el punto de que puede convertirse en contraproducente, pues "no es posible ser del todo inteligente, del todo sano, del todo poderoso, del todo feliz". La conclusión es que no es cierto, como ciertos filósofos pretenden, que "todo es como debe ser" (tanto esta referencia como la misma idea del personaje de controlar sus pasiones pueden remitirnos, por ejemplo y quizás entre otros que pudiera tener en mente el autor, a Spinoza), sino que el mundo y el ser humano son imperfectos e inevitablemente alejados de ideal ninguno. Como en otros de sus relatos, aquí se refleja un característico pesimismo de Voltaire con respecto a la condición humana.

Micromegas

Dos seres extraterrestres (el Micromegas que da título al cuento es uno de ellos), si bien procedentes de distintos mundos, traban contacto e intercambian impresiones sobre sus respectivas idiosincrasias y las de otros habitantes del universo que han conocido. A través de esta conversación, se refleja la idea de que todo individuo, sea cual sea el alcance de sus cualidades y dones (la finura de su sensibilidad, la duración de su vida,...) siempre va a considerarlo escaso y se va a sentir insatisfecho al respecto. Con ello, al mismo tiempo, se muestra la relatividad de los juicios de esta índole: lo que para unos sería muchísimo, para otros es una nadería inapreciable. Según con quién se nos compare, todos somos al mismo tiempo mucho y poco, grandes y pequeños (es de suponer que de ahí el paradójico nombre de Micromegas). Ambos personajes deciden, a continuación, emprender juntos un viaje a la Tierra. Su contacto con los terrestres, que sirve así al autor para disponer de un punto de vista externo sobre ciertos aspectos de lo humano (recurso habitual en Voltaire el del punto de vista objetivado a través de un personaje que resulta peculiar con respecto al común de la gente; personajes como Cándido, el Ingenuo,...), permite al narrador criticar tales aspectos, como la guerra, que resulta descrita como un acto absurdo, o las polémicas entre las distintas escuelas filosóficas. Esta última cuestión sirve a Voltaire al mismo tiempo para manifestar algunas de sus simpatías (Locke) y antipatías (Tomás de Aquino).

Historia de los viajes de Escarmentado

Escarmentado comienza a viajar desde muy joven y recorre todo el planeta. En todos los continentes y países, sin excepción, descubre que los hombres se muestran crueles debido al fanatismo, la intolerancia, los conflictos religiosos y políticos (todo indica que Voltaire sitúa la acción en el siglo XVI, con el telón de fondo de las guerras de religión que asolaron Francia en ese periodo),... A través de las vicisitudes sufridas por el protagonista, que se acumulan en la narración numerosas y rápidas, aparecen realidades históricas como la matanza de San Bartolomé, la Inquisición española o ciertos personajes que se convierten así en blancos de la crítica directa y explícita del autor. Tras salvar su vida y su libertad por los pelos en múltiples ocasiones, el protagonista, escarmentado como su propio nombre indica, decidirá recluirse en su hogar para llevar una existencia gris pero "la más grata que se puede aspirar en la vida humana". Final que, por cierto, coincide en buena medida con el de Cándido, y que remite a cierto ideal de la Antigüedad, recuperado en el Renacimiento (y encarnado, por ejemplo, por Montaigne) del retiro de la vida pública en beneficio del cultivo de la libertad interior.

Cándido o el optimismo

Para el comentario de este relato, remitimos a la entrada correspondiente de este blog ya citada arriba y que se encuentra aquí.

El hombre de los cuarenta escudos

Se trata de un relato algo extraño: quizás fallido, quizás con cierta calidad de borrador. Aunque mantiene la forma narrativa, la trama es inexistente, siendo el único hilo conductor la presencia a través de todo el relato del personaje cuyo apelativo le da título. A través de ciertas experiencias de éste y sobre todo de sus conversaciones con diversos personajes, Voltaire toca, como siempre de manera crítica, una gran variedad de temas: el sistema de cobro de impuestos en Francia, lo injusto de la desigual distribución de la riqueza, ciertas teorías científicas y filosóficas, los privilegios del clero, los castigos penales, los efectos sociales de las enfermedades venéreas y aun otros más. 

Quisiéramos terminar este comentario con unas palabras de Paulino Garagorri en la nota preliminar al libro, las cuales pensamos que expresan a la perfección lo que nos ha de animar a acercarnos a estos relatos de Voltaire: "Sólo el día en que lo que en ellos se afronta críticamente -la superstición, el fanatismo, la intolerancia- no ofrezcan peligrosa influencia, podrán olvidarse sus ejemplares páginas".



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